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Categoría: coaching

No todas las derrotas son iguales

Perder crea carácter, y también lo puede destruir. Perder, más que un resultado adverso, es un estado mental. Es sentirse derrotado. Es una elección.

Créanme, uno puede darlo todo y aún así no lograr el resultado esperado. Me ha pasado mil y una veces. Y esto está bien porque incluso en esos momentos, si jugamos con corazón, nos podemos sentir muy orgullosos al saber que lo dimos todo. Así me estoy sintiendo ahora después de una “dura derrota”.

Creo que las derrotas que más duelen no son aquellas en las que casi se gana, son aquellas en las que se sabe que no se entregó todo lo que uno tiene para dar. Son aquellas en las que nos rendimos antes de tiempo. Son aquellas en las que nos reusamos a pelear. Son aquellas en las que nos entregamos antes de siquiera haber empezado. Son aquellas en las que culpamos y no reconocemos nuestra propia responsabilidad.

El resultado final siempre está fuera de nuestro control pero el corazón con que decidimos jugar siempre es algo que podemos controlar. Nadie nos puede quitar la pasión con que realizamos cada lanzamiento y la alegría con que esperamos cada jugada por venir.

Tener el privilegio de competir a alto nivel es algo que se debe honrar. No se debe tomar a la ligera. Las derrotas vendrán, eso nadie lo puede evitar. Lo que sí podemos evitar es sentirnos mal cuando perdamos asegurándonos de que juguemos cada juego con todo el corazón.

No todas las derrotas son iguales. Unas son más amargas que otras e incluso hay algunas derrotas que nos pueden destruir. Por el otro lado también hay derrotas que nos enseñan y nos enseñan a crecer. La buena noticia es que antes de cada partido podemos decidir como queremos jugar y con eso estamos asegurando que si llegamos a perder nos podemos sentir bien porque jugamos con el corazón hinchado de valentía y ganas de luchar.

Vivir sin complicaciones es mejor

La vida no es complicada. El trabajo no es complicado. Las relaciones no son complicadas. Somos nosotros los que complicamos las cosas. Si tenemos la elección, creo que vivir sin complicaciones es mejor.

La vida no tiene intencionalidad y fluye siguiendo su camino natural. Cuando escogemos poner resistencia a este flujo perfecto, las cosas se complican. En cada momento tenemos la elección de resistir o aceptar. Las complicaciones vienen cada vez que elegimos resistir.

El capitán a cargo de un barco que insiste en navegar contra el viento no llega a ningún lugar. Luchar contra el viento es complicado. El capitán que acepta que la dirección del viento no está a su favor y ajusta la vela para poder llegar a puerto, simplifica la situación.
Hay momentos cuando todo se complica y nuestra reacción es decir «las cosas están complicadas». Nos sentimos abrumados y no vemos más que complejidad a nuestro alrededor. Estos momentos son ideales para preguntarnos, ¿A qué me estoy resistiendo? ¿Qué no estoy viendo que está causando este enredo?

Hacernos estas preguntas no implica que decidamos dejar la situación como está. Hacernos estas preguntas nos empodera a soltar nuestros apegos y obtener la claridad necesaria para poder llegar a puerto seguro —de una manera simple y eficaz.

Todos estamos en el mismo barco

Es infinita la soledad y desesperación que podemos llegar a sentir. Cuando nos ensimismamos con alguna situación que no sabemos manejar nos aislamos de los demás y entramos en un abismo en donde creemos que somos los únicos en toda la historia de la humanidad que se ha sentido así.

Las emociones que experimentamos en estas situaciones son varias. Algunas de las más comunes que sentimos son el miedo, la ansiedad, el enojo y la tristeza. Estas emociones llegan a ser tan intensas que olvidamos que somos nosotros los que las generamos y llegamos a creer que nosotros somos la emoción. Se nos hace imposible distinguir entre nuestra identidad y lo que estamos sintiendo. He de ahí que nacen expresiones como “estoy triste” o “me muero del miedo”.

Esta confusión da origen a a la narrativa de que nunca nadie se puede haber sentido cómo nos estamos sintiendo nosotros en ese momento. Después de todo, si cada uno de nosotros es único y al mismo tiempo creemos que somos nuestras emociones, entonces nadie más puede haberse sentido como me siento yo ahora. Mi emoción tiene que ser única.

Afortunadamente esto no es cierto. La verdad es que todos estamos en el mismo barco y es muy bueno tenerlo presente en los momentos difíciles que nos toca vivir. Si estamos en una discusión difícil que nos da miedo hay que recordar que la otra persona también está asustada. Si estamos nerviosos en una entrevista de trabajo por qué negar que el entrevistador también ha de estar nervioso al entrevistarnos. Si estamos bateando en una situación crítica de un juego muy importante y los nervios llegan, qué mejor que recordar que el pitcher esta en las mismas que nosotros.

Nunca estamos solos y nunca estamos viviendo algo que alguien antes de nosotros no haya vivido. En este sentido experiencial no somos únicos. Recordar que pertenecemos a la raza humana y que nuestro dolor es compartido con millones de otras almas en los lugares más recónditos del planeta es reconfortante. Nos hace sentir que pertenecemos a algo más grande que nosotros y que no estamos solos. Cuando vuelva ha llegar el abismo de la soledad, recuerda que todos estamos en el mismo barco.

La prisión que no se puede ver

La palabra prisión convoca muchas imágenes. Puede ser que un persona al escuchar esta palabra visualice a una pantera rondando en una jaula en el zoológico. Otra persona puede imaginarse a Martin Luther King Jr. o a Gandhi escribiendo en su celda. Alguien más puede pensar en Malcolm X. Y otra persona más puede derramar una lágrima al recordar a un ser querido que está tras las rejas.

Todas estas imágenes son fáciles de visualizar. Son muy poderosas. Generan emociones muy fuertes. No conozco a nadie que no le tema a estar en prisión. La idea de perder nuestra libertad es aterradora. Visualizar un prisión no es difícil pero aún así la prisión más maquiavélica de todas, en la que todos estamos prisioneros, simplemente no es visible.

Estoy hablando de la prisión que creamos para nosotros mismos adentro de nuestras cabezas. Las paredes de esta prisión están construidas por nuestros miedos. Estos miedos determinan, al igual que las paredes físicas de las prisiones que ya les mencioné, hasta donde podemos ir.

Si alguno de ustedes no cree en que esta poderosa y sofocante prisión existe tan solo debe pensar en alguien que le tiene miedo a las alturas. ¿Qué tan arriba puede llegar en una escalera? O en alguien que le tiene miedo a hablar en público. ¿Qué tan lejos podrá llevar sus sueños?

Sí, la prisión invisible construida con nuestros miedos es real y está adentro de nuestra cabeza. La buena noticia es que nosotros la creamos y por ende nosotros mismos la podemos destruir.

Como evitar volver a tener un día aburrido en tu vida

Nadie se mueve solo por qué sí. Ya sea cuando nos levantamos por una dona o cuando crecemos para obtener un mejor trabajo, siempre hay un incentivo detrás de cada cosa que decidimos hacer.

No sé por qué sea pero los incentivos muchas veces tienen una connotación negativa. Definitivamente muchas personas los ven como algo malo. Cuando el incentivo esta a plena vista la creencia popular tiende a ser algo como “Esa persona es una interesada porque solo está haciendo X para obtener Y”.

Pues la realidad es que todo lo que hacemos todo el tiempo es para obtener algo. Nadie hace nada solo por qué sí. Algunas personas trabajan para sentir seguridad económica mientras que otras lo hacen para sentirse útiles. Algunas personas comen para obtener energía porque son atletas de alto rendimiento mientras que otras comen para calmar su ansiedad. Algunas personas duermen porque están deprimidas y otras duermen para soñar con lo que van a poder hacer mañana. Algunas personas lloran para chantajear mientras que otras lloran para encontrar las fueras de seguir adelante.

No importa que sea lo que estemos haciendo o dejando de hacer, toda acción necesita de un incentivo para existir. Una de las mejores maneras de llegar a conocernos mejor es de vez en cuando preguntarnos, ¿por qué estoy haciendo esto? ¿Cuál es el incentivo que tengo detrás de esto que estoy haciendo? Las respuestas a estas preguntas usualmente revelan mucho sobre qué es lo que realmente es importante para nosotros.

Este proceso es muy poderoso porque conforme vamos descubriendo los incentivos que alimentan nuestras acciones podemos decidir seguir motivándonos con esos mismos incentivos o simplemente cambiarlos. Cambiar los incentivos que tenemos es una de las herramientas más poderosas que tenemos para encontrar motivación continua en nuestras vidas. Entiende cuales son tus incentivos y no volverás a tener un día aburrido en tu vida, jamás.

pd. Feliz día del niño Chris, que siempre sigas igual de incentivado a alcanzar tus sueños.

Construir nuevas habilidades

El tiempo pasa y nuestros roles cambian. Lo que hoy nos toca hacer definitivamente no es igual a lo que nos tocaba hacer hace tan solo unos cuantos años. Claro está que esto aplica a cada una de las diferentes áreas de nuestras vidas: familia, personal, profesional, hobbies, etc.

Definitivamente que lo que nos trajo hasta acá no nos va a llevar para allá. Lo que en épocas pasadas nos funcionó ya no nos funcionará ahora. El mundo esta en constante crecimiento y si hemos hecho bien las cosas lo que ahora nos toca hacer es más complejo que lo que anteriormente hacíamos. Es así como nos damos cuenta que estamos avanzando —con cada paso que damos se nos exige un poco más.

Cuando alguien empieza a correr se le pide que corra 200 metros y que descanse 100. Luego, después de un poco de entreno se le pide que corra 500 y que descanse 100. Después de varios meses de esto la persona podrá correr 10 kilómetros sin parar. Si esta persona quiere correr una media maratón o quiere correr los 10 kilómetros en menos de una hora el entreno sin duda alguna será otro. Será más difícil, más complejo porque la meta es más grande y la persona ya ha avanzado. Que el entreno le exija más es la evidencia de que ha progresado al punto en que ya puede correr 10 kilómetros sin parar.

Lo mismo ocurre en todo lo que hacemos en la vida. Primero desarrollamos la habilidad de sumar 2 2. Años después aprendemos a derivar y hacer integrales. Primero fundamos una empresa con un amigo y cableamos un par de redes. Años después lideramos un equipo de personas altamente calificadas que están convirtiendo los chats de miles de empresas en puntos de venta digitales.

Cada paso hacia adelante requiere que aprendamos nuevas habilidades. Si no estamos aprendiendo no estamos avanzando y esto es muy peligroso porque no avanzar es cómodo y si no tenemos cuidado puede ser adictivo. Así que hoy te recomiendo que te preguntes, ¿que nuevas habilidades he aprendido en los últimos 3 meses? Si la respuesta es ninguna es hora de despertar y aprender algo nuevo para poder seguir creciendo.

El que busca encuentra

La persona que quiere ver problemas, encontrará problemas. La persona que quiere ver soluciones encontrará soluciones. No importa que estén viendo la misma situación, cada una de ellas obtendrá lo que está buscando.

La mente humana es extremadamente poderosa y cuando se enfoca no hay fuerza en este universo que pueda con ella. Cuando una persona se enfoca en encontrar una solución la encuentra, y lo mismo ocurre cuando se enfoca en encontrar problema.

Por ahí dicen que la actitud lo es todo. Creo que a lo que este dicho se refiere es qué el comportamiento de una persona está 100% determinado por aquello en lo que decide enfocarse. Nos gusta llamarle buena actitud a lo que hacen las personas que se enfocan en cosas positivas. Bueno, y la mala actitud, pues ustedes ya saben…

Cuando estamos buscando algo nos enfocamos. Y cuando nos enfocamos en algo lo logramos. No me cabe la más mínima duda. ¿Quieres cambiar tu vida? Empieza a buscar otras cosas porque el que busca encuentra.

El único paso que importa es el siguiente que debes tomar

Hay silencio a tu alrededor. Los pensamientos corren a mil por hora. Hay tanto que hacer que ni siquiera se te ocurre por donde empezar. El aire es pesado y sientes que la carga te va a sofocar. Mejor toma un respiro profundo y recuerda que el único paso que importa es el siguiente que debes tomar.

Te preocupa una situación que pudiera ocurrir dentro de 6 meses. Durante todo este tiempo te ha resultado imposible diseñar un plan maestro, perfectamente estructurado, que te ayude a prevenir ese desenlace fatídico que no puedes dejar de visualizar. Pues te digo, no lo tienes que resolver todo hoy. Tómalo un paso a la vez. Después de todo, el único paso que importa es el siguiente que debes tomar.

Tu corazón corre aunque lo único que estás haciendo es estar sentado en una silla viendo como tu computadora se traga cada minuto de tu vida. Sin duda alguna pudieras estar más tranquilo, pudieras estar haciendo algo para mejorar tu situación. Pero una vez más has decidido enredarte en un laberinto de infinitas alternativas que hoy no te sirven para nada. Te quieres comer todo el pastel antes de siquiera haberlo sacado de la caja. Esto no te conviene, ya deja de hacerlo. Pon el pastel de regreso en la caja y recuerda que el único paso que importa es el siguiente que debes tomar.

La falacia del tiempo perdido

Siento mucho decirlo pero el tiempo no se puede perder. Una persona no puede “perder su tiempo”. Lo único que puede hacer es usarlo para algo y después arrepentirse de que lo usó para eso. Es a esto lo que usualmente se le llama “perder el tiempo”.

Es muy chistoso porque se habla de perder el tiempo como que si la persona no tuviera nada que ver con lo que pasó. La realidad es otra, la persona claramente decidió utilizar el tiempo para hacer lo que quería. Por ejemplo, alguien tiene un examen al día siguiente y en lugar de estudiar se “enreda” en una maratón de Netflix. Esta persona no “perdió el tiempo”. Lo utilizó justo para lo que quería, ver su serie favorita. Al día siguiente, cuando no sabe qué hacer en el examen, etiqueta la maratón de Netflix como “tiempo perdido”.

Decir que el tiempo se puede perder es lo mismo que decir que no tenemos injerencia sobre lo que pasa en nuestras vidas. Lo que hacemos en cada momento es fruto de lo que libremente decidimos hacer, o no. Claro, siempre podemos ignorar esta realidad pero evadir esta responsabilidad de ninguna manera cambia las consecuencias que nuestras decisiones traen consigo.

Creer que el tiempo se puede perder es un tipo de falacia. Es una creencia falsa que hace mucho daño y genera una cultura de poca responsabilidad. Creo que todos vamos a estar mejor si empezamos a hablar de “tiempo mal utilizado” en lugar de hablar de “tiempo perdido”.

La diferencia entre observar y percibir: Superación de obstáculos

Observar es un proceso directo, crudo. Observar es ver una situación tal y como es. Cuando uno observa tan solo absorbe la información sin juzgarla.

Percibir es es un proceso refinado, elaborado. Percibir es agregar todo él bagaje emocional y las percepciones que una persona tiene a una situación determinada. Cuando uno percibe ve la situación a través del lente de sus experiencias personales y programación —la distorsiona.

Observar es completamente objetivo mientras que percibir es plenamente subjetivo. Observar está más apegado a la realidad que percibir. Una percepción fuerte se siente más segura que observar.

Al momento de querer sobrepasar un obstáculo observar es complementario a percibir. Observar permite ver el obstáculo tal y cómo es sin introducir la distorsión que la percepción siempre trae a la mesa. Percibir suma los miedos, preferencias, anhelos, experiencias e inseguridades de la persona a el obstáculo —hace que la situación se vea ya sea más simple o complicada de lo que realmente es.

Como escribe el autor Ryan Holiday en su libro The Obstacle Is the Way, “El ojo que observa es fuerte, el ojo que percibe es débil. El ojo que observa simplemente ve lo que está ahí, el ojo que percibe ve más de lo que está ahí.”

Esto no quiere decir que percibir sea malo. Al contrario, percibir no solo es bueno, es necesario. Los seres humanos son máquinas de interpretación y constantemente interpretan todo lo que sucede a sus alrededores. Con mucho esfuerzo pueden distanciarse de sus identidades y ver las cosas por lo que realmente son (observar).

El secreto está en tener presente que la percepción es subjetiva y que se puede controlar. Una percepción fuerte ayuda a sobrepasar los obstáculos mientras que una percepción débil es derrotista e inhibe la acción.