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Categoría: coaching

Lo más dificil es…

… Ver las cosas tal y como son. Muchas veces, ver el mundo tal y como es, es demasiado doloroso. Es entonces que decidimos maquillarlo para no sentir dolor.

Todos experimentamos el mundo a través de nuestros conceptos y de acuerdo a la naturaleza de cada situación, buscamos un significado que encaje con nuestra programación. Así es como maquillamos la realidad y aspiramos a sentir algo que se asemeje a una sensación de seguridad.

Y de todas las cosas que maquillamos, la más difícil de ver directamente es, nuestra auto imagen. No hay nada más doloroso en todo el universo que vivir ese momento en que pasa algo que no encaja con esa imagen que hemos creado de nosotros mismos. El dolor es tan grande que decidimos pelear hasta la muerte por defender nuestra auto imagen.

Alguien nos dice que no les gusta nuestro nuevo peinado. Nos exponemos a una nueva idea que nos hace mucho sentido pero no comulga con quienes creemos que somos. Fallamos en el trabajo y nuestro jefe se entera. Manchamos nuestra camisa antes de una reunión. Alguno de nuestros hijos hace un berrinche en público. Nos toca ponernos traje de baño y no nos vemos como creemos que nos “debiéramos” ver. Etc.

Es tortura. Todo el tiempo estamos tratando de modificar todo lo que sucede a nuestro alrededor (y lo que piensan las demás personas) para que encaje con la maquillada imagen que hemos construido de nosotros mismos. Esto no es vida. No es sano.

Lo más difícil es vernos tal y como somos. Aceptarnos primero, y luego aprender a querernos. Somos como somos, con nuestras fallas y cualidades. En ese sentido, somos perfectos.

Pero en el momento que creemos que tenemos que acomodar el resto del mundo para que nosotros podamos encajar, nos hemos metido en una batalla que nunca podremos ganar.

Eso no es vida.

2 ó 3 cosas que no vas a dejar de hacer (se buscan voluntarios comprometidos)

¿Cuales son esas 2 ó 3 actividades que si hicieras todos los días tu vida sería totalmente diferente? Vale la pena sentarse un momento a pensar en esto.

Puedes empezar el ejercicio identificando las principales áreas de tu vida. No sé, pueden ser cosas como familia, trabajo, crecimiento personal, deporte, salud, hobbies, etc. Algo así. Una vez que tienes estas áreas claramente identificadas busca las 3 con las cuales estás menos satisfecho. He ahí un buen lugar por donde empezar.

Lo más probable es que no estés muy satisfecho con estas áreas de tu vida porque no has trabajado en ellas constantemente. A lo que le prestamos atención crece. Lo que ignoramos se hunde al fondo del mar.

Ahora que ya tienes estás 2 ó 3 áreas de tu vida identificadas encuentra algo, no importa que tan pequeño sea, que si hicieras todos los días, cambiaría completamente tu desempeño en cada una de estas áreas.

Por ejemplo, agarremos el trabajo. Haz la pregunta, ¿Qué es algo que si hiciera todos los días mi desempeño y los resultados que obtengo en mi trabajo serían totalmente diferentes? Puede ser que haya una habilidad que necesitas desarrollar pero que aún no tienes. Pues entonces trabaja 20 minutos todos los días en desarrollarla. O Tal vez las cuentas por cobrar están fuera de control. Pues decide que lo primero que vas a hacer todos los días es sentarte a revisar las cuentas por cobrar y compartirle a tu equipo las principales cosas en las que deben trabajar ese día para acercarse a la meta de ordenarlas. La idea es esa, encontrar aquello en que puedes trabajar a diario, constantemente, hasta que un día de estos que voltees a ver te encontrarás en la cima del mundo.

Con tan solo identificar estas tres áreas de tu vida y comprometerte a que todos los días les dedicarás 15 a 20 minutos a cada una de ellas puedes en cuestión de muy poco tiempo cambiar tu vida. El secreto está en NO dejar de trabajar en ellas pase lo que pase.

Me gustaría mucho que los que tengan un compromiso suficientemente fuerte con querer trabajar a diario para mejorar sus vidas y hayan pensado encesto me compartan en los comentarios qué actividades no van a dejar de hacer.

Causa y efecto: la naturaleza de nuestro universo

Vivimos en un mundo que es gobernado por un set de reglas que son inviolables. Hay una cierta consistencia en todo lo que nos rodea que no se puede negar. Nos guste o no, estamos sujetos a las leyes de causa y efecto.

Entender, y más importante aún, aceptar como funcionan estas leyes es indispensable para llevar una vida plena. No importa si hablamos de logros profesionales o calidad de vida familiar, el no aceptar las leyes fundamentales del universo (realidad) es la limitante más grande que una persona puede experimentar. No se puede operar efectivamente en un entorno sin saber cuales son sus reglas de juego.

La realidad está construida sobre la premisa fundamental de que todo es causado por algo más. Por cada acción hay una reacción. Vivimos en un mundo de causa y efecto. Las cosas son como son. Por crudo que suene, así se comporta la realidad y el universo no tiene ningún tipo de interés personal por nadie. Causa y efecto.

Al COVID no le importó que un emprendedor acabará de abrir un restaurante en marzo del 2020 después de haber invertido todos sus ahorros para lanzar el proyecto. A los terremotos no les importa qué miles de niños inocentes sucumban bajo los escombros que causó. No es que la realidad sea malvada. Las cosas simplemente son.

La naturaleza de nuestro universo es impersonal. A su ves es predecible y se puede llegar a descifrar. Lo único que se requiere para obtener todo lo que una persona pudiera llegar a querer es dejar nuestras expectativas por un lado y aceptar la realidad tal y como es.

La mejor manera de navegar el mundo en el que vivimos es entendiendo y aceptando las leyes a las que estamos sujetos. Entender que la realidad – nuestras expectativas = felicidad es el único camino para llegar a vivir bien.

Esta es la verdadera naturaleza de nuestro universo.

Hacer antes de enseñar

Hay cosas que son tan obvias que ni siquiera se debieran discutir. Pero siento que en estos días lo obvio y el sentido común están tan escasos que mejor peco de hiperbólico y escribo este post.

Hay un viejo dicho que hace las rondas en los círculos de emprendimiento y va algo así, “No le puedes pedir hacer algo alguien que tú mismo no estás dispuesto a hacer.” Una situación muy similar se da con la enseñanza y el aprendizaje.

Para realmente enseñarle algo a alguien más, antes hay que saberlo hacer. Por eso, al momento de buscar alguien que nos ayude a crecer debemos tener cuidado. Hay profesores, coaches, consultores, guías, etc. que prometen la luna pero muchas de estas personas nos son más que charlatanes profesionales. Prometen enseñar cosas que nunca en su vida han comprendido. Ofrecen resultados que ellos mismos nunca antes han logrado. En otras palabras, no han aprendido a hacer antes de enseñar.

Del otro lado de la moneda, sé que muchos de ustedes están interesados en crecer a sus equipos de trabajo. Le quieren enseñar a sus familiares y amigos todo lo que han aprendido. Están interesados en crear un mundo mejor a través de la enseñanza.

A todos ustedes les digo, aprendan a hacer más cosas. Mientras más puedan hacer, más podrán enseñar.

¿Qué vas a dejar de hacer?

Sí, ya sé. Esta no es una pregunta común. Lo que usualmente se escucha por ahí es, ¿Qué vas a hacer? Es totalmente natural. La mente tiene una fuerte convicción de que los resultados llegan a través de la acción. Pero, ¿Y qué si este supuesto no es del todo cierto?

Lo que sucede es que no toda acción lleva a buenos resultados. Resulta ser que solo las acciones correctas llevan a los buenos resultados. Todas las demás acciones previenen o limitan los buenos resultados.

Esto naturalmente segmenta las acciones que se pueden tomar en dos categorías. 1) Acciones que promueven buenos resultados y 2) Acciones que previenen o limitan buenos resultados.

Dado que estas dos categorías son tan reales como la lluvia que estoy viendo caer por mi ventana, es necesario que constantemente se respondan las dos preguntas que propongo a continuación.

Para encontrar y definir las acciones que promueven buenos resultados es importante estar constantemente preguntando, ¿Qué voy a hacer?

Para eliminar aquellas acciones que previenen o limitan los buenos resultados lo mejor que se puede hacer es preguntar una y otra vez, ¿Qué voy a dejar de hacer?

Distintos puntos de vista

Cada uno de nosotros ve el mundo a través de un lente personal e irrepetible. La única manera que tenemos para evaluar lo que sucede a nuestro alrededor es viéndolo con nuestros propios ojos. Por eso es que nos cuesta tanto ver las cosas desde el punto de vista de alguien más. Nos es natural hacerlo.

Nuestras preferencias, valores y miedos determinan si consideramos que algo es bueno o malo. Si yo prefiero al Real sobre el PSG, hoy fue un buen día. Si prefiero al PSG, hoy fue un día malo. Mismo evento, distintos puntos de vista. Nadie tiene la razón objetivamente.

Lo mismo ocurre con las negociaciones. Cada uno de los lados tiene intereses distintos. Estos intereses jamas serán iguales. De lo contrario no tendría que haber una negociación. Por definición, en una negociación hay dos o más puntos de vista distintos. La única manera de llegar a un acuerdo es reconocer que se debe ceder un poco de cada lado. Se debe poner lo correcto por encima de “querer tener la razón”.

Finalmente, no podemos olvidar que para las demás personas la validez de sus puntos de vista es tan fuerte como para nosotros nuestro punto de vista es la última Coca-Cola del desierto.

Afortunadamente no todos pensamos igual y valoramos distintas cosas. Si esto no fuera así todavía todos estaríamos pegándonos unos a otros en las cavernas. Es importante no perder esto de vista y aprender a valorar (qué no es lo mismo que estar de acuerdo) los puntos de vista de los demás.

Esto nos hace más fuertes a todos.

Un buen guía para construir una «buena vida»

Navegar por la vida es muchas cosas. Es emocionante. Es incierto. Por veces es triste. Otras veces duele. Muchas veces es bastante alegre y otras veces es muy confuso. Ahora, con lo que vivir definitivamente no rima, es con fácil. Cómo muchos papás comentan cuando nace su primer hijo(a), hay cosas que no traen manual. Vivir bien es una de ellas.

Entonces, ¿qué se puede hacer para construir una buena vida sin tener acceso a un manual? Hay mil y una cosas que se pueden hacer pero la más eficiente que se me ocurre en este momento es buscar un buen guía.

Un guía nos es más que una persona que tiene la experiencia necesaria para hacer algo bien —y la quiere compartir con nosotros. Que algo no tenga manual no quiere decir que no existan personas que ya hayan descifrado como hacerlo bien. Tener un grupo de ellas a nuestro alrededor hace toda la diferencia del mundo.

Un buen guía es la personificación de quienes queremos ser en ese sublime momento en que estamos viviendo nuestras mejores vidas. Es una persona que objetivamente ha tenido éxito haciendo aquello que nosotros todavía no podemos hacer. Es una persona que ha acumulado tanta sabiduría en su vida que está dispuesta a compartirla con los demás.

Un guía puede ser un familiar cercano, un amigo o una persona que por pura casualidad entra en nuestras vidas. Un buen guía no tiene precio y el tiempo que se comparte con ellos vale oro. 30 minutos con el guía correcto puede cambiar los siguientes 30 años de nuestra vida. No hay duda alguna.

Para cada uno de nosotros, “vivir bien” tiene un significado muy personal. No creo que haya dos personas en todo el planeta para quienes “vivir bien” sea la misma cosa. Al mismo tiempo, es muy difícil imaginar una buena vida que no este fundamentada en sabiduría, generosidad, gratitud y compasión.

Así que sí en este momento estás buscando alguien que pueda guiarte en tu camino hacia tener una mejor vida te recomiendo buscar estas cuatro características en las personas que estés considerando:

  • Sabiduría
  • Generosidad
  • Gratitud
  • Compasión

Las tres dimensiones en que experimentamos nuestras vidas

Adentro de cada uno de nosotros, lo hayamos descubierto o no, hay un testigo por medio del cual experimentamos todo lo que ocurre en nuestras vidas.

Este testigo es realmente quienes somos. Todo lo demás, son construcciones mentales que hemos desarrollado por encima de la pureza de nuestra conciencia durante muchos años.

Este testigo experimenta la realidad en tres distintas dimensiones. Listadas de más “lejanas” a más “cercanas”, las tres dimensiones son: eventos y objetos en el mundo externo, emociones y pensamientos.

Los eventos y objetos en el mundo en el externo son los más fáciles de identificar. Básicamente son todo lo que está más allá de nuestra piel. El mundo físico, las cosas que suceden y las demás personas. Al ser tan obvia de identificar, esta dimensión (mundo físico) es la más fácil de catalogar como ajena a nosotros mismos.

Luego vienen las emociones. En esta dimensión ya estamos lidiando con nuestro mundo interno. Las emociones son todos esos patrones de energía que experimentamos en respuesta a los pensamientos que nuestro cerebro genera. Al vivir en el mundo interno, las emociones ya son un poco más difíciles de distinguir del testigo. Es muy fácil perder objetividad y confundir a nuestro testigo con nuestro estado emocional.

Finalmente hablemos de la dimensión del pensamiento. La distinción entre en el testigo y los pensamientos que ve pasar es muy difícil de hacer, particularmente de una manera consistente. Se requiere de algo de trabajo para poder llegar al punto en que una persona pueda experimentar a su testigo “viendo” sus pensamientos y no sintiendo qué “es” sus pensamientos. El comportamiento natural es que la conciencia (el testigo) se enfoca con tal intensidad en los pensamientos que la persona constantemente confunde su identidad con sus pensamientos.

Recapitulando, todo experimentamos el mundo en 3 dimensiones, todos el tiempo. El mundo físico, nuestras emociones y nuestros pensamientos. Todas las situaciones que experimentamos necesariamente se experimentan en estas tres dimensiones.

Desarrollar la conciencia suficiente para saber que no somos ni lo que nos sucede, ni lo que logramos, ni lo que tenemos, ni lo que sentimos, ni lo que pensamos es una de las actividades más gratificantes y nobles que una persona puede llegar a perseguir.

Tan fácil qué es olvidar

Invertimos tiempo en aprender, en conocer cosas nuevas. Luego utilizamos todos los recursos a nuestra disposición para cambiar nuestros comportamientos y así poder afirmar que estamos aplicando lo que ya hemos aprendido. Y las cosas mejoran, por uno cuántos días. Luego olvidamos lo que hemos aprendido y regresamos a buscar refugio en nuestros antiguos patrones de conducta.

Tan fácil que es olvidar aquello que es nuevo y tanto beneficio trae a nuestras vidas. Los viejos hábitos pesan tanto más que las ganancias que llegan con los nuevos aprendizajes que prontamente descartamos lo recién aprendido.

Aprender no es fácil pero aplicar lo ya aprendido es aún más difícil. Conocer algo nuevo requiere de esfuerzo, cambiar la manera de actuar en base a esa nueva información muchas veces es imposible.

La integración de nueva información, a un nivel profundo, es necesaria para la transformación. Aquella persona que realmente desea empezar a vivir una nueva vida no solo necesita aprender, también debe transformar su manera de actuar. En otras palabras, no puede olvidar todo lo que tanto ha invertido en aprender.

Nueva información, somos nosotros los del problema

Todo el tiempo estamos recibiendo nueva información. Con cada instante que pasa aprendemos algo nuevo. Nada se queda igual y todo cambio que percibimos enriquece nuestra percepción de la realidad. Con cada segundo tenemos más elementos para armar el rompecabezas.

Ahora, con eso dicho viene una pregunta muy importante, ¿Qué estamos cuándo tenemos nueva información? ¿La ignoramos? ¿Pretendemos que no está ahí? ¿Tratamos de aprender de ella? ¿Nos enberrinchamos? ¿La tratamos de entender? ¿La desvalidamos? ¿Tratamos de aprender?

Muy a menudo escucho a muchas personas decir que están “estancadas”. Creo que estar “estancado” es una decisión más que una situación de vida. Si todo en este mundo constantemente está cambiando y todo el tiempo tenemos nueva información, es obvio que si estamos estancados somos nosotros los que no queremos mejorar.