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En medio de todo el ruido

Hay días que pasó horas deseando que todo fuera diferente. Esos días quisiera que las cosas fueran tal y como quiero sean, que las condiciones a mi alrededor fueran idóneas para lo que quiero hacer. Reconozco que esto es una seña de debilidad y una gran perdida de tiempo. Desear esto no me lleva a ningún lugar.

Hoy es un buen ejemplo. Quería que no hubiera habido tanto tráfico y poder haber pasado más tiempo haciendo otras cosas que no fueran estar sentado en el tráfico. La realidad fue otra y no había nada que yo pudiera hacer para cambiarla.

Así que después de mucho tráfico finalmente llegué a casa y me senté, cómo lo hago todos los días, a escribir. Ya sentado enfrente de la computadora hubiera querido tener unos 35 minutos de silencio para poder concentrarme y meterme de lleno en mi escritura. Una vez más, el mundo tenía algo muy diferente planeado para mí.

Mientras escribo esto tengo a un niño jugando Minecraft ene la computadora que está a mi lado. Está hablando con un amigo por FaceTime y creanme, no a bajo volumen. Adicionalmente la televisión está prendida y hasta hace unos 20 minutos mi mente estaba distraída enfocándose en la frustración.

Afortunadamente hace unos 20 minutos tuve la lucidez de recordar que soy yo el que está en control y en lugar de seguir culpando mis circunstancias reforcé mi voluntad y me di a la tarea de escribir el post de hoy independientemente de cuanto ruido hubiera a mi alrededor.

Creo que esta es una muy buena lección de vida en general. Siempre nos podemos concentrar un poco más y hacer lo que debemos hacer, incluso cuando estamos metidos en medio de mucho ruido.

El más fuerte no siempre gana

Muchas veces, particularmente en el mundo de los negocios, se cree que el más grande o el más fuerte siempre gana. Nos gusta olvidar que David le ganó a Goliath.

El mundo está lleno de ejemplos en donde el más grande o fuerte no gana. Por ejemplo, un estudio estadístico de cientos de peleas en la MMA y UFC encontró que el hombre más grande gana solo la mitad de las peleas. Es decir, el tamaño del peleador no tiene nada que ver con quién gana la pelea. Simplemente no es un factor determinante.

Lo mismo ocurre en el mundo de los negocios. La pequeña “startup”, muchas veces sin recursos o mayor experiencia, pone a temblar al gorila de 900 libra que es el líder de su industria.

Southwest Airlines vs Eastern y Pan American. Amazon vs Borders y Barnes and Noble. Netflix vs Blockbuster. Dell vs IBM. Los ejemplos son infinitos. El más fuerte no siempre gana.

Escuchar con todo el cuerpo

Hoy por la mañana sonó mi despertador a la hora que siempre lo hace. Simplemente no me pude levantar. Me desperté una hora y media después y no salí a correr como lo había planeado hacer. Está de más decir que pasé toda la mañana con remordimiento y cargo de conciencia. “Yo tengo que hacer más y no puedo fallar”, estuvo dando vueltas en mi cabeza sin parar.

Después de almuerzo me seguí sintiendo muy, muy cansado. Hice mi meditación diaria y al terminar, ya en un estado más consciente, pude notar un cansancio muy profundo en todo mi ser. Esta ves ya no pelee en contra de lo que estaba sintiendo y me acosté a descansar. Desperté un poco más de 4 horas después.

Todavía no tengo claro qué es lo que está causando tanto cansancio. Pueden ser varias cosas pero lo que sí sé es que si estoy cansado, debo descansar. No puedo ignorar las señales que mi cuerpo me está enviando. No tiene sentido alguno negar algo que claramente es real y me está afectando.

Durante muchos años, tal vez por qué en ese momento creía era necesario probarme ante todos, ignoré a mi cuerpo, mente y alma. Ya no es algo que voy a seguir haciendo. Hoy entiendo que mi mejor desempeño se da cuando estoy al 100%. Claro, siempre estoy dispuesto a empujar los limites y dar todo lo que tengo pero no cuando estoy consciente de que hacerlo va en contra de mi bienestar.

Cada situación es única y generalizar demasiado nunca es bueno. Tener claro que está sucediendo con mi cuerpo, mente y alma en todo momento es el primer paso para decidir bien. Después, como escribí ayer, si todo está ok ya puedo proceder a actuar. De lo contrario, lo correcto a hacer es descansar y recuperarme para poder dar lo mejor cuando ya esté bien.

El momento de actuar

Para todo hay un momento ideal. Hay momentos de reflexión y hay momentos de acción. Saber escoger el momento correcto para actuar es casi tan importante como la mismísima acción.

Que algo suceda no implica que inmediatamente se deba actuar. Eso es simplemente reaccionar. Es sabio dejar este tipo de comportamiento a los animales. Con un poco de trabajo y entrenamiento el ser humano puede reemplazar la reactivadad por la contemplación.

Contemplar una situación no es lo mismo que dejarla ser. Tampoco significa postergar una acción requerida AHORA innecesariamente. Contemplar simplemente es detenerse unos segundos, tomar un par de respiros profundos y evaluar. No se necesita más que un par de minutos de pensamiento consciente. Eso es todo, nada más, nada menos.

Entonces, ya está claro que el momento correcto para actuar viene después de haber contemplado la situación. ¿El enemigo a vencer? La reacción emocional a lo que sea que está sucediendo. Ese impulso inicial (la reacción) es lo que se apodera de todo el cuerpo y se interpone entre una persona y su capacidad de contemplar. Ceder a este impulso y actuar antes de tener cualquier oportunidad de pensar es un desastre por suceder.

El momento para actuar siempre viene después de contemplar.

Aceptar el cambio

La vida cambia y nosotros cambiamos con ella. Los niños crecen y, mientras algunas personas mueren, otras nacen. Nada permanece igual, ni siquiera por un solo día. Y aún así, nos cuesta tanto aceptar el cambio. Vaya que nos gusta pelear.

Pareciera ser que hay algo en nuestro ser que está adicto a la ilusión de certeza y permanencia que nuestro cerebro perpetuamente crea una y otra vez. Estamos tan metidos en esta falsa narrativa que incluso cuando todo cambia cada uno de nosotros sigue luchando por seguir encadenado a sus antiguas maneras de ser. Es como que si el dolor más grande que pudiéramos experimentar es aceptar que todo cambia. Esta no es la manera más sana de vivir.

Todos tenemos nuestras propias estrategias para no lidiar con el cambio, siendo la menos utilizada de ellas, aceptarlo abiertamente. Todas estas estrategias son, de una manera u otra, una negación de la realidad. Seguirlas utilizando es querer pelear contra una fuerza inevitable que siempre nos ganará. No tiene sentido pelear contra aquello que nadie puede derrotar.

Si algo ya cambió, la mejor manera de manejarlo es cambiando nosotros también. Lidiar con algo que ya cambió queriendo seguir siendo iguales es como querer usar los zapatos que usábamos cuando teníamos un año. Nosotros cambiamos, los zapatos siguen iguales. Cuando una parte cambia y la otra no, se pierde la magia de la interdependencia y la resistencia destruye cualquier oportunidad de harmonía y crecimiento.

El cambio no es para nada malo. Es más, es la naturaleza del mundo en que vivimos. Nosotros mismos también cambiamos todo el tiempo. No conozco a nadie que siga siendo la misma persona que era hace 5 años. Nuestras ideas y manera de ver el mundo cambian. Nuestras destrezas se multiplican y con el tiempo ganamos mucha experiencia. Lo queramos o no, siempre estamos en constante movimiento. La pregunta es, ¿Queremos dejarnos llevar o queremos que nos arrastren?

Todo lo que tenemos que hacer para llevar nuestras vidas al siguiente nivel es dejar de pelear y aceptar el cambio.

Almacenaje digital

La civilización humana ha documentado durante milenios su historia. Se podría decir que la gran mayoría de este registro se a capturado en medios análogos, es decir en artefactos físicos como libros, papel, paredes de cuevas, etc.

Esto ha cambiado considerablemente en los últimos 30 años. El acceso a el almacenaje digital ha cambiado la manera en que guardamos y compartimos la información. Ya sea a nivel personal o global, la facilidad con que ahora podemos registrar nuestra historia es impresionante. Dos clicks y listo. También, la precisión con que podemos documentar y almacenar cualquier cosa que queramos hubiera sido ciencia ficción tan solo 5 años atrás. No podemos olvidar que todo esto se puede hacer con costos prácticamente nulos.

No puedo dejar de pensar en los esfuerzos sobrehumanos que se hicieron para construir la Biblioteca de Alejandría y todo lo que la humanidad perdió cuando fue destruida. Esperemos que esto nunca más vuelva a pasar. No lo creo.

El almacenaje digital ha llegado y con ello la capacidad de guardar hasta el mas mínimo detalle de toda la información que queramos preservar o compartir. Ya no existe límite alguno más allá de la data que como civilización queramos generar.

Tendencias

Las pequeñas acciones que tomamos todos los días nos mueven, poco a poco, en una dirección determinada. Si hay constancia en estas acciones, ya sean buenas o malas, muy pronto empezaremos a ver tendencias de hacia dónde vamos. Poder identificar estas tendencias temprano ayuda a corregir o reforzar el rumbo en el que vamos.

Podemos considerar una tendencia como buena cuando esta se va acercando a lo que queremos. Por el contrario, si la tendencia se va a alejando de nuestro objetivo decimos que la tendencia es mala.

Como podemos ver, para que podamos identificar una tendencia como buena o mala se necesita de una línea base u objetivo contra que compararla. Si no hay un punto de referencia, la tendencia existe pero para el observador esta será una tendencia totalmente irrelevante. No estará interesado en cambiarla en una u otra dirección.

Consideremos el ejemplo de una persona que se pesa todos los días. Al tener los datos diarios de su peso de unas tres semanas completas ya podrá identificar si su tendencia es hacia subir o bajar de peso. La categorización de la tendencia como buena o mala dependerá de la línea base de la persona (quiere subir o bajar de peso). Mientras antes pueda identificar la tendencia respecto a su peso y compararla contra su objetivo, antes podrá cambiar su estilo de vida para corregir rumbo de acuerdo a lo que busca.

En resumen, las tendencias no son más que patrones que permiten identificar hacia dónde va algo. Ese algo puede ir acercando o alejando de lo que queremos.

Primero es importante saber hacia donde queremos ir y luego es vital que si algo no va en la dirección que queremos que estemos dispuestos a hacer lo que haga falta para darle la vuelta lo antes posible.

Movilidad, no esclavitud

La combinación de los avances tecnológicos y los cambios de paradigma que ha traído la pandemia nos han permitido trabajar en maneras que tan solo hace un año hubiéramos considerado imposibles.

A su vez, mucha de la narrativa alrededor de la nueva manera de trabajar ha girado alrededor de el concepto de trabajo en casa. “Trabajo remoto”, es como muchos le llaman a esta nueva modalidad de trabajo. Esto nos ha llevado a asumir que el trabajo remoto es lo mismo que trabajar en casa. Nada podría estar más lejos de la realidad. Trabajar remoto es mucho más que simplemente mover la oficina a una habitación en la casa.

Creo que la tecnología disponible y el avance que hemos tenido en políticas empresariales nos debiera dar más movilidad, no esclavizarnos. Por movilidad me refiero a la libertad de poder trabajar donde más a gusto nos sintamos. Si es en la oficina, genial. Si quiero trabajar en casa que bien. Si quiero estar en un café, cómo lo estoy ahora que estoy escribiendo esto, bienvenido. Me voy de viaje y voy a trabajar en otro país, fenomenal. Trabajo remoto es movilidad. No es estar en casa pendiente 24/7 de todo lo que la empresa o mi supervisor necesite de mí en cada instante. Esto pudiera llegar a considerarse esclavitud.

Lo que sucede es que estamos utilizando la capacidad de conexión tecnológica como una línea directa que está siempre abierta. Esta línea nos da acceso inmediato a cada persona que trabaja en la empresa sin importar en dónde está y que está haciendo.

Esta línea invisible nos da un poder mucho más grande de lo que nos imaginamos —nos da control sobre la vida de otras personas. Y como dijera Peter Parker, con un gran poder viene una gran responsabilidad. Es muy importante que aprendamos a utilizar el poder de contactar a cualquier persona de manera instantánea en cualquier momento responsablemente. De lo contrario estaremos convirtiendo la movilidad en esclavitud. Mucho cuidado con eso.

P.D. Hoy cumplo 400 días seguidos de compartir mis ideas y pensamientos en Internet!

Diseño de vida

Según Wikipedia “diseño” es un plan o especificación para la construcción de un objeto, proceso, actividad o sistema. ¡Qué poderoso concepto! Imaginen todo lo que podríamos hacer si en todo momento tuviéramos un plan o especificación en mente antes de que llegue el momento de actuar. Tendríamos un mapa a la mano para poder construir todo lo que más queremos.

El proceso de diseñar se puede aplicar a prácticamente cualquier cosa: una empresa, un negocio, un viaje, un gobierno, una relación, el sistema educativo y hasta a nuestras propias vidas. Todo lo que el humano crea, puede crearse siendo antes diseñado.

Y aún así la gran mayoría de actividades alrededor de nuestras vidas, lejos de ser diseñadas, no son más que improvisadas reacciones a eventos que suceden a nuestro alrededor. Esta es la causa principal de por qué la mayoría de personas llevan vidas reactivas y sus acciones diarias carecen de intencionalidad alguna —no han diseñado sus vidas.

La parte que más me gustó de la definición de diseño fue la que menciona que puede ser una especificación. Cuando yo diseño mi vida inmediatamente tengo a la mano un set de especificaciones de cómo quiero que sea. Habrá en todo momento una visión clara en mi cabeza, un diseño, que me servirá de guía para tomar mejores decisiones que sean coherentes con la vida que deseo construir.

Una vida sin diseño ira hacia donde el viento la lleve al azar. Una vida bien diseñada gozará de dirección e intencionalidad. ¿Y lo mejor de todo? Que diseñar nuestra propia vida no requiere más de un par de horas a la semana para pensar realmente en como es la vida que queremos construir.

Un café de más

El café es una de mis cosas favoritas en este mundo. Tanto así que hace un poco más de un año por temas de salud tuve que disminuir mi consumo y tuve que pasar por un proceso de desintoxicación de cafeína.

Desde ese entonces decidí hacer con el café lo mismo que ya he logrado hacer con muchas otras cosas en mi vida: cortar la dependencia y moderar mi consumo. Ha sido algo maravilloso, Debo detenerme un momento a agradecer en parte mis destrezas de moderación al libro Siddhartha de Herman Hesse.

Para no hacer larga la historia les cuento que hoy me tomé 3 cafés, uno más de lo que normalmente estoy tomando. Cuando el cuerpo está acostumbrado a no tener estimulantes dentro es impresionante el poder que tiene una taza de más de café. Mi corazón late fuerte y mi pulso es más rápido de lo normal. Mis hombros están tensos y mi espalda cosquillea. Mi respiración está acelerada y mi mente corre a mil por hora. De verdad que esta sensación no me gusta para nada. Incluso siento un tipo de “malestar” general en el cuerpo —casi como que si estuviera en medio de algún tipo de intoxicación.

No es tan tarde pero desde ya puedo ver venir una larga noche. No creo que hoy vaya a poder dormir muy bien. Es una buena lección a aprender: un café de más ya es demasiado para mí.