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Etiqueta: familia

Aprender jugando es mejor

Hace unos días atrás escribí acerca de la gran cantidad de tiempo que he pasado jugando Civilization VI con mi hijo y mi cuñado. Las cosas no han cambiado y hoy volvimos a pasar la mayor parte del día jugando.

Sin entrar en los detalles de cómo funciona el juego quiero relatar cómo Civilization VI ha despertado el interés por la historia, política, ciencia y economía en mi hijo de 11 años.

Realmente no hay nada como aprender jugando. Creo que se aprende más cuando no se “sabe” que se está aprendiendo. Cosas maravillosas ocurren cuando el aprendizaje viene sutilmente disfrazado como algo más. En este caso, como un juego.

Conforme nos hemos ido adentrando en el juego el domino de los conceptos que se presentan como sistemas de gobierno, políticas económicas, estructuras sociales y técnicas de negociación se vuelve necesario para seguir avanzando. Y seguir avanzando es tan divertido que los tres hemos pasado horas de horas leyendo, comprendiendo y aplicando estos importantes conceptos.

También quiero mencionar cómo los círculos de retroalimentación cortos que ofrecen los juegos son importantes en el aprendizaje. Por ejemplo, si dentro del juego elijo un sistema de gobierno que no es apto para mi situación, en un par de turnos me puedo dar cuenta que me equivoqué ya que mi situación no irá para bien. De igual manera, cuando el sistema encaja, el progreso es evidente. Este tipo de retroalimentación rápida cimienta el aprendizaje y los conocimientos de una manera experiencial.

Aprender no tiene que ser aburrido y jugar no tiene que ser “una perdida de tiempo”. Se puede jugar para aprender y aprender jugando es mejor.

Civilization 25 años después

Alrededor del año 1,992 recuerdo que pasaba horas seguidas jugando Civilization de Sid Meier. Civilization es un juego para computadora / consola cuyo objetivo es construir y guiar una civilización desde la era antigua hasta la modernidad.

El realismo y complejidad del juego es grande. La atención al detalle que se debe tener en la toma de decisiones tiene que ser muy precisa si se quiere llegar lejos. Las consecuencias y vueltas inesperadas que puede dar el juego en tan solo un par de turnos son dramáticas. Los avances y progreso se mueven poco a poco pero son suficientes para hacer que el tiempo desaparezca por horas a la vez.

Y hoy, 25 años después de que empecé a jugar Civilization 1 en una IBM PC 486 con mi hermano, estoy jugando Civilization 6 para el Nintendo Switch con mi hijo. ¡Cómo ha avanzado la tecnología! Llevamos ya un par de días dedicándole bastante más tiempo al juego del que quisiera admitir. Pero no importa. Nos la estamos pasando muy bien y los dos estamos aprendiendo bastante acerca de civilizaciones antiguas e historia.

El cambio de ritmo y narrativa que Civilization 6 ha traído al uso de los videojuegos en la casa ha sido grande. Particularmente cuando lo comparo con Fortnite. La experiencia de juego ha cambiado de una de aceleración y violencia a una de calma, paciencia y aprendizaje.

Si alguien me hubiera dicho hace 25 años que hoy estaría disfrutando tanto jugar el mismo juego con mi hijo jamás lo hubiera creído. Que alegre seguir jugando Civilization 25 años después.

Recuerdos y agradecimientos de Navidad

Hoy, que estoy celebrando mi Navidad número 44, finalmente me estoy dando permiso de recordar. Conforme he ido avanzando en mi proceso de crecimiento me he podido conectar un poco más con mis emociones, abriendo así, caminos más directos a los recuerdos que de niño formé.

Mi niñez fue, —¿cómo lo puedo decir?— bastante intensa. Puedo recordar Navidades en las cuales hubieron horas llenas de mucha alegría tan solo para dar paso a noches de mucho dolor. Fueron tiempos llenos de mucha incertidumbre que usualmente explotaban en el 24 por la noche.

Conforme fui creciendo me acerqué mucho a un gran amigo que cambiaría mi vida para siempre. Su nombre era Christian. El ya nos dejó pero su espíritu vivirá por siempre en mí. Su situación familiar era muy similar a la mía y en cuanto ambos tuvimos la edad suficiente empezamos a pasar las Navidades juntos en bares o restaurantes. Usualmente estábamos solos los dos rodeados de unos cuantos extraños en situaciones que tan sólo me puedo imaginar, eran muy similares a las nuestras.

Pero desde hace ya 18 años he estado experimentando Navidades distintas, muy distintas. Desde que me casé la familia de mi esposa me ha recibido con los brazos abiertos como un miembros más de la familia. Estoy muy agradecido por eso.

Con particular alegría puedo recordar las últimas 11 Navidades que han pasado desde que nuestro hijo llegó a la familia. Han sido fantásticas y tan sólo puedo decir que tengo lindos recuerdos de cada una de ellas. La gran mayoría de ellas en la casa de Zona 2 en donde si algo nunca falta es la alegría y la felicidad —y tampoco mi arroz favorito.

Así que hoy, justo antes de dormir en esta Navidad, agradezco mucho a mis papás, a Christian, y a cada uno de los miembros de mi nueva familia por los inolvidables recuerdos que cada uno me ha regalado en algún 25 de Diciembre de mi vida.

A la luz de la vela

Al día de hoy he escrito más de 700 artículos. Este es el primero que escribo a la luz de una vela. No lo estoy haciendo por elección. No hay electricidad acá en la casa. Hace unos minutos algo explotó afuera. Ya pronto me enteraré de qué fue lo que pasó.

Para mientras seguiré disfrutando del silencio y la obscuridad. Hay una tranquilidad ensordecedora que se pasea por toda la casa en la ausencia de la electricidad. Debo decir que la ausencia de electricidad solo es relativa. Estoy escribiendo en la laptop (que afortunadamente estaba cargada), mi teléfono también está cargado (y me da acceso a Internet) y el iPad de mi hijo está funcionando con una batería móvil.

La manera en que estoy escribiendo también es diferente. Para empezar solo tengo IA Writer abierto. Todas las demás aplicaciones están cerradas. Quiero que la batería de la laptop me dure lo más posible. También, en lugar de configurar la luz de mi oficina a cierta tonalidad con un app, estoy viendo una vela titilear. No tengo música puesta y puedo escuchar el sonido de unos grillos que jamas antes había escuchado por acá.

La cena también fue diferente. Me gustó que todos comimos juntos por una vez. Debo reconocer que no es algo que hagamos muy seguido. Fue muy divertido y a aprovechamos para ponernos al día. El ritmo de la comida fue bastante más pausado de lo usual. Muy agradable.

Quin lo diría, pero ahora que leo lo que estoy escribiendo, hasta me atrevería a decir que me estoy disfrutando el apagón. Estoy seguro que un par de días más de esto y me volvería loco. Se los puedo garantizar. Pero por ahora voy a conectar la laptop al Internet del celular y publicar este post. Les escribo otra vez mañana.

Alto rendimiento

Pareciera que el tiempo se detiene. Lo hombros se tensan y la respiración se acelera. Toda el peso del mundo está sobre tus hombros. No hay mirada en este mundo que no esté sobre ti. Decir que hay presión es poco. Ha llegado el momento de la verdad.

Todos esos años de entreno, sacrificio y dedicación pasan en un instante frente a tus ojos. Sabes que estás preparado y no vas a dejar que nadie te quite lo que has venido a reclamar. Sabes que este es tu momento y no estás dispuesto a fallar.

Por un instante la competencia deja de existir y lo único que puedes visualizar es el objetivo. Pocas personas en el mundo pueden alcanzar el nivel de concentración y enfoque que tu puedes lograr. Nada te puede distraer. La intensidad que hay en cada fibra de tu cuerpo pudiera detener un huracán. Has venido a “ganar”.

Sabes bien que el resultado no importa. Toda tu vida has trabajado en dar lo mejor de ti sin importar el resultado. Entiendes bien que la única persona a la que le debes responder eres tú mismo. Nadie más en este mundo importa. Esto es lo que te hace tan peligroso a la hora de competir. Estás luchando para ti. No por alguien más.

Poco a poco vas subiendo de nivel y con cada paso vas construyendo una mejor versión de ti. Te estás convirtiendo en un verdadero atleta de alto rendimiento y con eso en una persona excepcional. Estoy orgulloso de ti.

Armar rompecabezas

No sé cuántos años han pasado desde la última vez que armé un rompecabezas. Hace unos cuantos de días Elena tuvo la genial idea de comprar un par y los empezó a armar.

Su iniciativa está poco a poco ganando tracción acá en la casa —por lo menos conmigo. Christian está empezando a mostrar un mínimo interés. Hace unos momentos empecé a armar el segundo ya que el primero lo terminamos de armar un par de días atrás.

La experiencia de armar un rompecabezas tiene un aspecto casi hipnótico. Es como entrar en un pequeño trance. No sé si se deba a lo diametralmente opuesto que se siente el proceso versus estar enfrente de pantallas digitales todo el día pero que bien se siente.

Hoy empecé a armar el segundo rompecabezas y hasta que un pequeño dolor en mi espalda me trajo de vuelta a la realidad estuve “perdido” clasificando todas las piezas de la orilla. Una vez “regresé”, las ganas de terminar la orilla antes de finalizar la sesión le ganaron al dolor. Y seguí adelante. Un momento después llegó Elena a ayudar y avanzamos más rápido. Terminamos la orilla!

Estoy viendo un nuevo interés nacer en mí. Todavía no le he dedicado suficiente tiempo para identificar de una manera precisa que es lo que tanto me está gustando pero sé que hay algo ahí. Voy a seguir despejando mi mente con este nuevo hobby y sin duda alguna lo voy a empezar a hacer en lugar más cómodo. Ahorita ya estoy pagando el precio con todo e intereses!

El proceso de aprender (Grilled Cheese)

Creí que no me gustaba cocinar. Puede ser por qué cuando era pequeño y vivía en la casa de mis papás nunca cociné. Tampoco recuerdo haber visto a mis papás cocinar. Siempre fue algo ajeno para mí. El tema es que no tengo casi nada de práctica cocinando. Y hasta hace poco, tenía la creencia de que no lo podía hacer.

Resulta ser que hace un par de meses nuestro hijo desarrolló una afición extrema a los sándwiches “grilled cheese”. Y cuando digo extrema me refiero a por lo menos uno todos los días. Hay días de 3 ó 4 sándwiches. Se cocinan bastantes de estos panes en la casa.

No sé cual sea la receta original pero acá se preparan de la manera más simple posible: 2 rodajas de pan, con 2 rodajas de queso americano en medio, tostadas en un sartén con un poco de mantequilla.

Después de ver la preparación de no sé cuantos sándwiches, un sábado por la mañana, por fin me di a la tarea de preparar un yo mismo. El resultado no fue muy bueno. La verdad es que nunca debiéramos esperar un buen resultado la primera vez que hacemos algo. El mundo no funciona así.

Después de que nuestro hijo vio que hice el intento y no fue nada fatal, lo natural sucedió después. De vez en cuando me empezó a pedir que le hiciera un “grilled cheese”. Y con esto empecé a tener un poco más de práctica preparando los sándwiches. Y cada vez fueron saliendo mejor. Esto es lo que pasa cuando practicamos, no volvemos mejores para lo que sea que estemos aprendiendo.

Así que el proceso de aprendizaje siguió. Cada vez salían mejor tostados los panes. Y así seguí haciendo sándwiches hasta que un día escuché el comentario que nunca creí escuchar. “Tostado perfecto”, decreto el comensal! Parece ser que ya estoy empezando a dominar el proceso de tostar panes para hacer sándwiches “grilled cheese”. Y esto se siente bien. Se siente muy bien. Dominar algo con cierto grado de maestría es extremadamente motivante. Nos sube el autoestima y nos estimula a querer aprender más.

Tanto así que después de una racha ya constante de “tostados perfectos” estoy empezando a ver qué más puedo aprender a cocinar. Así es como crecemos nuestras habilidades. 

Este es el proceso de aprender:

  1. Hacer algo por primer vez.
  2. No desanimarse por qué no sale bien.
  3. Practicar y practicar. Volver a practicar sin desanimarse.
  4. Llegar a dominar lo que se está aprendiendo.
  5. Expandir el conocimiento aprendiendo cada vez más detalles a profundidad.

8 horas sin electricidad

La tormenta llegó sin previo aviso. De pronto el cielo se tornó negro y el viento empezó a soplar. La temperatura bajó de golpe y el agua empezó a azotar las ventanas.

La repentina obscuridad que llegó con las nubes empezó a ser penetrada por ráfagas de luz. Había una tormenta eléctrica justo encima de nosotros. Y entonces ocurrió. Otra ráfaga de luz acompañada por un ensordecedor estruendo estremeció toda la casa. Un rayó cayo a no más de 500 metros de donde estábamos. Había llegado el apagón.

No sé si sea por tantas experiencias que tuve de niño pero por alguna razón pude reconocer, al instante que escuché el rayo, que el apagón iba a ser largo. 8 horas después estaría confirmando mis sospechas.

La tarde transcurrió y a diferencia de los gatos que viven en la casa, que ni cuenta se dieron que no había electricidad, nosotros nos tuvimos que acoplar. Tuvimos que cambiar nuestra rutina y buscar otras cosas que hacer —que dependientes nos hemos vuelto del Internet!

Nos volteamos hacia varios juegos de mesa que tenían algunos meses de polvo pero estaban listos, como siempre, para la acción. El tiempo transcurrió y de ser dos en la casa pronto pasamos a ser tres. Qué felicidad!

La tormenta se fue tan rápido como llegó pero la falta de electricidad no nos dejaba olvidar el rayó que horas antes apagó todos los grandes logros del mundo moderno pero que nos volvió a conectar.

Fueron 8 horas diferentes, agradables. Qué poco necesitamos para pasarla bien! Fueron 8 horas que nos dejaron recordar que todo el tiempo tenemos lo que mas queremos cerca de nosotros. Nos tenemos a los tres.

Mas que un juego

132 días después de que el baseball hubiera empezado normalmente, hoy finalmente llega el día. Esta noche regresa la MLB.

Los últimos meses han sido difíciles para todo mundo. Y esto es pintar la cosa de color rosa. La gran mayoría de personas hemos estado batallando con dificultades económicas, cambios fuertes de rutina, problemas de salud, cambios laborales, aislamiento y tantas cosas más.

Pero a partir de hoy, por un breve momento cada día, podremos dejar toda esta carga tan pesada por un lado y volver a soñar con que nuestro equipo llegue a jugar en el “clásico de otoño”.

Hoy los adultos veremos jugar de nuevo a nuestros jugadores favoritos. Hoy nuestros hijos volverán a tener la oportunidad de ver a sus super héroes en acción.

Y hoy no solo tendremos la alegría de ver baseball. Hoy podemos soñar con pronto volver a jugar nosotros mismos. Soñar con una vez más ver a nuestros hijos jugar también. El baseball es mas que un juego.

También hoy es momento de agradecer. El baseball nos ha dado tanto en nuestras vidas. Nos ha dado alegrías, tristezas, emociones, salud, fortaleza física, disciplina y constancia. Particularmente en nuestra familia, durante estos últimos 4 meses, el baseball nos ha regalado un refugio y una chispa de alegría en los ojos de nuestro hijo. Gracias baseball!

Sí, el baseball es mas que un juego. Es una tradición. Es una manera de vivir la vida. Es nuestra forma de compartir. Es familia, amigos y nuestra gran ilusión. Es el deporte amado que siempre llevamos en el corazón.

El viejo que sabía de donde venían los fantasmas

Era un fin de semana como cualquier otro y parece ser que los eventos ocurrieron un domingo cerca de Semana Santa.

Como pocas veces sucedió, tres generaciones de la familia compartieron bajo el mismo techo. Un poco antes de la comida el abuelo empezó a explicarle a uno de sus nietos por qué no debía tenerle miedo a los fantasmas.

La explicación usual que se le da a los niños va algo como “los fantasmas no existen” o “los fantasmas son las almas de las personas que ya murieron y nos quieren visitar”. Pero la explicación que el viejo abuelo estaba por dar era muy diferente a esto. El realmente sabía que son los fantasmas y de dónde vienen.

“Cuando yo tenía tu edad”, le dijo a su nieto de 9 ó 10 años de edad, “había guerra y muchas personas murieron a mi alrededor. Realmente no podíamos salir mucho y no teníamos oportunidad de jugar. Lo único que podíamos hacer era escaparnos algunas noches a jugar pega pega en el cementerio detrás de la casa de mis papás.” Como es evidente al leer estas palabras, el viejo era muy directo y le pintaba la realidad de una manera bastante cruda a aquellos a su alrededor.

“Cuando corríamos entre las tumbas con todas nuestras fuerzas, podíamos ver los fantasmas levantarse de la tierra”, dijo aquel viejo antes los ojos incrédulos del niño que no lo podía creer.

La sinceridad y amor en la voz del abuelo le daba mucha seguridad al niño y aunque la historia pareciera aterradora, el niño quería saber más. “¿Y que hacían los fantasmas después de salir de la tierra?”, le preguntó.

“Nos perseguían, por supuesto”, fue la respuesta. “Mientras más rápido corríamos, más se pegaban a nosotros los fantasmas. No los podíamos dejar atrás.” Esto ya no le gustó al pequeño niño y se empezó a asustar. El miedo en sus ojos conmovió al viejo y en ese instante decidió terminar la historia y revelar su gran secreto.

“Pero no te preocupes”, le suplicó al niño con un ternura que nunca antes se había escuchado en su vos, “ahora te voy a decir de donde vienen los fantasmas”.

“Cuando las personas mueren y son enterradas, sus cuerpos se descomponen y con el tiempo sus huesos liberan algo que se llama fósforo. Claro, el fósforo es fosforescente y brilla en la noche. Cuando nosotros, o cualquier otra persona corre en un cementerio, el aire que generamos levanta ese fósforo en nubes fosforescentes que son lo que llamamos fantasmas y naturalmente nos siguen por qué mientras más corremos, más aire generamos.”

Este viejo realmente sabía de dónde vienen los fantasmas. Del la luz que emite el fósforo de los huesos de los difuntos. Hace mucho sentido.

Nunca nadie sabrá si aquel niño llegó a comprender realmente lo que su abuelo le explicó aquel domingo. Pero para mi, que ese día escuché a mi papá contarle esa historia a mi sobrino, me quedó clarísimo de donde vienen los fantasmas.