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Autor: manoloalvarez

Que lo correcto se vuelva fácil

“Todo lo que es rico hace mal” dice la gente por ahí. La verdad es que usualmente lo placentero y lo fácil en el momento resulta, de alguna manera u otra, dañino en el mediano y largo plazo.

Lo contrario también es cierto. Lo que en el momento es incómodo, requiere de esfuerzo y es difícil de hacer pagará dividendos en el futuro.

Esta realidad nos pone en un predicamento muy complicado. Lo único que podemos experimentar en nuestros cuerpos es lo que está ocurriendo ahora (ya sea algo placentero o algo incómodo). Por el otro lado, el efecto futuro de lo que estamos experimentando ahora tan solo los podemos imaginar. No es tan real y no lo podemos “sentir”.

Por ejemplo, quiero mejorar mi salud y decido ponerme a dieta. Pero ahora estoy en una fiesta de cumpleaños y tengo un delicioso pedazo de pastel de chocolate enfrente. El olor del pastel y la reacción de todos mis sentidos entran en competencia con el ideal intangible de querer estar saludable. Usualmente ganan los impulsos físicos del momento —la comodidad y el placer. Me como el pedazo de pastel.

Es por esto que es extremadamente importante que logremos construir un compromiso muy fuerte con los ideales que queremos sostener en nuestras vidas. Es vital poder cristalizar esa visión de el tipo de personas que queremos de ser. En el momento que el compromiso con esos ideales pesa más que los impulsos físicos del momento, hemos ganado. Entonces, y solo entonces, lo correcto se volverá lo fácil de hacer.

Una buena respuesta al beta

Durante los más de 10 años de existencia de Ubiquo Labs está es la primera vez en que invertimos tanto tiempo y recursos en conocer tan a fondo la necesidad de nuestros clientes. Considero que siempre hemos sido una empresa que escucha pero jamás habíamos profundizado a este nivel.

A pesar de conocer tanta teoría al respecto, nunca me hubiera podido imaginar el nivel de claridad y dirección que 2 meses de estudio profundo pueden generar. La respuesta que hemos tenido a los betas que estamos presentando, los que a su vez fueron creados sobre prototipos basados en hipótesis validadas previamente por medio de entrevistas, ha sido fenomenal.

La presentación de cada beta sigue siendo un nuevo experimento y con cada sesión estamos aprendiendo más. Los futuros clientes están muy entusiasmados y nos están dando retroalimentación que es aún más valiosa que la que obtuvimos en las entrevistas iniciales. El proceso se está desenvolviendo muy bien.

Sé que nada puede garantizar el futuro y mucho menos el éxito de un producto con el cual se está emprendiendo. Tal cosa no existe. Lo que sí sé es que encontramos una solución efectiva a un problema real por la cual el mercado está dispuesto a pagar. Es momento de apretar el acelerador y ejecutar.

El uso del tiempo y la tecnología

Sin duda alguna, la tecnología es algo que, durante todo el trayecto de la historia humana, nos ha ayudado a utilizar mejor nuestro tiempo. La tecnología es la principal razón que nos permite disfrutar las vidas que hoy tenemos. Es el motor detrás de la prosperidad de nuestra civilización.

Y aún así, la tecnología tan solo es una herramienta que amplifica los más profundos deseos humanos. Son estos deseos, lo que determinará no solo el tipo de tecnologías que crearemos, sino que como utilizamos la tecnología que ya tenemos disponible.

Y con esto vuelvo al uso de nuestro tiempo que, para el propósito de este post, es lo mismo que el uso que le damos a la tecnología. En este mundo hiper-conectado en que vivimos hoy nuestra calidad de vida, más que nunca antes, depende de cómo decidimos usar la tecnología y por ende como usamos nuestro tiempo.

Por ejemplo, estamos afuera y tenemos 10 minutos que esperar. ¿Qué escogemos hacer con nuestra conexión a toda la información del mundo? ¿Nos endormecemos con el scroll infinito de las redes sociales o leemos un articulo que nos ayude a crecer?

Nos sentimos quemados de tanto trabajar. ¿Dejamos que nuestra adicción a la pantalla nos mantenga pegados al email del trabajo hasta las 3:00am o streameamos una meditación que nos ayude a dormir mejor? Estamos aburridos y no hay nadie alrededor. ¿Vemos vídeos que se burlan de personas que tuvieron accidentes en YouTube o buscamos un tutorial que nos ayude a desarrollar alguna habilidad para crecer nuestros ingresos? Estamos con sobre peso. ¿Celebramos que ahora es prácticamente inmediato pedir comida chatarra por el teléfono o creamos y seguimos un plan de perdida de peso con una de las más de 1,000 aplicaciones gratuitas que existen?

Las herramientas sin duda alguna están ya disponibles. La más grande pregunta que afrontamos cómo especie es que vamos a hacer con ellas. Los invito a escoger sabiamente.

Es más fácil después de decidir

Tomar una decisión significa descartar todas las demás opciones y comprometerse con la elegida. Es también alinear todas las acciones subsiguientes con la opción elegida. Es decir, decisión = seleccionar una opción + actuar de acuerdo a esa elección.

Una vez se ha pasado por el proceso de tomar una decisión, todo se vuelve más fácil. Por ejemplo, he decidido que voy a escribir un post todos los días. Ya está decidido. Ya no me tengo que preguntar si voy a escribir hoy o no. ¿Escribo aunque sea tarde? ¿Escribo aunque me cueste pensar sobre que escribir? ¿Escribo aunque no tenga ganas? ¿Escribo a pesar del cansancio? Todas estás preguntas son absurdas. Las respondí todas hace más de 200 días cuando decidí escribir todos los días.

Una nueva etapa

Una nueva etapa, ya sea en el mundo profesional o personal, es usualmente detonada por un cambio en la manera de pensar. Algo hace “click” y no hay marcha atrás. Las excusas se desvanecen y con una convicción inquebrantable nos lanzamos hacia el gran vacío de lo desconocido.

La siguiente etapa de tu vida te está esperando. Bueno, está más bien esperando que cambies tu manera de pensar. Mientras sigas viendo el mundo con los mismo ojos, seguirás defendiendo que las cosas sigan como están. No podrás hacer los cambios fundamentales que son necesarios para arrancar la nueva etapa de tu vida.

En términos prácticos, arrancar una nueva etapa tan solo requiere de una decisión. La decisión tan solo se puede tomar después de haber cambiado tu manera de pensar. Muchas veces basta con decir “suficiente” o “ya no más”. Otras veces se necesita un “quiero más de mi vida” o “sé que hay algo más para mi”. Sea la situación que sea, la nueva etapa que te está esperando está justo al otro lado de ese miedo que no te está dejando cambiar.

Aprender versus hacer

Si lees algo en un libro que te serviría y no lo estás aplicando, ¿realmente estás aprendiendo? Esto es algo que me he estado preguntando mucho en los últimos días. Si aplicara un 10% de todo lo que he leído en mi vida, sé que estaría totalmente en otro nivel. Definitivamente he leído bastante más de lo que estoy aplicando —y definitivamente no es por qué lo esté olvidado.

Saber cómo hacer algo y entender por qué funcionan las cosas de cierta manera nunca es suficiente. Tan solo es el comienzo. En realidad existen dos razones principales por las que no llevamos nuestras vidas de mejor manera:

  1. Desconocemos cómo hacerlo mejor. No sabemos.
  2. Conocemos una mejor manera de cómo hacerlo pero no tenemos la fortaleza emocional para poner en práctica lo que sabemos. Nos resulta demasiado incómodo aplicar lo que hemos aprendido. No queremos.

La primer barrera al crecimiento y la superación (el desconocimiento) es fácil de remediar y la gran mayoría de personas la logramos superar. Basta con dedicarle tiempo y cerebro a un tema y, en la gran mayoría de casos, lo lograremos entender. Aprender a nivel intelectual es relativamente fácil.

¿Pero qué pasa con todas esas cosas que ya hemos aprendido y aún así no podemos aplicar? Digamos por ejemplo que, he aprendido todas las técnicas para responsabilizar de manera firme y efectiva a otra persona pero cuando llega el momento de hacerlo, simplemente no lo puedo hacer. No se siente bien hacerlo. Hay una fuerza invisible que me detiene. Tengo el conocimiento pero no la convicción emocional para actuar. Es acá en donde la gran mayoría de personas topamos.

Saber a nivel racional qué cierta acción o decisión dará los mejores resultados no es lo mismo que sentir que eso es el mejor curso de acción. Al final del día los seres humanos, siempre escogemos lo que se siente mejor a nivel emocional. ¿Alguna vez has hecho algo que sabías que seguro no te iba a convenir pero aún así te convenciste de hacerlo? Sí, yo también.

Aprender algo y “saber” tan solo son el principio y nunca son suficientes. Adicionalmente debemos programarnos emocionalmente para actuar en base a lo que hemos aprendido que es mejor. Es la única manera de darle vida y honrar el conocimiento. De lo contrario tan solo estamos haciendo ejercicios inútiles de clonación de información.

Lo que quieres

Y pueden pasar años en los que flotamos a la deriva. Seguimos al pie de la letra la receta que alguien más nos ha programado. No cuestionamos y seguimos el camino hacia ningún lugar. Nos convertimos en víctimas de la inercia.

Esta metáfora, un tanto filosófica, también existe en el mundo del emprendimiento y la gestión. Pueden pasar años en los que trabajamos y trabajamos sin saber realmente qué queremos lograr. Nos ahogamos en un mar de angustias porque simplemente no sabemos qué queremos.

¿Para que tienes a tu equipo de trabajo? ¿Qué quieres que logren? ¿Cómo se ve el éxito para el equipo? Encuentra estas respuestas y luego responsabiliza a tu equipo para que logre lo que la empresa necesita que hagan. Si no lo pueden lograr, tal vez es momento de buscar otro equipo de trabajo.

Acompañado se logra más

La razón por la cual muchos emprendedores no logran objetivos o proyectos más grandes es por qué tratan de hacer demasiado solos. Su instinto usualmente los lleva a tratar de resolver todo por si mismos. Creanme, trabajar así no es una buena experiencia.

Al momento de pensar en un proyecto grande la reacción es casi automática —eso es demasiado para mí, no lo lograré. Es en este momento que se recurre a definir proyectos más pequeños que la persona siente que puede manejar mayormente sola.

Esta manera de pensar nace debido a una pregunta que se ha plantado en nuestras mentes desde que éramos pequeños en el colegio: ¿cómo lo hago? El proceso va así: primero visualizo un proyecto de gran impacto que me entusiasma mucho y que puede cambiar el mundo, luego me pregunto cómo puedo hacer para ejecutar YO TODO el proyecto y finalmente reduzco el proyecto por uno más pequeño por qué me doy cuenta que no puedo hacer todo lo que se requiere para ejecutar el proyecto grande.

Pero al mismo tiempo, vemos proyectos gigantes a nuestro alrededor todo el tiempo. ¿Cómo hacen estas personas para lograrlos? Es simple, después de visualizar su gran proyecto cambian la pregunta “¿cómo lo hago?” por “¿con quién lo hago?”. Esta es una pregunta mucho más poderosa que, aunque requiere de profundos cambios de paradigma para funcionar bien, puede cambiar completamente la vida de un emprendedor y el impacto de los proyectos que logra realizar.

¿Con quién lo hago? es muy poderoso por qué invita a pensar en las mejores personas que pueden ejecutar mejor que nosotros mismos alguna parte del proyecto. Al mismo tiempo nos libera de el agobio de sentir que tenemos que hacer todos nosotros mismos. Nos lleva a crear grandes equipos.

Esta pregunta nos lleva a identificar la capacidad de encontrar ey enrolar expertos comprometidos y profesionales como la habilidad número 1 que todo emprendedor debe tener. De lo contrario no es un verdadero emprendedor.

Es indispensable dejar de pensar en el “cómo” y empezar a pensar en el “con quién”. Personalmente sé que esto es algo que ha limitado el tamaño de los proyectos que he podido manejar. Es por esto que estoy leyendo el nuevo libro Who not How que acaba de publicar Dan Sullivan. El libro está buenísimo y si alguien se siente identificado con lo que he escrito acá puede profundizar mucho más comprando el libro con un gran descuento ($0.99) por tiempo limitado acá:

Cuando no es fácil, vale más

Hacer lo que se debe hacer cuando se tienen las ganas de hacerlo es fácil. Los verdaderos profesionales hacen lo que deben hacer incluso cuando no tienen las ganas de hacerlo. En ellos no pueden nacer las excusas. Esto es lo que hace los hace únicos. Los hace de cierta manera, mejores.

La constancia y compromiso con cumplir, independiente de el nivel de motivación que se pueda tener, es lo que diferencia a las personas exitosas de los demás. Son estas personas, aquellas que logran vencer la comodidad, las que logran llegar más lejos en el camino de la vida.

De cierta manera todo lo bueno que tenemos hoy a nuestro alrededor se ha construido gracias a la perseverancia y tenacidad de unos cuantos. Para poder haber llegado a donde estamos, sin duda alguna, muchas personas hicieron miles de cosas aun cuando no tenían las ganas de hacerlo. ¿Qué mejor manera de honrarlas que nosotros haciendo lo mismo?

Un estándar diferente

Todo empieza con un estándar. El estándar determina quién está cumpliendo y quién no. Es en base al estándar que se decide quién se va y quién se queda. Sin un estándar el rendimiento que se puede esperar es impredecible y la mayoría de veces es bastante pobre.

Un estándar por definición es subjetivo. La persona encargada de definir el estándar —usualmente el fundador o CEO— determinará el estándar en base a su expectativas y sus experiencias personales. Si esta persona no sé a expuesto a estándares altos, su punto de referencia será bajo y estará satisfecho con poco.

Es por esto que es muy importante que cualquier gerente que tenga personal a su cargo se exponga constantemente a estándares diferentes. Que pueda ver lo que otras personas fuera de su organización son capaces de hacer. Que mida sus estándares contra los mejores. De lo contrario, lo que cree que su equipo es capaz de hacer no se podrá comparar con lo que la mejor competencia está haciendo.

A veces creemos que lo que las otras empresas que admiramos están logrando es por arte de magia. Esto no es cierto. Lo que sucede es que ellos tienen estándares diferentes. Tienen estándares más altos y solo trabajan con personas que son capaces de cumplirlos. Esto es lo que hace toda la diferencia en lo que se puede llegar a lograr.