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Autor: Manolo Alvarez

Creo que…

Hay días en que me pregunto si estaré solo o si habrán millones de personas allá afuera que comparten mi sentir. Pareciera ser que a pesar de estar en medio de tanta gente estoy rodeado por paredes invisibles que me alejan de los demás. La sensación de exilio es bastante real.

Ya no sé si aún habrá algo de todo lo que pienso que tenga sentido alguno. No sé si es mi manera de ver el mundo la que está torcida o es el mundo en sí el que está perdiendo la cordura. ¿Seré yo él loco o estarán locos todos los demás?

Creo que ser feliz es una decisión y que no hay nada en este mundo que pueda quitarnos esa decisión.

Creo que enseñar es la mejor manera de aprender.

Creo que la vida no es fácil pero que tampoco es difícil. La vida es un experimento que se debe disfrutar, eso es lo que no podemos olvidar.

Creo que la libertad y la confianza pueden lograr más que la fuerza y la cohersión.

Creo que la responsabilidad es el camino más directo a la felicidad.

Creo que mientras menos necesitamos de los demás, más los podemos apreciar. Nadie puede apreciar a aquel del qué se siente dependiente.

Creo que los sueños que nos evaden se nos escapan por el miedo que tenemos de llegarlos a alcanzar.

Creo que hablar es más fácil que hacer —pero hacer no es es tan difícil cuando se tiene un poco de convicción.

Creo que la gran, gran mayoría de personas son buenas.

Creo que todas las personas usualmente tienen buenas intenciones.

Creo que los caminos de la persistencia y la perseverancia nos llevan a un reino lleno de libertad.

Creo que el mundo es maravilloso y que todo lo que nos hace falta para poderlo disfrutar es quitarnos las vendas que alguien más nos puso sobre los ojos cuando éramos muy pequeños.

Y finalmente, creo que voy a estar escribiendo más seguido.

¡Qué bien se siente escribir!

Estamos dormidos y el abecedario nos lo puede demostrar

A,b,c,d,e,f…. Todos nos lo sabemos de memoria. La N va después de la M y la Z lo termina todo. Antes de la Q va la P. El abecedario es cómo es y así funciona bastante bien. Pero…

Quiero que se tomen un par de minutos y que se imaginen que por alguna razón tuviéramos que cambiar el orden de las letras del abecedario. Quédense conmigo, solo es un experimento mental.

¿Qué tanto esfuerzo tendríamos que hacer como sociedad para institucionalizar un nuevo abecedario con las mismas letras solo que en diferente orden? Creo que nos llevaría al menos unas cuantas generaciones lograr el cambio. Mi impresión es que sería un esfuerzo titánico.

Ahora, visualicen la R después de la G. Véanla en su mente. Si son como la mayoría de personas, tan solo pensarlo les genera una fuerte reacción. “La R no vea después de la G. La R va después de la Q y después de la G va la H”, se están diciendo muchos de ustedes. “La R simplemente NO va después de la G”.

Pero la realidad es que las letras del alfabeto no están en el orden que las aprendimos por una razón práctica en particular. El orden es mayormente aleatorio. Una casualidad. Algo que a alguien se le ocurrió. Después todos nos pusimos de acuerdo en que eso estaba bien y empezamos a cantar al unísono:

Y así, durante miles de años el proceso se repitió. Una persona le enseñó el orden a otra. Y el a,b,c se fue propagando por todo el mundo. El a,b,c se volvió en una forma de vida. Se volvió nuestra incuestionable realidad.

Tener este orden (pero en realidad cualquier otro orden hubiera funcionado) es una de las cosas más maravillosas que el ser humano ha descubierto porque nos ha permitido comunicarnos de manera escrita. No estoy discutiendo eso.

Lo que quiero decirles es qué tenemos que pensar. Estamos dormidos. Aceptamos todo tal y como nos lo dicen. No cuestionamos. Nuestros padres, maestros, amigos, guías espirituales y la sociedad nos dicen cómo “son” las cosas. Pero muchas veces las cosas no son como nos dicen que son y eso nos causa mucho sufrimiento en nuestras vidas. Les digo esto porque quiero que haya menos sufrimiento en el mundo.

Al igual que resulta casi imposible ver la R después de la G, hay tantas otras cosas que no podemos ver de manera distinta porque siempre hemos creído que así son. Así nos las enseñaron.

Pero, ¿Y qué tal si hay cosas en nuestras vidas que realmente pudieran funcionar mejor si tan solo las ordenáramos de otra manera?

Cuestionalo todo. TODO.

730 posts en 730 días: lecciones aprendidas, misión cumplida

Hace exactamente dos años empecé un experimento. Como sucede con todo experimento, no sabía qué iba a pasar. Ni siquiera sabía si lo iba a poder terminar. El camino se veía largo y para ser totalmente honesto, algo tenebroso.

Pues bien, acá estoy hoy aún de pie, un 7 de Mayo 2022, para compartir los resultados de mi experimento y todo lo que aprendí escribiendo 730 posts en 730 días.

La verdad es que hay muchas cosas que aprendí. Algunas son acerca de mí. Otras son cerca del proceso de cumplir una meta grande y ambiciosa. También aprendí acerca del arte y disciplina de escribir. Finalmente, también aprendí qué en el Internet hay mucha gente buena que está buscando mejorar sus vidas. Es un gusto poder interactuar con cada uno de ustedes.

Sí, este experimento dejó muchísimos aprendizajes, valió mucho la pena haberlo hecho.

Saben, cuando una está parado ante una meta grande, que incluso puede llegar a verse cómo inalcanzable, hay cierto temor que surge en lo más profundo del corazón. Aprendí qué es este miedo, y no la dificultad de lo que estamos por empezar a hacer, lo que muchas veces nos detiene y mata nuestros sueños.

Estas metas ambiciosas son las que transforman nuestras vidas. Creanme, estoy tan lejos de ser la misma persona que era hace dos años cuando empecé esto que hay aspectos de quién era que hoy ya ni siquiera puedo reconocer.

Perseguir proyectos grandes nos transforma. Para poderlos lograr tenemos que cambiar. Nos tenemos que convertir en el tipo de persona que los puede hacer. Proponernos este tipo de retos es transformacional. No es lo más cómodo del mundo pero siempre es un esfuerzo que paga los mejores dividendos. Al final, no importa si logramos el objetivo, el proceso siempre nos transforma. Eso es lo importante.

Todos los proyectos, sin importar qué tan grandes, largos o complejos sean, se pueden segmentar en pequeños pasos que son realizables. La única manera de talar un bosque es cortando un árbol a la vez. No te intimides por el bosque, siempre manten tu vista en el árbol que tienes enfrente. Como a menudo me dice una muy buena amiga, la meta se tiene que sentir incómoda e inalcanzable, tu siguiente paso siempre se debe sentir cómodo y fácil de lograr.

Lo más difícil es el principio. Romper la inercia es lo más duro. Después de unos cuantos meses uno empieza a cambiar. Las habilidades se empiezan a desarrollar. El momentum empieza a jugar favor y lo que una vez era difícil se empieza a sentir, con cada día que pasa, un poco más fácil. Con cada 24 horas que pasan, la fortaleza interna crece. Los obstáculos empiezan a desaparecer.

No hay nada más poderoso que la convicción. Cuando una persona está convencida de que quiere lograr algo, no importa cuántos fracasos encuentre en el camino, eventualmente logrará su cometido. Durante estos 730 días tuve días en que “la vida”, e incluso “la muerte”, quisieron jugar en mi contra. La convicción de querer lograr completar el experimento fue lo único que me permitió llegar hasta el final.

Escribir es algo que realmente me apasiona. Esta fue una de las principales hipótesis que quería probar cuando empecé este experimento. Desde los días que me sentaba a lamentar acerca de mi vida por medio de escribir obscuros poemas o las letras para las canciones de Kalhua, siempre me he sentido muy inspirado al momento de escribir. Hoy puedo decir que me considero un escritor, que lo hago bastante bien y que el siguiente paso es empezarlo a hacer de manera profesional.

730 días, 2 años, es una larga cantidad de tiempo. Se pueden aprender muchísimas cosas en un período de tiempo tan largo. Me llevo muchísimos aprendizajes más de los que les he compartido hoy. Creo que este post no es el lugar para compartirlos todos. Este es un día para festejar.

Hoy me llevo un Manolo cambiado, un Manolo mucho mejor. Un Manolo que sin duda alguna va a seguir escribiendo todos los días aunque de una manera diferente. Lo más probable es que no siga publicando todos los días.

Tengo la idea de trabajar sobre el material que ya he generado para hacer un libro. Esto requiere de un tipo de trabajo diferente que no involucra publicar todos los días. También quiero trabajar en mejorar el blog y hacer que los más de 1,000 posts que ya he escrito estén organizados de mejor manera y que el contenido sea más fácil de encontrar.

Finalmente quiero trabajar en hacer que mis ideas le lleguen a mucho más personas y eso implica aprender a utilizar mejor las redes sociales y la publicidad en linea. Así es que no se preocupen si mañana no ven un nuevo post. Todo está bien, solo estoy probando algo nuevo. Algo diferente. Algo un poco más ambicioso.

A todos ustedes que han estado leyendo todos los días, un millón de gracias por haberme acompañado en este proceso. Sé que todo crecimos mucho juntos.

Gracias.

Para algunos, el dinero no lo es todo

Hace unos momentos estaba leyendo un poco de noticias. Como es de esperarse, dentro de mi feed de noticias hay bastante contenido deportivo (baseball).

Entre todos los resultados del día, comentarios sobre el rendimiento de ls jugadores y mucha especulación, hubo un encabezado que me llamó mucho la atención: “José Ramírez deja millones sobre la mesa para quedarse en Cleveland”.

Aunque no es común, muy de vez en nunca hay jugadores que firman contratos “amigables” para el equipo porque les gusta el equipo en el que juegan. Hay veces que la relación con los fans es muy buena. Otras veces los jugadores se sienten muy bien con los entrenadores y la organización. Hay veces que la decisión de dónde firmar no se toma principalmente por el dinero.

El caso de Ramírez es especial. Él es uno de los mejores bateadores de toda la liga y es esperaba que manejaría un contrato por arriba de los 200 millones de dólares. Cómo se puede ver en la imagen del post, firmó por $150 millones con Cleveland.

Hay un par de cosas que hacen que el intercambio entre Ramírez y los Guardians sea tan especial:

  1. Los Guardians fueron transparentes con Ramírez y le dijeron que aunque les gustaría que se quedara a jugar con ellos no tienen el presupuesto para pagarle lo que saben qué él vale.
  2. Ramírez les respondió que que su vida sería básicamente igual si gana $150 millones ó $200 millones y que prefiere tener $150 millones en Cleveland que $200 millones en otro lado

Es cierto que los montos que manejan estos atletas elite son monstruosos y que son cantidades de dinero absurdas. A mí ni se me ocurre que haría si tuviera tanto dinero. Es más que suficiente para que cualquier persona y sus siguientes x generaciones puedan vivir muy bien.

Pero también es cierto que $50 millones o más también es muchísimo dinero. Dejarlo sobre la mesa no ha de ser fácil.

Es refrescante ver que todavía, en el mundo de hoy, hay personas para las que que dinero no lo es todo. Me resulta fácil identificarme con ellos.

«Cambiar de Cassette» es bastante caro

“Cambiar de Cassette” es una expresión que sin duda alguna revela mi edad. Aunque la expresión ya casi no se usa, lo que significa sigue igual de relevante hoy que en los 80’s.

“Cambiar de Cassette” se utilizaba para hacer referencia a aquellas situaciones en las que el cambio de contexto requiere de un cambio fuerte en la manera de pensar. Un ejemplo puede terminar de clarificar la expresión:

Si por ejemplo, yo estoy concentrado escribiendo sobre el manejo de emociones y de repente entra mi hijo y me pide que lo ayude con su tarea de algebra, entonces tengo que "Cambiar de Cassette".

Como queda claro para cualquiera que haya pasado por una experiencia como la que acabo de describir, “Cambiar de Cassette” es muy caro. Por caro me refiero a que tiene un alto costo mental. El tipo de enfoque y estado mental que funciona para un tipo de tarea no es el mismo que funciona para otra. Cambiar el estado mental y el tipo de enfoque es una tarea compleja que requiere de mucho tiempo y energía.

Estar realizando estos cambios de contexto y adecuando la mente a distintos tipos de tareas cansa el cerebro. También reduce la productividad ya que un cambio de contexto de este tipo puede requerir de hasta 20 minutos para poderse completar. Cambiar de contexto es cansado y quita tiempo.

Es por esto que muchos expertos en productividad recomiendan alocar bloques largos de tiempo ininterrumpidos (de por lo menos una hora) para hacer tareas que al menos sean similares en el tipo de contexto cerebral que requieren para poderse hacer. También, evitar interrupciones, que al final del día son “Cambios de Cassette”, es otra recomendación muy común ya que cada interrupción probablemente requiera de dos cambios de contexto (uno cuando sucede la interrupción y otro para regresar a la tarea que se estaba haciendo).

“Cambiar de Cassette” es caro. Es algo que hay que tratar de evitar.

Bloques continuos de tiempo y menos interrupciones = más productividad. Una formula simple que realmente funciona.

Un día completo

Conforme voy avanzando en mi camino de crecimiento personal, estoy empezando a medir los días más en términos de la calidad de mis experiencias que de mis resultados. Un paso a la vez estoy empezando a disfrutar lo que hago por la oportunidad de hacerlo y no por cómo me fue.

Hoy para mí, fue un día completo. Puede hacer 4 actividades que disfruté mucho:

  • Puede investigar acerca de hacía dónde va la industria del comercio conversacional y destilar lo que aprendí en una presentación. Generé varias buenas ideas para robustecer aún más nuestra propuesta de valor.
  • Pude presentarle Reach a 22 potenciales clientes. Me gusta ver como lo que hemos construido está por simplificar la vida de miles de comercios.
  • Pude ayudar a una persona que estoy “coacheando” a ver que su vida puede ser mucho más de lo que cree posible.
  • Pude jugar Softball!

Ahí lo tienen, un día completo. ¿Qué si estoy cansado? Claro que sí. Pero no todos los cansancios son iguales. El cansancio que viene de un día bien vivido siempre debe ser bienvenido.

Cuando lo que importan son las experiencias que vivimos y que tan intensamente las experimentamos, podemos garantizar que todos los días serán “buenos”.

Si podemos hacer esto día tras día, realmente viviremos una vida digna de admirar.

Tan solo reparar es mediocridad

Es inevitable, más de algo de lo que hemos construido se va a romper. Siempre haremos algo que está mal y que necesita reparación. Todo el tiempo las cosas se están degradando y se necesita esfuerzo y energía para mantenerlas funcionales. ¿Entropía alguien?

Así que con eso ya establecimos que la necesidad de estar reparando cosas es constante. Es parte de la vida. Ahora lo que quiero que evaluemos es la actitud y propósito con que usualmente se percibe tener que hacer una reparación.

Para empezar, el tener que reparar es algo se considera negativo. Como una pérdida de tiempo. ¿A nadie le gusta reparar las cosas que ha construido. Pero, ¿Qué tal si reparar algo es una oportunidad para volver a hacerlo, mejor? ¿Cómo sería la calidad de nuestro trabajo si cada vez que tenemos que arreglar algo lo volviéramos a hacer pero en esteroides?

Tener que reparar algo es una oportunidad de construir sobre la experiencia que obtuvimos al hacerlo la primera vez para ahora construir algo mejor. Reparar algo nos permite volver a hacer el trabajo ya sabiendo qué fue lo que falló la primera vez y así poderlo corregir para no volver a fallar de la misma manera.

Reparar por reparar y volver a llevar lo que hicimos a donde todo empezó es mediocridad. Imaginemos, por un instante, la calidad de trabajo que todos haríamos si cada vez que reparamos algo usaremos todo lo que aprendimos desde aquella primera vez que lo hicimos para ahora hacerlo mejor. Todo estaríamos taaaan orgullosos de el trabajo que haríamos que la motivación sería casi infinita.

De verdad, tan solo reparar es mediocridad.

El arte de debatir

Me parece increíble lo rápido que muchas conversaciones se convierten en competencias para ver quién puede gritar más recio y perder el control más rápido. Cuando dos personas tienen puntos de vista diferentes, especialmente alrededor de temas que les son importantes, la apertura a la postura de la otra persona es prácticamente nula.

Escuchar, debatir educadamente y tratar de buscar una postura más sensata a la que ya se tiene. Ese es el objetivo al que se aspira al momento de tener un debate con otra persona. Nunca se debe perseguir tener la razón o buscar validar lo que ya se asume que es cierto. Nada de esto. La meta siempre es buscar aprender uno del otro. Descubrir algo nuevo. Cambiar la manera en que se piensa.

Debatir es un arte —y requiere de mucha práctica. También necesita de mucha humildad. Las personas arrogantes, inseguras y llenas de ego no pueden debatir. Su inclinación es pelear. No tienen otra opción. Siempre se están tratando de defender.

El arte de debatir:

  • Aprender es más importante que tener la razón
  • Reconocer que todos saben algo que nosotros no es seña de fortaleza
  • Sentirse herido cuando se descubre que algo que se creía cierto es, en realidad falso, solo es querer seguir viviendo engañado
  • No importa cuan recio se grite, la realidad sigue siendo la realidad
  • Escapar de un debate sobre algo importante solo es restarle importancia. Es decir, “mi comodidad emocional es más importante que lo que se está debatiendo”.

Estudiar la competencia

La mejor manera de aprender es estudiar a las personas que saben más que nosotros. ¿Qué hacen bien? ¿Qué hacen mal? ¿Cuales son sus estrategias? ¿Cuales son sus técnicas? ¿Cómo se preparan? ¿Qué estudian? ¿Cómo son diferentes a nosotros? ¿Por qué nos pueden ganar? 👈 Esta última es muy importante.

Cuando se le pregunta a los mejores emprendedores y atletas del mundo cuales son los factores que más les han ayudado a desarrollar sus habilidades, la gran mayoría mencionan que han llegado hasta donde están gracias a lo que han aprendido de los competidores más fuertes que han tenido.

Estas personas, que han alcanzado la cima del Everest, han pasado años estudiando a las personas con que compiten. No con el afán de simplemente copiarlos o entrar en algún tipo de competencia desleal. No, los han estudiado porque los respetan y aprecian lo que pueden hacer. Entienden que si están teniendo dificultades para ganarles es porque ellos están haciendo algo bien. Quieren aprender de ellos.

A menudo, la reacción que las personas tienen hacia la competencia es negativa. Muchas veces hay enojo de por medio. Otras veces hay frustración. Pero, ¿Cómo esperas mejorar si no tienes alguien muy bueno con quién competir? ¿Alguien que exija lo mejor de ti?

Esto me lleva a pensar, ¿Cómo sería un mundo sin competencia? La verdad que no sé. No tengo idea. De lo que sí puedo estar seguro es que sería un mundo en donde la calidad de los productos sería mucho inferior. Nuestra calidad de vida sería mucho peor. ¿Y el rendimiento atlético? Sería paupérrimo. Todos le podríamos decir adiós al entretenimiento que nos dan los deportes profesionales.

La competencia es buena. Muy buena. Influye al mundo de manera positiva. Desde la evolución de las especies, hasta la creación de empresas innovadoras que mejoran el mundo todos los días, la competencia es el motor que nos lleva a lograr más grandes y mejores cosas.

Cuando tengas un competidor fuerte enfrente, no te frustres. Estúdialo. Aprende de ellos. ¿Y si no tienes un competidor fuerte en tu radar? Te puedes preocupar porque puedes estar seguro de que estás muy lejos de dar lo mejor que puedes dar y no tienes alguien cerca que te pueda enseñar a hacerlo de una mejor manera.

Algo siempre es mejor que nada

Aspirar a la perfección nunca le ha servido a nadie. Al contrario, esta idea ilusoria de la perfección no solo ha paralizado a cientos de miles de emprendedores, también ha sepultado millones de empresas a través de la historia.

Para empezar, nada puede ser perfecto. Todo siempre tendrá más de alguna deficiencia, ya sea percibida o real. Pero aún así, hay personas que prefieren no hacer nada que hacer algo que no sea lo “suficientemente bueno”.

Hacer algo siempre será mejor que no hacer nada. No importa qué tan corto se quede el esfuerzo, al menos haberlo intentado más de algún aprendizaje dejará.

Realmente no importa que lo que estés haciendo no llegue a acercarse a la perfección. Lo que importa es que lo hagas a lo mejor de tu capacidad con las condiciones que hay. No hacerlo solo porque el resultado no será el mejor que se puede esperar tan solo es una justificación para poderte quedar sentado de brazos cruzado viendo cómo otros toman las oportunidades que desfilan frente a ti.

Haz algo. No importa qué sea. Lo único que te puede matar es no hacer nada. Algo siempre es mejor que nada.