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Categoría: coaching

Diferentes papeles: No soy lo que hago

Durante un día normal cada uno de nosotros juega una infinidad de papeles o roles. Podemos ser padres, hijos, hermanos, líderes, seguidores, gerentes, deportistas, profesores y alumnos. En tan solo 24 horas experimentamos la vida desde mil lugares diferentes.

Una persona no puede ser lo que hace. Alguien práctica medicina. No es doctor. En cada momento estamos haciendo algo diferente —jugamos distintos papeles. Incluso, hay situaciones donde jugamos varios roles al mismo tiempo. Pero hay algo adentro de nosotros que no cambia. Es aquello que experimenta cada instante y que está presente en todo lo que hacemos. Le podemos llamar alma.

Este distanciamiento entre “soy” y “hago” es elemental para poder disfrutar la vida. Dejar atrás la confusión entre quién soy y qué es lo que hago es una de las acciones más liberadores y gratificantes que un ser humano puede experimentar. Es el principio del camino hacia la libertad que tan solo se puede obtener al destruir la identidad que venimos construyendo en base a cada cosa qué hemos hecho desde que éramos niños.

El futuro será lo que tu quieres

Hoy eres libre de escoger lo qué quieres hacer. Las decisiones que tomes en este momento determinarán en gran parte el futuro que tendrás mañana. Decisiones difíciles, vida fácil. Decisiones fáciles, vida difícil.

Recuerda, puedes tener el futuro que quieres. Tan solo debes cumplir con dos requisitos:

  1. Tienes que estar dispuesto a pagar el precio completo de lo que quieres lograr para tu futuro y
  2. Tienes que estar dispuesto a pagarlo por anticipado

Si cumples con estos dos requisitos, puedes estar seguro de que tendrás el futuro que quieres. Puede ser que hayan piedras en el camino o que el precio final de tu compra sea un poco más alto de lo que inicialmente creíste. Pero si estás dispuesto a hacer el trabajo, el futuro será lo que tu quieres.

El momento de comprar es ahora. No puedes comprar algo que está en el pasado. Para tener el futuro que quieres no te puedes perder en lo que ya pasó. Tan solo debes voltear a ver hacía atrás para aprender de tus errores y fracasos.

Hoy es el momento de decidir. Hoy es el momento de construir el futuro que quieres tener. Hoy, no mañana, no ayer; hoy. Recuerda que si hoy no tienes ganas de hacer nada, también estás construyendo el futuro que quieres. No hay a dónde escapar.

Nadie quiere patear la mesa

Hoy por la mañana estaba leyendo. Tenía puestos los lentes que solo uso para leer. Me levanté para ver que los gatos en el jardín no estuvieran haciendo algún desastre y pateé la mesa de la sala. Sin zapatos puestos claro. Rompí la pata de la mesa y mi dedo pequeño del pie me duele bastante.

Claro que no quise patear la mesa. Nadie quiere patear la mesa. Al igual que nadie quiere entregar un proyecto tarde o perder un negocio, mi intención era otra totalmente ajena a lo que sucedió.

Probablemente al tener los lentes puestos, algo que no hago cuando estoy en movimiento, calculé mal y según yo no iba a tocar la mesa. De lo contrario nunca hubiera dado el paso. Mi creencia de donde estaba la mesa me engañó. Esta es la única razón por la que di el paso.

Y lo mismo pasa con todo lo que hacemos en nuestras vidas. Solo podemos decidir y actuar en base a lo que creemos que es cierto. Y fuera de casos patológicos, actuamos en base a lo que creemos que será lo mejor. Los errores, fracasos y mesas que pateamos vienen de creencias falsas que para nosotros son reales. Nunca de malas intenciones. Nadie quiere patear la mesa.

Hay que saber escuchar el ruido

La metáfora de “ruido / señal” se usa frecuentemente para hacer referencia a algo que puede distraer o que no es de sustancia; que no es relevante. Por ejemplo, cuando se está buscando información se recomienda saber “distinguir entre ruido y señal”. Es decir, saber diferenciar entre qué información es útil y cual no.

Esta metáfora cada vez se utiliza más y más. Creo que tiene que ver con la infinita cantidad de información que nos bombardea en estos días. No sé. Lo que sí tengo muy claro es que este tema se está saliendo de control y tenemos que tener cuidado. Es importante que dejemos la tendencia de descartar por completo de manera automática cualquier cosa a la que se le refiera como “ruido”.

Es cierto, no todo tiene la misma utilidad y siempre hay cosas que son más valiosas que otras. Pero esto no significa que aquello que sea menos valioso no tenga utilidad alguna. Es como fracasar. Seguro no es tan valioso como tener éxito, pero si lo ignoramos por completo nunca aprenderemos nada. Siempre hay algo de utilidad en todo.

Lo que esto diciendo es que hay que saber escuchar el ruido. Estudiarlo, entenderlo, aunque sea de una manera superficial. No lo podemos descartar automáticamente con los ojos cerrados —¿o debiera decir oídos? Si lo hacemos, nunca podremos saber de qué nos podríamos estar perdiendo.

¿Qué hace falta?

Veo tantas personas luchar con comportamientos que no necesariamente les son beneficiosos. ¿Podrá ser que estos comportamientos se originen por qué algo más les esté haciendo falta? Yo pienso que sí.

Imaginemos un niño que pasa una cantidad de tiempo desproporcionada jugando videojuegos. Lo mas probable es que algo le haga falta y lo esté compensando con el videojuego. Por ejemplo, puede ser que el niño esté extrañando jugar con sus amigos en el colegio o que le haga falta una rutina familiar que perdió por qué alguien se mudó lejos de su casa. Al momento de restablecer cualquiera de estas rutinas, el problema del videojuego desaparecerá inmediatamente.

Lo mismo ocurre con los adultos. He tenido mucha experiencia, tanto personal como a través de otras personas, con la bebida. Creanme, tomar demasiado siempre es un efecto de una carencia interna. Una vez la carencia interna es resuelta, el problema de la bebida desaparece. Lo mismo ocurre con el cigarro, las drogas y otros comportamientos nocivos. Siempre hay algo más que hace falta.

¿Y que son estas cosas que hacen falta? Usualmente son cosas como amor propio, autoestima, motivación, paz, reconocimiento, plenitud, felicidad, etc. Me resulta muy difícil visualizar a una persona que se tenga mucho amor propio auto-destruirse con drogas. No creo que una persona con profunda paz interior recurra a los cigarros para sentirse tranquila. No creo que alguien con un alto grado de motivación tenga problema para hacer ejercicio.

Por ejemplo, puede ser que una persona con sobrepeso y que no puede empezar una rutina de ejercicio esté buscando sentirse parte de un grupo de personas que buscan llevar vidas saludables. A lo mejor es posible que lo que le haga falta es un sentido de pertenencia a aquello que anhela alcanzar.

Esta manera de pensar nos ayuda de tres maneras. Primero, nos ayuda a no juzgar a las personas que tienen problemas cambiando comportamientos destructivos. Segundo, nos da una base sobre la cual empezar a ayudar a alguien que quiere cambiar algún aspecto de su vida. Y tercero, si hay algo que queremos cambiar en nuestra propia vida, nos invita a preguntarnos, ¿Qué es aquello que nos está haciendo falta?

¿A dónde quieres llegar?

Hoy al igual que ayer estas tomando decisiones. Continuamente estás invirtiendo tu tiempo y tu energía en moverte hacia adelante. Todos los días estás tomando riesgos para poder acercarte a algún lugar. Este es el camino de la vida —¿Recuerdas a dónde quieres llegar?

Hay días en que piensas que los riegos que estás tomando y el tiempo que estás invirtiendo son demasiado caros. Estos son los días que te recuerdan que has olvidado hacia dónde vas.

Cuando el por qué está suficientemente claro, podrás aguantar casi cualquier como. Cuando el peso es demasiado grande, el por qué no es suficientemente fuerte. Es momento de fortalecer tu visión. De volver a conectar con el por qué estás haciendo lo que estás haciendo. Debes recordar a dónde quieres llegar. Esto ayudará a que disfrutes tu experiencia por el camino aunque nunca logres llegar a tu destino final.

Sé más fuerte que el acero

El acero es capaz de resistir ante grandes fuerzas. Permanece intacto en condiciones extremas. Muchas personas viven así sus vidas. Son inflexibles e incapaces de adaptarse a lo que sucede a su alrededor. No importa cuánta fuerza les aplique su entorno, no se moverán. Les resulta imposible cambiar su forma de pensar. Les cuesta aprender.

Este comportamiento genera mucho dolor y ansiedad en momentos de cambio o transición. Ellos siguen ahí, sin cambiar, hasta que un día se dan cuenta que quienes siguen siendo se ha vuelto irrelevante para el mundo donde les toca vivir.

Lo que nos trajo hasta acá no nos llevará hacia allá. Lo que funcionó en el pasado puede no funcionar en el futuro. Resistirse ante las fuerzas del cambio puede dar una falsa sensación de seguridad, pero seguir siendo el mismo en un entorno totalmente diferente es un riesgo que no se recomienda correr.

Muchas veces la fuerza es debilidad. La verdadera fuerza está en la vulnerabilidad de poder ver hacia adentro y tener la humildad de querer cambiar. La fuerza viene de ver los miedos más profundos que un ser humano puede sentir y caminar hacia ellos con los ojos cerrados confiando en que todo va a salir bien.

El mundo en que vivimos es cambiante por naturaleza. La evolución es real y el que mejor se adapta sobrevive. No tiene mucho sentido vivir rígidos como un pedazo de acero cuando nacimos para ser maleables como el agua.

En búsqueda de la excelencia

“Somos lo que repetidamente hacemos”, decía Aristoteles. “La excelencia no es un acto, es un hábito”.

¿Qué es lo que repetidamente haces en tu vida?

  • Tener pensamientos que generan ansiedad
  • Rendirte ante tus miedos
  • Enojarte
  • Acomodarte
  • Ignorar todo lo bueno que pasa en tu vida
  • Desconectarte
  • Culpar
  • Descuidar tu cuerpo, mente y espíritu
  • Desarrollar nuevas habilidades
  • Mostrar compasión
  • Enseñar
  • Ser agradecido
  • Apreciar todo lo que tienes en tu vida
  • Ejercitar tu cuerpo, mente y espíritu
  • Aprender
  • Exigirte cada vesz más
  • Reflexionar
  • Tomar responsabilidad

Sin duda alguna algo estás repitiendo. ¿Qué vas a repetir de hoy en adelante?

Las condiciones para ser feliz

Hoy voy a escribir un poco acerca de la felicidad. Quiero que hablemos de manera muy honesta del por qué la mayoría de personas no son felices.

Al preguntarle a alguien si quiere ser feliz, podemos tener por seguro que prácticamente todos nos responderán que sí. Creo que las respuesta es sincera. Casi todas las personas —al menos aquellas sin algún problema mental— quieren ser felices. Sin embargo, hay algo que no pueden ver.

¿Y entonces? Si casi todos quieren ser felices, ¿por qué tan pocos lo logran? ¿Por qué estamos rodeados de tanta tristeza?

Les aseguro que muchos de ustedes van a rechazar la respuesta. Pero es la verdad y aceptarla es el único camino hacia la verdadera felicidad.

No somos más felices porque le ponemos condiciones a nuestra propia felicidad. Por ejemplo, si me dices que lo que más quieres es ser feliz, te voy a creer. Luego te voy a preguntar por qué no eres feliz. “Por qué mi novio me dejó”, me podrías responder. Ok. Osea que lo más importante para ti es estar con tu novio, no es ser feliz. Quieres ser feliz pero solo si tu novio está contigo. No crees que puedes ser feliz sin tu novio. Crees que la felicidad viene de estar con él. Mentira.

Condicionamos la felicidad a tantas cosas. Esta es la verdadera razón por la que hay tan poca felicidad en el mundo de hoy. Sí, quiero ser feliz pero solo si mi novio está conmigo. Quiero ser feliz pero solo si me dan el nuevo puesto de trabajo. Quiero ser feliz pero solo si me dan el aumento. Quiero ser feliz pero solo si tengo el auto nuevo. Quiero ser feliz pero solo si gana mi equipo. Quiero ser feliz pero solo si termina la cuarentena. Quiero ser feliz pero solo si los demás me ven como hábil y capaz. Etc.

La verdad es que nosotros mismos creamos una gran lista de condiciones que se debe cumplir para poder ser felices. Estas condiciones se llaman apegos. Un apego es cualquier cosa que crees que necesitas tener o que debe ocurrir para poder ser feliz. El camino a la verdadera felicidad es dejar ir los apegos.

Cada apego que dejas ir es una condición menos que se tiene que cumplir para que puedas ser feliz. Cuando dejas ir todos tus apegos, no hay nada en este mundo que te pueda impedir ser totalmente feliz. Este será el momento en que habrás llegado.

No habrá un mejor momento

El inicio de grandes proyectos en la vida nos paralizan. Una de las razones por las que postergamos estos proyectos es por qué dudamos si es este el momento correcto para actuar.

Nunca estamos seguros si este es el momento adecuado para empezar una familia o fundar una nueva empresa. No sabemos si mudarnos a otro país ahora o si será mejor esperar hasta el otro.

Y así empezamos a racionalizar miles de historias de por qué este no es el momento adecuado. La realidad es que para estos cambios trascendentales nunca hay un momento perfecto para empezar. Siempre encontramos una excusa de por qué esperar.

Pero estos proyectos que son los que hacen que nuestras vidas sean maravillosas no necesitan de un momento adecuado para nacer. Requieren de un salto de fe. No habrá un mejor momento que hoy para empezar.