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Categoría: personal

La maravilla de escribir

Durante ya un buen tiempo me he estado sentando todos los días a escribir. A enfrentar el cursor titilando en el monitor mientras busco algo que decir. No es fácil. Pero el ejercicio de hacerlo una y otra vez me ha ayudado a obtener varias habilidades que no me había dado cuenta que había desarrollado —hasta hoy.

En los últimos meses, por diversas razones, no me he visto en la necesidad de escribir sustancialmente en el trabajo. Hoy llegó el momento. Estoy escribiendo un caso para que algunos candidatos que estamos evaluando resuelvan. Estoy bastante satisfecho con el proceso que pude llevar.

Primero, la ansiedad de empezar no estuvo ahí. Fue bastante fácil empezar a generar ideas, al menos preliminares, durante los primeros minutos. Logré generar inercia inmediatamente. Eso hizo el resto del trabajo bastante más fácil.

Después de eso pude notar que mi manera de pensar ha cambiado. La forma en que puedo ordenar mis ideas es más coherente y secuencial. Es como que si las cosas que quiero expresar salen en orden y ya no las tengo que reordenar después de haberlas escrito.

Luego me di cuenta que estoy usando frases más cortas y concisas. Estoy siendo más directo y eficiente en comunicar lo que quiero decir. Ya no hablo tantas “pajas”. También pude notar que estoy usando lenguaje bastante más activo y poderoso. Esto me ayuda bastante a consolidar los puntos que quiero hacer.

Así que este ejercicio que muchos días me cuesta tanto esfuerzo está ya pagando dividendos. Es impresionante lo mucho que se puede desarrollar una habilidad si se práctica todos los días. Aún más cuando se practica a conciencia.

El proceso de aprender (Grilled Cheese)

Creí que no me gustaba cocinar. Puede ser por qué cuando era pequeño y vivía en la casa de mis papás nunca cociné. Tampoco recuerdo haber visto a mis papás cocinar. Siempre fue algo ajeno para mí. El tema es que no tengo casi nada de práctica cocinando. Y hasta hace poco, tenía la creencia de que no lo podía hacer.

Resulta ser que hace un par de meses nuestro hijo desarrolló una afición extrema a los sándwiches “grilled cheese”. Y cuando digo extrema me refiero a por lo menos uno todos los días. Hay días de 3 ó 4 sándwiches. Se cocinan bastantes de estos panes en la casa.

No sé cual sea la receta original pero acá se preparan de la manera más simple posible: 2 rodajas de pan, con 2 rodajas de queso americano en medio, tostadas en un sartén con un poco de mantequilla.

Después de ver la preparación de no sé cuantos sándwiches, un sábado por la mañana, por fin me di a la tarea de preparar un yo mismo. El resultado no fue muy bueno. La verdad es que nunca debiéramos esperar un buen resultado la primera vez que hacemos algo. El mundo no funciona así.

Después de que nuestro hijo vio que hice el intento y no fue nada fatal, lo natural sucedió después. De vez en cuando me empezó a pedir que le hiciera un “grilled cheese”. Y con esto empecé a tener un poco más de práctica preparando los sándwiches. Y cada vez fueron saliendo mejor. Esto es lo que pasa cuando practicamos, no volvemos mejores para lo que sea que estemos aprendiendo.

Así que el proceso de aprendizaje siguió. Cada vez salían mejor tostados los panes. Y así seguí haciendo sándwiches hasta que un día escuché el comentario que nunca creí escuchar. “Tostado perfecto”, decreto el comensal! Parece ser que ya estoy empezando a dominar el proceso de tostar panes para hacer sándwiches “grilled cheese”. Y esto se siente bien. Se siente muy bien. Dominar algo con cierto grado de maestría es extremadamente motivante. Nos sube el autoestima y nos estimula a querer aprender más.

Tanto así que después de una racha ya constante de “tostados perfectos” estoy empezando a ver qué más puedo aprender a cocinar. Así es como crecemos nuestras habilidades. 

Este es el proceso de aprender:

  1. Hacer algo por primer vez.
  2. No desanimarse por qué no sale bien.
  3. Practicar y practicar. Volver a practicar sin desanimarse.
  4. Llegar a dominar lo que se está aprendiendo.
  5. Expandir el conocimiento aprendiendo cada vez más detalles a profundidad.

Garantía de Apple en Ishop

Hoy terminé mi segundo proceso de garantía con productos de Apple en Ishop Guatemala. La experiencia fue igual de buena que la primera. En ambos casos la sensación de un servicio de primera, tanto de Ishop como de Apple, justifica el precio “Premium” de estos productos.

En este caso, 2 semanas antes de que expirará la garantía de mis Power Beats Pro, los llevé a revisar ya que uno de ellos siempre tuvo inconsistencias para cargar dentro de la cápsula. El problema no era tan serio como para no poderlos usar pero tener que estar pendiente de que estuvieran bien cargados cuando los iba a usar no es lo que se espera de unos audífonos de esta calidad.

En fin, la semana pasada los llevé a revisión y al día siguiente recibí una actualización confirmando que en efecto habían encontrado que uno de los audífonos tenía un problema para cargar y que Apple había autorizado el reemplazo de ambos audífonos sin costo alguno. Ojo, no la reparación sino que el reemplazo por otros totalmente nuevos.

En ese mismo correo me informaron que ya la orden estaba puesta y que en un máximo de 5 días estarían acá en Guatemala los audífonos nuevos. No sé si fue por la pandemia o qué, pero fueron 7 días hábiles lo que tardaron los nuevos audífonos en venir —no me puedo quejar.

Hace unas horas los fui a traer y los he estado probando. Todo funciona de maravilla. Adicionalmente me extendieron la garantía otros 90 días y me regalaron un set de 4 tips adicionales para ajustar los audífonos.

Durante todo el proceso la comunicación fue muy buena y todo el equipo de Ishop se portó muy amable. Casi que puedo decir que de cierta manera disfruté el proceso de resolver el problema. Este es el tipo de intangibles por los que se paga al comprar productos “Premium”.

8 horas sin electricidad

La tormenta llegó sin previo aviso. De pronto el cielo se tornó negro y el viento empezó a soplar. La temperatura bajó de golpe y el agua empezó a azotar las ventanas.

La repentina obscuridad que llegó con las nubes empezó a ser penetrada por ráfagas de luz. Había una tormenta eléctrica justo encima de nosotros. Y entonces ocurrió. Otra ráfaga de luz acompañada por un ensordecedor estruendo estremeció toda la casa. Un rayó cayo a no más de 500 metros de donde estábamos. Había llegado el apagón.

No sé si sea por tantas experiencias que tuve de niño pero por alguna razón pude reconocer, al instante que escuché el rayo, que el apagón iba a ser largo. 8 horas después estaría confirmando mis sospechas.

La tarde transcurrió y a diferencia de los gatos que viven en la casa, que ni cuenta se dieron que no había electricidad, nosotros nos tuvimos que acoplar. Tuvimos que cambiar nuestra rutina y buscar otras cosas que hacer —que dependientes nos hemos vuelto del Internet!

Nos volteamos hacia varios juegos de mesa que tenían algunos meses de polvo pero estaban listos, como siempre, para la acción. El tiempo transcurrió y de ser dos en la casa pronto pasamos a ser tres. Qué felicidad!

La tormenta se fue tan rápido como llegó pero la falta de electricidad no nos dejaba olvidar el rayó que horas antes apagó todos los grandes logros del mundo moderno pero que nos volvió a conectar.

Fueron 8 horas diferentes, agradables. Qué poco necesitamos para pasarla bien! Fueron 8 horas que nos dejaron recordar que todo el tiempo tenemos lo que mas queremos cerca de nosotros. Nos tenemos a los tres.

En medio de todo

El soplar de los vientos ha cambiado y la dirección del mundo ahora va en otra dirección. Arriba ahora es abajo y toda esa luz que antes iluminaba el camino ha sido absorbida por obscuridad.

Y en medio de todo esto ahí estás. Sigues siendo el personaje principal. Con tus fortalezas y debilidades deberás seguir escribiendo la historia de tu vida. Nadie jamás podrá tomar tu lugar.

No tiene sentido tratar de escapar. A donde quiera que vayas siempre estarás ahí, en medio de todo. Estás peleando una lucha sin sentido. No es lo que te rodea el problema. Es tu manera de ver las cosas lo que te tiene así.

El universo completo se pudiera empezar a derrumbar y puede ser que nada más vuelva a ser igual. Y ahí estarás, en medio de todo. Observando con serenidad y compasión. Viéndolo todo ocurrir desde lo más profundo de tu ser. Y así es la única manera en que podrás estar bien. Cuando finalmente entiendas que lo único que puedes controlar es a aquel que está luchando por ser feliz —en medio de todo.

La aceleración del tiempo

Tengo 44 años. Parece ser que con cada minuto que pasa el tiempo se escapa de mis manos con mayor velocidad. Aún puedo recordar las vacaciones del colegio cuando era un pequeño niño haciendo travesuras en la casa de mis papás. Eran eternas.

Al recordar otras etapas de mi vida como la adolescencia, mis 20s y mis 30s no me queda duda alguna de que cada una parece haber pasado más rápido que la anterior. La universidad pasó más rápido que secundaria que a su vez se fue más rápido que la primaria. Parece haber un patrón. Mientras la vida inevitablemente avanza, más rápido experimentamos el paso del tiempo.

Después de un poco de investigación no solo descubrí que mi percepción es correcta, también aprendí que este fenómeno no se detendrá y que cada minuto que pase, más rápido se irá. Como muchas otras cosas en la naturaleza, el fenómeno se puede explicar con un poco de matemática muy básica.

Conforme la vida de una persona avanza, las experiencias vividas se van acumulando como memorias y recuerdos en el cerebro. Mientras más tiempo está viva la persona, mayor es el contenido acumulado de recuerdos que tiene almacenados.

Imaginemos a un niño de 10 años de edad que experimenta 1 año de colegio (los 365 días completos). En ese momento, ese año representa un 10% ((1/10)100) de todo el tiempo que ha vivido. Ese año se experimenta como un tiempo muy largo. Es un 10% de la vida del niño.100) de mi vida. Con razón lo sentí tan rápido. Cuando cumpla 50 años, si sigo con vida, ese año representará solo 2% ((1/50)*100) del tiempo que llevaré vivo. Lo experimentaré aún más rápido que la experiencia que tuve hoy y que me invitó a escribir este post.

El tiempo no se detendrá y cada vez lo experimentaremos como más corto. Esto no quiere decidir que no nos podamos detener a estar más presentes con todo lo que pasa a nuestro alrededor. Esto no quiere decir que no podamos apreciar con toda la intensidad de nuestro ser cada segundo que nos queda por vivir.

Mas que un juego

132 días después de que el baseball hubiera empezado normalmente, hoy finalmente llega el día. Esta noche regresa la MLB.

Los últimos meses han sido difíciles para todo mundo. Y esto es pintar la cosa de color rosa. La gran mayoría de personas hemos estado batallando con dificultades económicas, cambios fuertes de rutina, problemas de salud, cambios laborales, aislamiento y tantas cosas más.

Pero a partir de hoy, por un breve momento cada día, podremos dejar toda esta carga tan pesada por un lado y volver a soñar con que nuestro equipo llegue a jugar en el “clásico de otoño”.

Hoy los adultos veremos jugar de nuevo a nuestros jugadores favoritos. Hoy nuestros hijos volverán a tener la oportunidad de ver a sus super héroes en acción.

Y hoy no solo tendremos la alegría de ver baseball. Hoy podemos soñar con pronto volver a jugar nosotros mismos. Soñar con una vez más ver a nuestros hijos jugar también. El baseball es mas que un juego.

También hoy es momento de agradecer. El baseball nos ha dado tanto en nuestras vidas. Nos ha dado alegrías, tristezas, emociones, salud, fortaleza física, disciplina y constancia. Particularmente en nuestra familia, durante estos últimos 4 meses, el baseball nos ha regalado un refugio y una chispa de alegría en los ojos de nuestro hijo. Gracias baseball!

Sí, el baseball es mas que un juego. Es una tradición. Es una manera de vivir la vida. Es nuestra forma de compartir. Es familia, amigos y nuestra gran ilusión. Es el deporte amado que siempre llevamos en el corazón.

La naturaleza de los eventos

La naturaleza no es justa ni injusta. Simplemente es. Los eventos tan solo suceden y la historia del mundo sigue su curso. Al mundo no le importan las intenciones de las personas o sus destinos. Entender esto es de vital importancia para poder tener una buena vida.

Hace unos días estaba observando el comportamiento de Fluffy, uno de los gatos que vive acá en mi casa. La verdad que no pude notar cambio alguno en su estado de ánimo o comportamiento. Sin embargo todos nosotros, los humanos de la casa, estábamos muy tristes por qué el hermano de Fluffy, había muerto.

¿Fue la muerte de Coco algo bueno o malo? ¿Algo trágico o maravilloso? Pues eso va a depender de la interpretación que cada quién —que tenga la capacidad de interpretar— le dé.

Obviamente Fluffy no está alterado por el suceso. El no está ni enterado de lo que sucedió —Coco vivía en la casa de mis suegros. Algo me dice que si de alguna manera pudiera percibir lo que sucedió, tampoco tendría mayor reacción.

Pero para todos nosotros ha sido duro despedir a Coco. Existe una sensación de pérdida e incluso de haber sido privados de algo. Se siente “injusto” que haya dejado este mundo terrenal.

Ahora, regresando a ver el comportamiento de Fluffy, queda muy claro que las emociones que estamos experimentando los “seres racionales” tienen que ver más con el significado personal que cada uno de nosotros le está dando a la partida de Coco que con el suceso en sí. Al final, los seres humanos eso es lo que hacemos: constantemente interpretar, en base a nuestras experiencias pasadas, todo lo que ocurre a nuestro alrededor y etiquetarlo como bueno o malo.

Todo lo que sucede en este mundo es impersonal y no ocurre a favor o en contra de nosotros. Comprender esto trae consigo una gran liberación emocional. Darnos cuenta que el mundo no está en nuestra contra es reconfortante —no existe un enemigo contra quién luchar. Reconocer que el mundo tampoco está a nuestro favor da una sensación de mayor autoestima cuando logramos algo —fue NUESTRO logro .

Los eventos son. No son ni buenos y malos. Esto de que sean buenos o malos lo determinamos los humanos y, más especifico aun, lo determinamos cada uno de nosotros.

¿Como vas a escoger interpretar lo que ocurre a tu alrededor el día de hoy?

Yo hoy escojo no experimentar resentimiento alguno y recordar con todo el cariño que tengo dentro de mi a Coco-R.

El viejo que sabía de donde venían los fantasmas

Era un fin de semana como cualquier otro y parece ser que los eventos ocurrieron un domingo cerca de Semana Santa.

Como pocas veces sucedió, tres generaciones de la familia compartieron bajo el mismo techo. Un poco antes de la comida el abuelo empezó a explicarle a uno de sus nietos por qué no debía tenerle miedo a los fantasmas.

La explicación usual que se le da a los niños va algo como “los fantasmas no existen” o “los fantasmas son las almas de las personas que ya murieron y nos quieren visitar”. Pero la explicación que el viejo abuelo estaba por dar era muy diferente a esto. El realmente sabía que son los fantasmas y de dónde vienen.

“Cuando yo tenía tu edad”, le dijo a su nieto de 9 ó 10 años de edad, “había guerra y muchas personas murieron a mi alrededor. Realmente no podíamos salir mucho y no teníamos oportunidad de jugar. Lo único que podíamos hacer era escaparnos algunas noches a jugar pega pega en el cementerio detrás de la casa de mis papás.” Como es evidente al leer estas palabras, el viejo era muy directo y le pintaba la realidad de una manera bastante cruda a aquellos a su alrededor.

“Cuando corríamos entre las tumbas con todas nuestras fuerzas, podíamos ver los fantasmas levantarse de la tierra”, dijo aquel viejo antes los ojos incrédulos del niño que no lo podía creer.

La sinceridad y amor en la voz del abuelo le daba mucha seguridad al niño y aunque la historia pareciera aterradora, el niño quería saber más. “¿Y que hacían los fantasmas después de salir de la tierra?”, le preguntó.

“Nos perseguían, por supuesto”, fue la respuesta. “Mientras más rápido corríamos, más se pegaban a nosotros los fantasmas. No los podíamos dejar atrás.” Esto ya no le gustó al pequeño niño y se empezó a asustar. El miedo en sus ojos conmovió al viejo y en ese instante decidió terminar la historia y revelar su gran secreto.

“Pero no te preocupes”, le suplicó al niño con un ternura que nunca antes se había escuchado en su vos, “ahora te voy a decir de donde vienen los fantasmas”.

“Cuando las personas mueren y son enterradas, sus cuerpos se descomponen y con el tiempo sus huesos liberan algo que se llama fósforo. Claro, el fósforo es fosforescente y brilla en la noche. Cuando nosotros, o cualquier otra persona corre en un cementerio, el aire que generamos levanta ese fósforo en nubes fosforescentes que son lo que llamamos fantasmas y naturalmente nos siguen por qué mientras más corremos, más aire generamos.”

Este viejo realmente sabía de dónde vienen los fantasmas. Del la luz que emite el fósforo de los huesos de los difuntos. Hace mucho sentido.

Nunca nadie sabrá si aquel niño llegó a comprender realmente lo que su abuelo le explicó aquel domingo. Pero para mi, que ese día escuché a mi papá contarle esa historia a mi sobrino, me quedó clarísimo de donde vienen los fantasmas.

Perdido en un número

Los indicadores tienen un puesto muy privilegiado dentro del mundo de la productividad. Son de las herramientas favoritas de las personas y empresas más que están en constante búsqueda de la eficiencia.

Déjenme decirles que yo también creo mucho en los indicadores y cualquier otra manera que facilite la medición. Pero debemos ser cautelosos de no perder el rumbo. Les cuento por qué.

Durante esta cuarentena he incrementando el tiempo que estoy utilizando para leer. Realmente lo que he hecho es cambiar el tiempo que pasaba en el tráfico por tiempo de lectura. Como en otros años, estoy utilizando Goodreads para completar un Reading Challenge anual. El Reading Challenge no es nada más que definir un objetivo de cuántos libros uno quiere leer en el año y darle seguimiento a la cantidad de libros que se leen en el año.

Hace un par de semanas cumplí con mi número de libros a leer en el año. He leído otro par de libros desde entonces. Hoy justo terminé de leer uno de ellos y fue en ese momento que me di cuenta de que me estoy perdiendo en un número.

Escogí un nuevo libro para empezar a leer que me ha llamado mucho la atención desde hace ya mucho tiempo. El encontronazo con la realidad vino cuando me di cuenta que estaba pensando no leerlo por qué tiene 541 páginas. El pensamiento exacto que pasó por mi cabeza fue “Ala gran! Me voy a tardar demasiado en leer este libro y voy a leer menos libros en el año. Mejor busco otro más corto”.

Realmente estoy muy agradecido con los avances que estoy haciendo con la meditación ya que cada vez estoy más consciente de lo que estoy pensando. Este fue uno de esos casos. Lo agarré en el instante. Claro que voy a leer el libro.

Las métricas y las mediciones están para servirnos a nosotros. Nosotros no debemos servirle a las métricas y cumplirlas por cumplir. Debemos recordar que medimos para lograr un objetivo y que este objetivo es más importante que el número que usamos para cuantificar nuestro progreso.