Nada es perfecto pero todo puede mejorar

No existe el producto perfecto. Tampoco debiéramos sentarnos a esperar escribir el post ideal. Estas cosas no existen. La naturaleza (realidad) está llena de fallas y su perfección tan solo radica en su capacidad de cometer error tras error.

Es increíble pero cada una de las más grandes maravillas de este mundo es producto de la constante experimentación, de la prueba y error; incluido el ser humano. ¿Cómo? Gracias a la evolución.

A muy grandes rasgos la evolución tan solo es una infinita iteración de cambios aleatorios (mutaciones) que se ponen a prueba contra el entorno y aquellos cambios que mejor resultan se quedan (adaptación). Los que no funcionan se descartan y perecen. Nada en la naturaleza es perfecto pero todo está en constante evolución. He ahí la verdadera magia.

Aplicar este mismo proceso al trabajo que todos los días hacemos puede resultar una muy buena idea. Claro, creo que los cambios que le hagamos a nuestro trabajo no deben ser aleatorios pero sí deben ser constantes, iterativos. También creo que estar constantemente poniendo estos cambios a prueba es necesario. Solo así sabremos si los cambios que realizamos mejoraron el trabajo, o no.

Nunca, ni en el mejor de los días nuestro trabajo será perfecto. Pero nuestro trabajo sí puede ser constantemente mejor día tras día. Y en seguir este proceso, al igual que lo hace la naturaleza, tal vez algún día nos acercaremos siquiera un poco a la perfección.

Es momento de empezar a iterar.

La importancia de calibrar, una analogía

Este concepto es tomado de la idea de Jim Collins que fue introducida en su libro Great by Choice.

Collins utiliza la analogía de las balas y la bola de cañón para ilustrar la importancia de realizar pequeños experimentos y calibrar en base a los resultados obtenidos.

“Imagina que estás en un barco de guerra y ves un barco enemigo en el horizonte”, escribe Collins. “Tienes pólvora limitada y decides usarla toda para disparar una bola de cañón hacia el barco enemigo. Fallas. Ya no tienes más pólvora. Estás muerto.”

Este escenario definitivamente no le interesa a nadie. Afortunadamente Collins plantea un escenario más alentador. “¿Qué pasa si cuando ves el barco enemigo decides empezar a experimentar?”, pregunta Collins en Great by Choice. “Si, experimentar. Sabes que tienes pólvora limitada y tomas un poco de pólvora para cargar un rifle y disparas. Ves que tu ángulo está mal por 40 grados. Calibras, repites y cargas otra vez el rifle. La falla ahora es de 25 grados. Vuelves a calibrar y cargar el rifle, después de todo estás usando muy poca pólvora. Ahora estás a 5 grados. Un poco más. Un ajuste final y listo! Le pegas con la bala del rifle al barco enemigo pero sin hacerle mayor daño.”

“Pero ahora ya tienes la trayectoria correcta y te queda suficiente pólvora para cargar el cañón. Lo cargas, ajustas el ángulo con la data que obtuviste con tus experimentos y disparas. Boom!!! Hundes al enemigo. Vivirás.”

Es una analogía genial. La cantidad de empresas y proyectos que se quedan sin recursos por quemar toda su “pólvora” en iniciativas que no han sido bien fundamentadas es muy grande. Poner la mayoría los recursos de una empresa en un proyecto que no ha sido “calibrado” es irresponsable.

Sí, los experimentos consumen recursos y pueden llevar a que el proyecto sea cancelado. Se perderá la inversión del experimento. Pero si este es el caso tan solo se debe volver a calibrar e intentar de nuevo. Después de todo, si el experimento fue bien diseñado no debiera ser muy caro y dará suficiente información para realizar los ajustes necesarios.

La clave del éxito está en saber diseñar experimentos y entender qué hipótesis se desean validar. Estas son habilidades que aún no son muy comunes en el mercado laboral y son indispensables para una empresa que quiere hacer proyectos realmente innovadores. ¿Tienes alguien así en tu equipo? Puede ser que este sea el momento de empezar a buscar!