El precio de poder escoger (manejo de prioridades)

Escoger una cosa implica no escoger otra. No hay manera de darle la vuelta a esta realidad. El acto de elegir, por definición, trae consigo una pérdida: todas aquellas opciones que no fueron seleccionadas.

Escoger algo es una gran responsabilidad. Es decirle que sí a uno para decirle que no a otro millón. Cerrarle la puerta a todas las demás opciones es algo que a veces no se siente bien.

Y esto nos lleva a hablar acerca de las prioridades. Para que algo sea una prioridad algo más debe dejar de serlo. Para que una prioridad se pueda cumplir, tengan por seguro que algo más va a pagar el precio y se quedará sin hacer. Esta es la naturaleza de lo que llamamos prioridades.

Muchas veces planear se puede sentir como algo que nos limita. Que nos quita libertad. Pero, ¿Qué pasa si planear y fijar prioridades es todo lo contrario? ¿Qué pasa si priorizar y tener un plan bien estructurado realmente es libertad?

En este momento no tengo una respuesta que darles pero al menos suena a que es algo interesante en que puedo seguir pensando.

Los errores que se transforman en decisiones

Ahhhh, el gran Paulo Coelho: “Cuando repites un error deja de ser un error; se transforma en una decisión.”

Hay tanto que aprender en esta pequeña frase que ni sé por dónde empezar.

  1. Es importante aprender de cada error que se comete para no volverlo a cometer.
  2. Está permitido cometer un error la primera vez. Después de eso, cada uno de nosotros tiene la información suficiente para no volverlo a cometer.
  3. Cuando hay algo que desconocemos no tenemos la información necesaria manejarlo bien. Ya la segunda vez es otra historia.
  4. Todas las situaciones son diferentes y se debe aprender de cada una de ellas. Al mismo tiempo, vivimos en un mundo de patrones, la historia rima. Repetir un error implica volver a hacer exactamente lo mismo (que antes no funcionó) ante una situación muy similar.

¿Qué mas les puedo decir hoy? Creo que no mucho, Paulo ya lo dijo todo. De mi lado, voy a dejar esta frase visible en mi área de trabajo. Creo que leerla constantemente me va a mantener más presente. Me va a ayudar a identificar esos patrones que tengo tan arraigados que ya no me son útiles. Me va a llevar a no volver a caer subconscientemente en el mismo error una y otra vez.

Este quote sin duda alguna me va a ayudar a tomar mejores decisiones, ósea, a cometer menos errores.

Decisiones imposibles (un minuto para desearle lo mejor a las personas en Ucrania)

En este preciso instante, en ambos lados de la frontera entre Ucrania y Rusia, hay niños, mujeres y hombres teniendo que tomar decisiones imposibles.

Hay familias que están teniendo que decidir entre permanecer unidas o buscar alguna otra opción para seguir con vida. Hay padres de familia teniendo que decidir entre dejar ir a sus hijos pequeñitos o arriesgar verlos morir a su lado. Hay hombres y mujeres decidiendo entre quedarse para luchar por su nación o dejar sus hogares para más nunca volver.

Al mismo tiempo hay soldados muy jóvenes que están decidiendo entre cumplir las órdenes que han sido su única razón de ser desde que nacieron o dejar a personas inocentes vivir. Hay miles de personas, justo ahora, decidiendo entre entregarse a sus miedos o morir por hacer lo correcto. Hay miles de ciudadanos rusos decidiendo entre arriesgar ir a la cárcel y, probablemente morir, o alzar su voz por lo que creen que es correcto.

Todas estas son decisiones imposibles que ningún ser humano jamás debiera tener que tomar. Ante mis ojos estas son situaciones que nunca tendrían ocurrir en este planeta y para serles muy franco, no las puedo entender. Pero la realidad es que él que yo no las pueda entender, no las hará desaparecer.

Estoy triste, muy triste. Me siento impotente y no sé qué hacer. Tengo muchas ganas de que todo esto se detuviera por tan solo instante y que alguien me despertará diciéndome que todo está bien y que solo tuve un mal sueño. Esto no va a suceder.

Para mí es extraño que la reacción que estoy teniendo a lo que veo que está ocurriendo al otro lado del mundo por Twitter sea tan fuerte. Me está afectando bastante. Aunque me duele mucho, al mismo tiempo, hay algo en mí que agradece esta conexión que por primera vez estoy logrando tener con personas que no conozco y que la están pasando mal, muy mal.

Las decisiones imposibles debieran ser solo eso, imposibilidades de este mundo que no debieran existir. Lastimosamente en este momento para miles, sino es qué millones de personas, tenerlas que tomar es la dura realidad.

Tomemonos un momento para desearles lo mejor.

Lo más moderno no siempre es mejor (consejo para comprar)

El avance de la tecnología va a un ritmo frenético. Los productos que nos satisfacían ayer son basura comparados con los que tenemos hoy. Todo mejora con la siguiente iteración. Cada cambio es algo que vale la pena tener. Puede ser que esto sea cierto, o tal vez no.

Como casi todo lo que se puede discutir, rara vez hay absolutos y la respuesta apropiada casi siempre cae en un punto medio. Sí, algunos cambios tecnológicos son significantes y actualizar un producto por la versión más reciente vale la pena. Pero otros no.

Un ejemplo que viene a la mente es el salto cuántico que llevó los televisores de blanco y negro a color. Es obvio que esta es una actualización que vale la pena. Lo mismo sucedió cuando los televisores se fueron de definición estándar a alta definición. Y luego de alta definición a 4K. Todos estos avances tecnológicos fueron sustanciales y convirtieron a sus antecesores en reliquias obsoletas.

Pero no todos los avances que nos da la tecnología son así de sustanciales. Quedándonos, por fines ilustrativos, con el ejemplo de los televisores hay que reconocer que han habido ciertos mejoras que se han presentado como “la siguiente gran maravilla del mundo” pero que resultaron ser tan solo esquemas de mercadeo para tratar hacer que los consumidores cambiaran sus televisores existentes por uno nuevo.

¿Alguno de ustedes recuerda cuándo los televisores 3D eran la moda que había que tener? ¿O los televisores curvos? ¿U hoy en día los televisores con capacidades HDR? Todas estas tecnologías, sí mucho, son mejoras increméntales que no siempre funcionan mejor.

Todas estas son historias de precaución y cuidado. Sí, usualmente la nueva tecnología que se hace disponible es mejor que la anterior. Pero esta no es una regla escrita en piedra.

Al final del día, la decisión de comprar algo nuevo es subjetiva y emocional. Lo mejor que se puede hacer es investigar para no invertir en algo que realmente no valga la pena comprar.

El futuro se crea, no se predice

Hoy, parados acá, con la mirada fija en el horizonte del futuro que está por llegar, tenemos la opción de creer que el futuro se predice o que el futuro se crea.

A mí me atrae más la idea de crear el futuro. La idea de predecirlo, lo que por definición implica qué ya está escrito por alguien más, simplemente no me llama la atención. Lo siento demasiado aleatorio y fuera de mi rango de acción.

Por el otro lado, pensar en que lo qué decida o no decida hacer hoy es el cimiento de mi futuro me gusta mucho. Las acciones que tome hoy son las semillas del futuro que cosecharé mañana. ¡Sí! Esto me hace mucho más sentido. Nadie más que yo es responsable de mi futuro.

Sin duda alguna creer que el futuro se puede crear es una perspectiva mucho más poderosa. Al final del día ninguno de nosotros puede saber con total certeza qué va a pasar o si el futuro está en nuestras mano o no. Lo qué sí podemos saber es que los paradigmas con que decidamos afrontar los retos que hoy tenemos nos pueden empoderar o victimizar. También sabemos que una persona empedrada puede influenciar su entorno mucho más que una persona que se siente víctima de las circunstancias.

Sí, sin duda alguna las personas que construirán ese mejor futuro con el que todos soñamos necesariamente somos las personas que creemos que el futuro se crea, no que se predice.

¿Cómo sería vivir sin aquello de lo que te quejas?

Hay tantas cosas de las que nos quejamos. Personas, situaciones, eventos, resultados. En un buen día casi que nos podríamos quejar de todas estas cosas.

En esos momentos de frustración, negatividad y francamente, de berrinche, estamos dispuestos a hacer casi cualquier cosa para eliminar aquello de lo que tanto nos estamos quejando.

Detesto a mi jefe. Ya no aguanto a mi esposa. Mi trabajo es una porquería. Me vuelven loco mis hijos. Mi carro es una basura. Ya saben cómo es.

Pues hoy los quiero invitar a reflexionar brevemente en lo siguiente.

Si nos detenemos por un momento a contemplar cómo serían nuestras vidas sin tener aquello de lo que nos quejamos podemos empezar a apreciarlas y a cambiar todas esas quejas por un profundo sentido de gratitud. Algunos ejemplos:

¿Cómo sería su vida si no tuvieras ese trabajo de porquería? Tal vez no podrías pagar tus cuentas y estarías endeudado. A lo mejor no hubieras construido tu curriculum y no tendrías la experiencia necesaria para saltar a tu siguiente trabajo.

¿Cómo sería tu vida si nunca hubieras conocido a tu esposa? Esos niños que tanto quieres nunca hubieran nacido. Todos esos maravillosos recuerdos que tal vez no quieres revivir por despecho desaparecerían para siempre.

¿Cómo sería tu vida sin esa basura de carro? Seguro te mojarías de vez en cuando cuando llueve y tienes que caminar desde el bus hasta a tu casa. También tendrías que salir una hora antes para llegar al trabajo y regresarías una hora después todos los días.

Sí, vivir sin aquello de todo aquello de lo que te quejas sería peor. Mucho peor. Una de las decisiones fundamentales que todos tenemos que tomar es cómo vemos cada situación. Podemos escoger ver lo que le hace falta a lo que ya tenemos o podemos escoger ver cómo lo que tenemos es mucho más que nada.

Cómo una vez dijo un caballero templario en Indiana Jones: “Escoge sabiamente o morirás una muerte terrible”.

Que valga la pena

Todo lo que una empresa decida hacer tiene un costo de oportunidad. Si se decide hacer A sobre B, B no se hará. En este caso hacer A debe valer la pena pues B dio su vida para que A pudiera vivir.

Creo que esto es un tipo de ley natural que no solo aplica a las empresas. Ninguno de nosotros puede ni estar en dos lugares al mismo tiempo ni tampoco hacer dos cosas distintas exactamente en el mismo instante. Mmm, ahora que lo pienso bien, creo que lo que todos debiéramos hacer es hacer que cada instante de nuestras vidas realmente valga la pena.

No querer pagar el precio

Muchos de los descontentos que experimentamos vienen del simple hecho de que no queremos pagar el precio que cuestan las cosas.

Queremos tener más dinero pero no queremos más trabajo o responsabilidad.

Queremos salud pero no queremos cuidar nuestra dieta ni hacer ejercicio.

Queremos aprender pero no queremos estudiar.

Queremos amor pero no queremos perdonar.

Queremos felicidad pero no queremos soltar nuestros apegos.

Queremos tener una nueva vida pero no queremos soltar la vida que ya tenemos.

Queremos innovación pero no nos queremos equivocar.

Queremos ser los mejores pero no queremos fracasar.

Queremos vivir en paz pero no queremos soltar el enojo que está en nuestro corazón.

Todos tenemos muchas cosas que queremos. Muy pocos estamos dispuestos a pagar el precio que esas cosas cuestan. Esto causa una situación de descontento pues cuando pensamos así creemos que el mundo es injusto y que nos está privando de lo que queremos cuando en realidad lo que está pasando es que somos nosotros mismos los que estamos escogiendo no poner el esfuerzo necesario para aprovechar las oportunidades que el mundo no está dando todos los días.

Ver todas estas oportunidades ir y venir sin sentir que podemos hacer algo para tomarlas no se siente bien, no es una buena forma de vivir. No querer pagar el precio nos limita. Es mucho mejor terminar el día exhaustos y adoloridos pero sabiendo que tarde o temprano esa oportunidad que estamos persiguiendo será nuestra pues estamos trabajando duro para alcanzarla.

El tiempo se va a acabar

Algún día el tiempo se va a acabar y cuando ese día llegue vas a saber que todo “se acabó”. Estoy seguro que ni tú ni nadie quiere llegar a ese inevitable día a suplicar por tiempo prestado para poder hacer todo lo que hoy, con un poco de determinación, pudieras estar haciendo.

El tiempo es preciado y sí, el tiempo, al menos el de cada uno de nosotros, también se va a acabar. Así que hoy, acá, en este preciso instante, que vas a querer hacer, ¿Seguir ignorando que tu tiempo en algún momento se va a acabar o reconocer que tus horas están contadas y empezar a ver el infinito valor que cada hora de vida tiene?

De tu respuesta depende el tipo de vida que tendrás de hoy en adelante. Si decides ignorar el hecho de que tu tiempo en este planeta es finito, miles de oportunidades se escaparan como agua entre tus manos y la maravilla del mundo nunca se manifestará ante tus ojos. Por el otro lado, si escoges reconocer el valor que hay en cada hora de vida que está por llegar algo maravilloso sucederá. Aceptarás con un corazón abierto el hecho de que algún día tu y todos lo que te rodean algún día van a morir y con eso vendrá el regalo más maravilloso que alguien puede llegar a tener jamás: vivir cada día de su vida con la ilusión de hacer sus sueños realidad.

La falacia del tiempo perdido

Siento mucho decirlo pero el tiempo no se puede perder. Una persona no puede “perder su tiempo”. Lo único que puede hacer es usarlo para algo y después arrepentirse de que lo usó para eso. Es a esto lo que usualmente se le llama “perder el tiempo”.

Es muy chistoso porque se habla de perder el tiempo como que si la persona no tuviera nada que ver con lo que pasó. La realidad es otra, la persona claramente decidió utilizar el tiempo para hacer lo que quería. Por ejemplo, alguien tiene un examen al día siguiente y en lugar de estudiar se “enreda” en una maratón de Netflix. Esta persona no “perdió el tiempo”. Lo utilizó justo para lo que quería, ver su serie favorita. Al día siguiente, cuando no sabe qué hacer en el examen, etiqueta la maratón de Netflix como “tiempo perdido”.

Decir que el tiempo se puede perder es lo mismo que decir que no tenemos injerencia sobre lo que pasa en nuestras vidas. Lo que hacemos en cada momento es fruto de lo que libremente decidimos hacer, o no. Claro, siempre podemos ignorar esta realidad pero evadir esta responsabilidad de ninguna manera cambia las consecuencias que nuestras decisiones traen consigo.

Creer que el tiempo se puede perder es un tipo de falacia. Es una creencia falsa que hace mucho daño y genera una cultura de poca responsabilidad. Creo que todos vamos a estar mejor si empezamos a hablar de “tiempo mal utilizado” en lugar de hablar de “tiempo perdido”.