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Categoría: educación

El maestro que no falla

No hay mejor maestro que la cruda realidad. Sin importar cómo se le quiera llamar, consecuencias o experiencia, afrontar los efectos directos de nuestras acciones es lo único que nos cambia de verdad. Comprender claramente cómo, lo que hicimos llevó la situación a donde ahora está, es la única manera de realmente aprender.

Nos es lo mismo que le diga yo a un niño “si comes muchos dulces te vas a enfermar” que dejarle comer hasta que se sienta mal. El malestar y la identificación de la causa / efecto de lo que hizo con como se está sintiendo será una mucho mejor lección que cualquier advertencia que se le pueda dar.

Sí, aprender a veces duele y muchas veces quisiéramos evitarle el dolor a los demás. ¿Pero qué pasa si por evitarle el dolor de fallar a alguien lo que estamos haciendo realmente es quitarle la oportunidad de aprender? ¿Será posible que lo único que estamos haciendo al protegerle es privarle de crecer?

La realidad es el maestro que no falla. Si me quemo con la hornilla caliente una vez, difícilmente la volveré a tocar después. A veces nos tenemos que quemar un dedo para después no morir en una llamarada que nosotros mismos decidimos prender.

La realidad a veces duele pero siempre enseña. Evitarle el dolor del contacto con la realidad a alguien es lo mismo que quitarle la oportunidad de aprender, incluso cuando se trata de nosotros mismos.

Motivación y aprendizaje

Van de la mano. Aprendizaje es lo que sucede cuando la persona tratando de adquirir nuevos conocimientos logra comprender. Para que una persona logré aprender debe estar motivada. El aprendizaje es un proceso interno que no se puede lograr por medio de la obligación. El aprendiz debe querer aprender.

Aprender no es lo mismo que tener éxito dentro del sistema educativo. Aprender va más allá de simplemente recitar, sin un entendimiento claro, el contenido de un libro, video o lección. Lograr cumplir con un estándar de acreditación (ganar un examen u obtener un título) se puede lograr sin aprender. Para lograr esto no se necesita motivación.

Esto no es cierto para el verdadero aprendizaje. El verdadero aprendizaje requiere de pasión y curiosidad. Necesita que haya motivación y un fuerte deseo de comprender lo que se está estudiando. El aprendizaje es incómodo y exige cambiar la forma en que se piensa y en que se ve el mundo. Esto es muy difícil y si la motivación no compensa la dificultad, el aprendizaje no será muy efectivo.

Esto no quiere decir que aprender no sea divertido. De hecho, al hacerse de la manera correcta, aprender es una de las actividades que más disfrutan los seres humanos. Ojo, que algo pueda ser divertido y que se pueda disfrutar no quiere decir que por momentos no sea difícil y frustrante. Al contrario, es justamente la dificultad y la frustración lo que lo hace divertido. Y donde hay dificultad y frustración se requiere de un poco de motivación para perseverar.

Aprender no puede ser impuesto. Deba nacer desde adentro y todo lo que nace desde adentro necesita motivación para crecer. La motivación y el aprendizaje van de la mano.

Aprender jugando es mejor

Hace unos días atrás escribí acerca de la gran cantidad de tiempo que he pasado jugando Civilization VI con mi hijo y mi cuñado. Las cosas no han cambiado y hoy volvimos a pasar la mayor parte del día jugando.

Sin entrar en los detalles de cómo funciona el juego quiero relatar cómo Civilization VI ha despertado el interés por la historia, política, ciencia y economía en mi hijo de 11 años.

Realmente no hay nada como aprender jugando. Creo que se aprende más cuando no se “sabe” que se está aprendiendo. Cosas maravillosas ocurren cuando el aprendizaje viene sutilmente disfrazado como algo más. En este caso, como un juego.

Conforme nos hemos ido adentrando en el juego el domino de los conceptos que se presentan como sistemas de gobierno, políticas económicas, estructuras sociales y técnicas de negociación se vuelve necesario para seguir avanzando. Y seguir avanzando es tan divertido que los tres hemos pasado horas de horas leyendo, comprendiendo y aplicando estos importantes conceptos.

También quiero mencionar cómo los círculos de retroalimentación cortos que ofrecen los juegos son importantes en el aprendizaje. Por ejemplo, si dentro del juego elijo un sistema de gobierno que no es apto para mi situación, en un par de turnos me puedo dar cuenta que me equivoqué ya que mi situación no irá para bien. De igual manera, cuando el sistema encaja, el progreso es evidente. Este tipo de retroalimentación rápida cimienta el aprendizaje y los conocimientos de una manera experiencial.

Aprender no tiene que ser aburrido y jugar no tiene que ser “una perdida de tiempo”. Se puede jugar para aprender y aprender jugando es mejor.

Enseñar preguntando

El silencio es un regalo muy difícil de dar. Ver luchar a alguien con algo que le cuesta cuando sabemos que se lo podemos resolver tampoco es fácil. Con razón enseñar es algo tan difícil. Va en contra de las programaciones más arraigadas que tenemos.

La mejor manera de enseñar es por medio de hacer preguntas. Las preguntas estimulan el pensamiento y nos invitan a buscar nuestras propias soluciones. Ante una pregunta las conjeturas, ya sean correctas o falsas, empiezan a desfilar por nuestras mentes. No lo podemos evitar. Es gracias a este proceso que aprendemos.

Un verdadero maestro dejará a su alumno luchar con lo que no sabe. Lo verá con compasión y lo acompañará durante el proceso pero nunca le dará la respuesta pues sabe que dar la respuesta interrumpirá el proceso de aprendizaje. El maestro siempre será un guía y buscará hacer las preguntas correctas que ayuden al alumno a concluir su proceso.

No hay nada más gratificante en este mundo que ver cuando los ojos de otra persona se prenden en el momento en que entiende algo por sí misma —y saber que nosotros jugamos un pequeño rol facilitando su proceso. El momento en que se da esa conexión es mágico. Pero para poder llegar a ese momento es necesario pasar por el calvario de ver a alguien luchar con buscar su propia respuesta.

Para poder ayudar a crecer a los que nos rodean tenemos que estar dispuestos a enseñar preguntando. Y para hacer esto tenemos que destruir nuestra programación que nos lleva a no querer ver a los demás luchar cuando sabemos que les podemos ayudar.

Aprender enseñando

El privilegio de poder enseñar no debe ser tomado a la ligera. Poder contribuir en la transformación de otras personas —esperamos que para bien— es algo que se debe tomar muy en serio.

Ser un buen profesor, maestro, coach o como se le quiera llamar, requiere de una gran cantidad de cualidades. Se debe contar con:

  • Paciencia
  • Sabiduría
  • Empatía
  • Buena comunicación
  • Claridad
  • Conocimiento de materia
  • y mil cosas más

Pero sobre todo, para poder enseñar se debe amar aprender. No se puede enseñar algo que aún no se ha aprendido. “La única manera de garantizar que has aprendido algo es poderlo enseñar”, decía Aristóteles. Una vez más, estaba en lo correcto.

Enseñar es la manera más noble de aprender. Es un circulo virtuoso fenomenal. Siempre y cuando el objetivo sea ayudar lo más posible al estudiante, el maestro estará destinado a crecer. Lo que sucede es que enseñar y aprender no son calles de una sola vía. El verdadero aprendizaje se da cuando hay un intercambio genuino entre dos personas.
Mi sueño es aprender enseñando.

El proceso de aprender (Grilled Cheese)

Creí que no me gustaba cocinar. Puede ser por qué cuando era pequeño y vivía en la casa de mis papás nunca cociné. Tampoco recuerdo haber visto a mis papás cocinar. Siempre fue algo ajeno para mí. El tema es que no tengo casi nada de práctica cocinando. Y hasta hace poco, tenía la creencia de que no lo podía hacer.

Resulta ser que hace un par de meses nuestro hijo desarrolló una afición extrema a los sándwiches “grilled cheese”. Y cuando digo extrema me refiero a por lo menos uno todos los días. Hay días de 3 ó 4 sándwiches. Se cocinan bastantes de estos panes en la casa.

No sé cual sea la receta original pero acá se preparan de la manera más simple posible: 2 rodajas de pan, con 2 rodajas de queso americano en medio, tostadas en un sartén con un poco de mantequilla.

Después de ver la preparación de no sé cuantos sándwiches, un sábado por la mañana, por fin me di a la tarea de preparar un yo mismo. El resultado no fue muy bueno. La verdad es que nunca debiéramos esperar un buen resultado la primera vez que hacemos algo. El mundo no funciona así.

Después de que nuestro hijo vio que hice el intento y no fue nada fatal, lo natural sucedió después. De vez en cuando me empezó a pedir que le hiciera un “grilled cheese”. Y con esto empecé a tener un poco más de práctica preparando los sándwiches. Y cada vez fueron saliendo mejor. Esto es lo que pasa cuando practicamos, no volvemos mejores para lo que sea que estemos aprendiendo.

Así que el proceso de aprendizaje siguió. Cada vez salían mejor tostados los panes. Y así seguí haciendo sándwiches hasta que un día escuché el comentario que nunca creí escuchar. “Tostado perfecto”, decreto el comensal! Parece ser que ya estoy empezando a dominar el proceso de tostar panes para hacer sándwiches “grilled cheese”. Y esto se siente bien. Se siente muy bien. Dominar algo con cierto grado de maestría es extremadamente motivante. Nos sube el autoestima y nos estimula a querer aprender más.

Tanto así que después de una racha ya constante de “tostados perfectos” estoy empezando a ver qué más puedo aprender a cocinar. Así es como crecemos nuestras habilidades. 

Este es el proceso de aprender:

  1. Hacer algo por primer vez.
  2. No desanimarse por qué no sale bien.
  3. Practicar y practicar. Volver a practicar sin desanimarse.
  4. Llegar a dominar lo que se está aprendiendo.
  5. Expandir el conocimiento aprendiendo cada vez más detalles a profundidad.

¿Está muriendo la curiosidad de nuestros niños?

«El poder de cuestionar es la base de todo el progreso humano.» — Indira Gandhi

Un niño típico de 4 años de edad puede hacer hasta 100 preguntas cada día a sus papás. Cuando este mismo niño llega a la educación media, es muy probable que ya no les haga ninguna pregunta. De hecho, la cantidad de preguntas y su curiosidad en general prácticamente ya tienden a 0.

Bastante preocupado por esta situación he estado pensando mucho en cual podrá ser la causa (agradezco mantener aún algo de curiosidad para querer estar pensando en estas cosas!).

También creo que los niños son el departamento de investigación y desarrollo de la especie humana. Es vital que fomentemos cuanta curiosidad y preguntas podamos en ellos para que nuestras futuras generaciones puedan optar tener un mejor futuro.

Ya en este momento, contemplando ya por varios minutos por la ventana, de alguna manera u otra todos mis pensamientos se van directo a mis experiencias en el colegio.

Primero que nada, creo que la educación tradicional recompensa tener las respuestas correctas. No existe recompensa por hacer preguntas importantes. Si traigo a la memoria mi propia experiencia lo que puedo recordar es estar siempre buscando cual era la respuesta que me iba a ayudar a «ganar el examen». Recuerdo tratar de descifrar que es lo que mi profesor quería que pusiera en la hoja. ¿Que recuerdos les vienen a ustedes a la mente?

La segunda imagen que me viene a la memoria es la de mis profesores haciendo preguntas y mas preguntas. ¿Que es lo primero que le pasa a un(a) niño(a) de 4 años que llega por primera vez al colegio? Si no me equivoco, todo empieza con la ceremonia de levantar la mano para poder hacer una pregunta. A mi manera de verlo, esto ya es el primer golpe a la curiosidad espontánea.

¿Luego de esto que ocurre? Si recuerdan su época de colegio, ¿quien hacía todas las preguntas en su salón de clases? Si, el profesor. Desde muy pequeños en el colegio entramos en esta ambiente en donde las preguntas las hace el profesor y nuestro trabajo es estar preparados para dar las respuestas. Se espera que de alguna manera sepamos las respuestas. No cuestionar.

Quiero reconocer que puede ser que yo haya tenido una experiencia muy particular y que la lucha de recobrar mi curiosidad y buscar las preguntas que puedan transformar mi vida sea única. Sin embargo, cuando veo a mi alrededor el mundo en el que estamos viviendo algo me dice que esto pudiese ser una problema mas generalizado. No lo se. Quiero seguírmelo preguntando…

Como calcular la frecuencia de término – frecuencia inversa de documento

La frecuencia de término – frecuencia inversa de documento (TF-IDF) por sus siglas en inglés) es un cálculo utilizado en el área de Machine Learning para poder computar la similitud entre dos documentos. Hay varias maneras de calcularla. A continuación les presento la manera mas fácil que he visto de calcularla con un ejemplo muy simple. Espero que les sirva.

Variables a utilizar:

  • Cantidad de documentos siendo analizados: 64
  • Ocurrencias de la palabra «la» en el documento siendo analizado: 1,000
  • Ocurrencias de la palabra «bruja» en el documento siendo analizado: 5
  • En cuantos de los 64 documentos siendo analizados aparece  la palabra «la»: 63
  • En cuantos de los 64 documentos siendo analizados aparece  la palabra «bruja»: 3

Fórmulas:

  • Frecuencia de Término: la cantidad de veces que aparece una palabra en el documento siendo estudiado
  • Frecuencia Inversa de Documento:    log.  # de documentos totales / 1 + cantidad de documentos donde aparece la palabra

Ejemplo utilizando las variables definidas:

  • Frecuencia de Término  para la palabra «la» = 1,000
  • Frecuencia de Término  para la palabra «la» = 5

Frecuencia de Término:

la bruja
1,000 5

Frecuencia Inversa del Documento:

Para la palabra «la»:

log (64 / 1 + 63 )= 0

Para la palabra «bruja»:

log (64 / 1 + 3) = 4

la bruja
0 4

Una vez que hemos calculado ambos valores tan solo queda realizar la multiplicación de los vectores para generar el TF * IDF

la bruja
1,000 * 0 = 0 5*4 = 20

Así que el TF * IDF de la palabra «la» es 0 y el TF * IDF de la palabra «bruja» es 20.

Es importante notar que este ejemplo tiene el trasfondo de demostrar como este cálculo ayuda a reducir el peso d palabras que son comunes localmente («la») e incrementar el peso de palabras que aparecen escasamente en el resto de documentos siendo comparados («bruja»).

Como utilizar el poder del lenguaje para formar niños mas felices y responsables

Las palabras que una persona escoge utilizar en cada situación que experimenta dicen mucho acerca de la persona. Incluso, la manera en la que la personas va a responder a dada situación está determinada por sus pensamientos. Y sus pensamientos no pueden ser ajenos a las palabras que conforman su vocabulario. En resumen, las palabras que usamos determinan una gran parte de como nos comportamos en el mundo.

Personalmente creo que la responsabilidad es adueñarnos de todo lo que hacemos, tanto para bien como para mal. Estoy convencido que mientras mas nos adueñamos de todas nuestras acciones y de como estamos jugando un papel protagónico en todo lo que ocurre a nuestro alrededor más éxito podemos tener. Es lógico, mientras mas entendemos que efectos tienen nuestras acciones, mas podemos aprender de ellas y cambiarlas para lograr todo aquello que queremos lograr.

Así que acá el punto #1. ¿Cómo podemos usar el lenguaje para formar a un niño mas responsable?

La verdad que es muy simple y la mejor manera de describirlo es con un ejemplo muy relacionado al español.

Cuando un niño pequeño viene y bota un vaso la conversación usual  con los padres va algo así:

Padre: ¿Que pasó?

Niño: Se rompió el vaso

Padre: Ok, no lo vuelvas a hacer

Nótese la respuesta del niño. ¿Ven algo extraño relacionado a la responsabilidad? Vean detenidamente… Claro! Fue el vaso el que se rompió. Yo, niño, no tuve nada que ver con que el vaso se rompiera. Es casi como que si el vaso se hubiera suicidado. El niño de una manera muy subliminal está culpando y desapareciendo de lo que ocurrió. Está evadiendo su responsabilidad.

La misma respuesta en inglés se usa comunmente como «I broke the glass». Nunca se utiliza la traducción literal que es «The glass broke itself». ¿En que idioma hay mas responsabilidad?

Ahora vamos al punto #2. ¿Cómo podemos usar el lenguaje para formar a un niño mas feliz?

De nuevo empiezo con una idea muy personal. Creo que la felicidad depende mucho de la relación que tenemos con nosotros mismos y de como nos vemos a nosotros mismos como personas. Si nuestra percepción de que si estamos bien o no está muy ligada a las cosas que hacemos o los resultados que obtenemos, lo lógico es que nos evaluemos como personas en base a los resultados que logremos. Por ende, que tan felices podamos ser dependerá en gran parte de los resultados que logremos o no tener en las cosas que hacemos.

Imaginemos a un niño de unos 6 años de edad. Regresa a casa del colegio con muy buenas notas y recibe la aprobación de sus padres con comentarios similares al siguiente:

Padres: Hijo, eres el mejor. Estamos muy orgullosos de ti.

El comentario está vinculando el resultado, sacar buenas notas, con que el hijo ES el mejor.

El siguiente mes las notas no van bien y el mismo niño pierde varias clases. El comentario puede ir algo así:

Padres: Estamos muy desilusionados de ti. No esperábamos algo así de ti.

El comentario está desaprobando del niño como tal en base a los resultados que obtuvo. Es evidente por qué de adultos no nos gusta tomar riesgos y fracasar para poder crecer.

Veamos ahora la interacción sugerida al sacar buenas notas:

Padres: Hijo, te esforzaste mucho este mes y lograste tus objetivos. Estamos orgullosos de lo que hiciste este mes.

Y con las malas notas:

Padres: Hijo, este mes no te esmeraste en tus estudios y por eso no lograste cumplir tus objetivos.

El niño sigue valiendo lo mismo para los padres y su aprobación y el amor hacia el como persona no cambia. Se desaprueba de las acciones, que no son el niño como tal, y se hace ver la consecuencia de las decisiones tomadas.

Para cerrar otro ejemplo. Si el niño saca buenas notas se le dice que es inteligente. ¿Que pasa si saca malas notas? El niño asume que entonces no es inteligente. Si esto se refuerza muchas veces, lo mismo le pasará de adulto cuando fracase. Se sentirá como no inteligente y su felicidad por siempre dependerá de los resultados que logre o no logre.

El gran precio que estamos pagando con tantas tareas para nuestros niños

El año pasado tomamos la decisión de cambiar a nuestro hijo, entonces de 5 años, de colegio. Una de las razones principales fue la frustración que identificamos en el ante todas las tareas repetitivas como hacer planas que tenía que hacer durante las tardes. Esto llevó a muchos otros síntomas que interpretamos como perdida de interés en el aprendizaje, como una constante resistencia a querer ir al colegio TODAS las mañanas.

Para hacer corta la historia, se abrió un colegio de metodología Waldorf muy cerca de donde vivimos y sin pensarlo mucho tomamos la decisión.

Vale la pena mencionar que en transcurso de unas cuantas semanas la dinámica y felicidad de nuestro hijo cambió considerablemente. No solo esto, pero sus avances en lectura y escritura (áreas en donde manifestaba mucha resistencia con las planas, etc.) fueron significativos. Es impresionante como al bajar la presión (pienso que los niños no son muy buenos para manejar presión) los resultados mejoraron. Lo atribuyo a que la enseñanza a través del juego le devolvió el amor por el aprendizaje y el descubrimiento de el mundo a su alrededor.

Ayer asistí a una reunión de padres en donde nos dieron una charla de 3 horas sobre la importancia del juego, el desarrollo de la motricidad y la libertad en el ciclo de aprendizaje de los niños. Entendí muchas cosas de las que estaré escribiendo en los siguientes días.

Una de las cosas que más me impacto durante la sesión de ayer fue un video que alguien compartió durante la mañana que muestra de una maneramuy interesante como funciona el sistema educativo tradicional. Se los comparto con la ilusión de que me ayuden a propagarlo a todos los padres y educadores que conozcan para que todos juntos empecemos a hacer un cambio que ayude a nuestros niños a aprender una manera mas sana.