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Categoría: personal

La naturaleza de los eventos

La naturaleza no es justa ni injusta. Simplemente es. Los eventos tan solo suceden y la historia del mundo sigue su curso. Al mundo no le importan las intenciones de las personas o sus destinos. Entender esto es de vital importancia para poder tener una buena vida.

Hace unos días estaba observando el comportamiento de Fluffy, uno de los gatos que vive acá en mi casa. La verdad que no pude notar cambio alguno en su estado de ánimo o comportamiento. Sin embargo todos nosotros, los humanos de la casa, estábamos muy tristes por qué el hermano de Fluffy, había muerto.

¿Fue la muerte de Coco algo bueno o malo? ¿Algo trágico o maravilloso? Pues eso va a depender de la interpretación que cada quién —que tenga la capacidad de interpretar— le dé.

Obviamente Fluffy no está alterado por el suceso. El no está ni enterado de lo que sucedió —Coco vivía en la casa de mis suegros. Algo me dice que si de alguna manera pudiera percibir lo que sucedió, tampoco tendría mayor reacción.

Pero para todos nosotros ha sido duro despedir a Coco. Existe una sensación de pérdida e incluso de haber sido privados de algo. Se siente “injusto” que haya dejado este mundo terrenal.

Ahora, regresando a ver el comportamiento de Fluffy, queda muy claro que las emociones que estamos experimentando los “seres racionales” tienen que ver más con el significado personal que cada uno de nosotros le está dando a la partida de Coco que con el suceso en sí. Al final, los seres humanos eso es lo que hacemos: constantemente interpretar, en base a nuestras experiencias pasadas, todo lo que ocurre a nuestro alrededor y etiquetarlo como bueno o malo.

Todo lo que sucede en este mundo es impersonal y no ocurre a favor o en contra de nosotros. Comprender esto trae consigo una gran liberación emocional. Darnos cuenta que el mundo no está en nuestra contra es reconfortante —no existe un enemigo contra quién luchar. Reconocer que el mundo tampoco está a nuestro favor da una sensación de mayor autoestima cuando logramos algo —fue NUESTRO logro .

Los eventos son. No son ni buenos y malos. Esto de que sean buenos o malos lo determinamos los humanos y, más especifico aun, lo determinamos cada uno de nosotros.

¿Como vas a escoger interpretar lo que ocurre a tu alrededor el día de hoy?

Yo hoy escojo no experimentar resentimiento alguno y recordar con todo el cariño que tengo dentro de mi a Coco-R.

El viejo que sabía de donde venían los fantasmas

Era un fin de semana como cualquier otro y parece ser que los eventos ocurrieron un domingo cerca de Semana Santa.

Como pocas veces sucedió, tres generaciones de la familia compartieron bajo el mismo techo. Un poco antes de la comida el abuelo empezó a explicarle a uno de sus nietos por qué no debía tenerle miedo a los fantasmas.

La explicación usual que se le da a los niños va algo como “los fantasmas no existen” o “los fantasmas son las almas de las personas que ya murieron y nos quieren visitar”. Pero la explicación que el viejo abuelo estaba por dar era muy diferente a esto. El realmente sabía que son los fantasmas y de dónde vienen.

“Cuando yo tenía tu edad”, le dijo a su nieto de 9 ó 10 años de edad, “había guerra y muchas personas murieron a mi alrededor. Realmente no podíamos salir mucho y no teníamos oportunidad de jugar. Lo único que podíamos hacer era escaparnos algunas noches a jugar pega pega en el cementerio detrás de la casa de mis papás.” Como es evidente al leer estas palabras, el viejo era muy directo y le pintaba la realidad de una manera bastante cruda a aquellos a su alrededor.

“Cuando corríamos entre las tumbas con todas nuestras fuerzas, podíamos ver los fantasmas levantarse de la tierra”, dijo aquel viejo antes los ojos incrédulos del niño que no lo podía creer.

La sinceridad y amor en la voz del abuelo le daba mucha seguridad al niño y aunque la historia pareciera aterradora, el niño quería saber más. “¿Y que hacían los fantasmas después de salir de la tierra?”, le preguntó.

“Nos perseguían, por supuesto”, fue la respuesta. “Mientras más rápido corríamos, más se pegaban a nosotros los fantasmas. No los podíamos dejar atrás.” Esto ya no le gustó al pequeño niño y se empezó a asustar. El miedo en sus ojos conmovió al viejo y en ese instante decidió terminar la historia y revelar su gran secreto.

“Pero no te preocupes”, le suplicó al niño con un ternura que nunca antes se había escuchado en su vos, “ahora te voy a decir de donde vienen los fantasmas”.

“Cuando las personas mueren y son enterradas, sus cuerpos se descomponen y con el tiempo sus huesos liberan algo que se llama fósforo. Claro, el fósforo es fosforescente y brilla en la noche. Cuando nosotros, o cualquier otra persona corre en un cementerio, el aire que generamos levanta ese fósforo en nubes fosforescentes que son lo que llamamos fantasmas y naturalmente nos siguen por qué mientras más corremos, más aire generamos.”

Este viejo realmente sabía de dónde vienen los fantasmas. Del la luz que emite el fósforo de los huesos de los difuntos. Hace mucho sentido.

Nunca nadie sabrá si aquel niño llegó a comprender realmente lo que su abuelo le explicó aquel domingo. Pero para mi, que ese día escuché a mi papá contarle esa historia a mi sobrino, me quedó clarísimo de donde vienen los fantasmas.

Perdido en un número

Los indicadores tienen un puesto muy privilegiado dentro del mundo de la productividad. Son de las herramientas favoritas de las personas y empresas más que están en constante búsqueda de la eficiencia.

Déjenme decirles que yo también creo mucho en los indicadores y cualquier otra manera que facilite la medición. Pero debemos ser cautelosos de no perder el rumbo. Les cuento por qué.

Durante esta cuarentena he incrementando el tiempo que estoy utilizando para leer. Realmente lo que he hecho es cambiar el tiempo que pasaba en el tráfico por tiempo de lectura. Como en otros años, estoy utilizando Goodreads para completar un Reading Challenge anual. El Reading Challenge no es nada más que definir un objetivo de cuántos libros uno quiere leer en el año y darle seguimiento a la cantidad de libros que se leen en el año.

Hace un par de semanas cumplí con mi número de libros a leer en el año. He leído otro par de libros desde entonces. Hoy justo terminé de leer uno de ellos y fue en ese momento que me di cuenta de que me estoy perdiendo en un número.

Escogí un nuevo libro para empezar a leer que me ha llamado mucho la atención desde hace ya mucho tiempo. El encontronazo con la realidad vino cuando me di cuenta que estaba pensando no leerlo por qué tiene 541 páginas. El pensamiento exacto que pasó por mi cabeza fue “Ala gran! Me voy a tardar demasiado en leer este libro y voy a leer menos libros en el año. Mejor busco otro más corto”.

Realmente estoy muy agradecido con los avances que estoy haciendo con la meditación ya que cada vez estoy más consciente de lo que estoy pensando. Este fue uno de esos casos. Lo agarré en el instante. Claro que voy a leer el libro.

Las métricas y las mediciones están para servirnos a nosotros. Nosotros no debemos servirle a las métricas y cumplirlas por cumplir. Debemos recordar que medimos para lograr un objetivo y que este objetivo es más importante que el número que usamos para cuantificar nuestro progreso.

Un momento en el jardín

La luz del sol y las caricias del viento entretienen los sentidos y despiertan la ilusión. Tan solo necesito de un paso más para llegar al jardín. Me acerco a la puerta y los dos gatos ya se encuentran a mi pies. Veo en sus ojos la misma felicidad que yo llevo en el corazón.

Cierro mis ojos y abro la puerta. Como siempre, los gatos llevan las de ganar. No he terminado de abrir los ojos y ellos ya están afuera en el jardín. Blue rápidamente busca el “High ground” y acomodarse en su mesa favorita. Fluffy sin tanta prisa se dirige a dormir entre los agapanthus bajo el sol.

La verdad es que los tres disfrutamos de estos momentos en el jardín. Los gatos por estar en algo más parecido a su ambiente natural y yo por poder acompañarlos un momento bajo el sol. Hay algo mágico en ese pequeño jardín que nos hace sentir mejor.

Pero también les debo contar que Blue es traviesa y ha sido ya más de una vez en la que ha decidido trepar la pared y escaparse a la vecindad. Nos ha dado un buen par de sustos y ahora sé que no la puedo dejar de monitorear. Eso de ir a traer la escalera y subirme a buscarla no es de lo que más me agrada hacer. Lo bueno es que ya van varios meses en que no ha tratado de escapar. Cada vez más parece que solo quiere tomar el sol viendo los pájaros volar.

Y así son los momentos con los gatos en el jardín. Claro que hay otro tipo de momentos en el jardín. Hay momentos de churrascos, hay momentos de secar ropa (cuando la secadora deja de funcionar) y hay momentos para jugar beisbol. Nuestro jardín es pequeño pero nos da muchos momentos de felicidad.

Hoy me voy a descansar muy agradecido por qué pude disfrutar de otro inolvidable momento en el jardín.

El rol de padre

Aclaración: Estoy anuente de que existen familias en donde por una infinidad de distintas situaciones la figura paterna puede no estar presente —ya sea de forma temporal o permanente. El fin de este artículo es relatar la experiencia de la paternidad desde mi propia experiencia, tanto cómo hijo y cómo padre.


Desde que nacemos, cada uno de nosotros, experimenta lo que es interactuar con la figura paterna. Durante la primer parte de nuestra vida la experimentamos como hijos y más adelante —si así lo decidimos y llegamos a tener la fortuna— lo experimentamos como padres.

Inevitablemente, el rol que jugamos como padres está fuertemente definido por la experiencia que tuvimos con nuestros propios papás cuando éramos niños —la relación padre hijo siempre le da forma a ambos. Es por esto que cada palabra, acción y ejemplo que le damos a nuestros hijos debe ser intencional y muy bien pensada. Estamos influenciando el tipo de padres que serán nuestros hijos en un futuro no muy lejano.

El rol de padre para mí significa dejar ir. Dejar ir mis aprensiones y miedos, de las ganas de controlar y querer que mi hijo sea exactamente cómo yo quiero que sea. Ya viví eso de pequeño y la verdad, creo que no me funcionó. Prefiero servir de guía y encaminarlo hacia ser una persona feliz e independiente que deje toda su alma y corazón para alcanzar sus propios sueños. No enseñarle a qué persiga los míos.

Para guiar a nuestros hijos ha ser hombres y mujeres de bien debemos aprender y crecer mucho nosotros mismos. Es imposible enseñarle a alguien algo que uno todavía no ha aprendido. Así es que el rol de ser padre incluye cualquier cantidad de trabajo y crecimiento personal. Requiere ser cada vez que seamos mejores personas. Ser padre es cumplir con el compromiso y trabajo de convertirnos en el tipo de persona que queremos que nuestros hijos sean.

El rol de padre es colaboración. Es dejar ir nuestro orgullo y aprender a definir cómo familia cuales son los valores que definirán las vidas de nuestros hijos. Puede sonar muy fácil pero esto resulta extremadamente difícil debido a que cada persona en la familia tiene sus propios valores y manera de ver las cosas. Es importante cómo padre colaborar en crear un ambiente en donde nuestros hijos aprendan que está bien ser ellos mismos y que cada quien siempre tiene algo distinto que aportar. Ser padre es enseñar a respetar la libertad de los demás y cómo convivir.

El rol de padre necesita que muchas veces admitamos que nos equivocamos o que no siempre “tenemos la razón”. Ser padre es enseñar humildad y saber escuchar. Es tener paciencia y mostrar templanza. Es desarrollar ese autocontrol que muchas veces queremos tirar por la ventana. Es mostrar nuestras emociones cuando lo único que queremos hacer es huir. Es ser firmes y compasivos a la vez. Es enseñar siempre estando abiertos a aprender. Nuestros hijos tienen mucho que nos pueden enseñar —si nosotros tan solo queremos aprender.

Es hora de dormir

Estoy cansado y ya la obscuridad me invita una vez más a volar a la tierra del más allá. El silencio, que en otra etapa de mi vida pudiera haber sido un terrible castigo, hoy es tan bienvenido como la visita de un buen amigo que te viene a consolar.

Muchas veces se dice que ya es hora de dormir cuando el reloj tiene sus manecillas en una determinada posición. Casi que son palabras que se invocan por costumbre o por cumplir con una rutina que Dios sabe quién inventó.

Pero este no es el caso de hoy. Ya es hora de dormir. No por la hora que es o por qué alguien más lo esté diciendo. Es hora de dormir por qué los ojos se cierran y los pensamientos son pesados. Hay muy pocos momentos en la vida cuando el cuerpo, alma y mente se ponen de acuerdo en querer la misma cosa. Justo ahora es un momento de esos, los tres quieren descansar.

Lo último que escucho es el viento sonar afuera de mi ventana. La tensión desaparece de cada una de las fibras de mi cuerpo y con un ligero suspiro entro a otro mundo en donde el tiempo no existe y el cuerpo y alma se empiezan a regenerar. Es hora de dormir.

Esta vez sin publicidad

A principios de marzo empecé a leer libros sobre cómo escribir mejor. Algunos de ellos sobre estructura y estilo y otros acerca de claridad de pensamiento y el poder de las palabras.

Después de eso, hace 65 días, me propuse volver a escribir y publicar un post al día en este blog. Al día de hoy he cumplido el cometido todos los días.

Cuando empecé a escribir otra vez no me imaginé lo mucho que cambiaría la dinámica acá en el blog. En estos dos meses han pasado dos cosas que no pude prever.

Primero, el tráfico que recibe el blog ha estado creciendo bastante —cerca de un 400% mensual. Gracias a esto, tuve que crecer los servidores donde corro WordPress. La base de datos empezó a tener problemas manejando la cantidad e posts y los picos de tráfico.

Segundo, la cantidad de personas que están leyendo mis posts me ha puesto a pensar que debo encontrar como monetizar el contenido. Si el crecimiento sigue su rumbo actual los costos mensuales de mantener el sitio va a empezar a pesar.

Así que hace un mes decidí correr un experimento y después de mucho tiempo de no hacerlo, volví a agregar publicidad a los posts. A pesar de que el experimento indica que probablemente la publicidad podría llegar a pagar los costos mensuales de operación, ayer decidí quitarlos.

Siento que la publicidad en el tipo de contenido que genero le resta valor a la audiencia. Interrumpe y distrae, es muy intrusivo. Satura el contenido y lo hace difícil de leer.

Al final lo que estoy buscando es que su atención se centre en lo que estoy tratando de decir, en transmitirles un mensaje que considero importante. Quiero enriquecer, no distraer. No más publicidad.

¿Qué voy a hacer a largo plazo? Realmente no lo sé. Si alguien tiene sugerencias, son bienvenidas. Lo que sí tengo claro es que quiero estrechar la relación con mi audiencia y cada vez generar contenido de mayor calidad.

Es por esto que esta semana estoy abriendo la posibilidad de que se puedan suscribir, de manera totalmente gratuita, a recibir artículos nuevos por correo. Todo lo que tienen que hacer es ingresar su correo abajo y listo. Espero que se suscriban y qué inviten a sus conocidos también para ayudarme a seguir generando contenido libre de publicidad.

Procesando…
Éxito! Ya estás en la lista.

Música vs Podcasts

Desde los ya hace mas de 84 días que estamos en cuarentena, he corrido escuchando Podcasts. Como escribí en este artículo, he tenido que buscar tiempo para escuchar podcasts por qué ya no paso tiempo en el tráfico.

Hoy, después de 7 días de no salir a correr debido a mal clima, me sentí sumamente motivado al ver que la tormenta finalmente terminó. Sobre un cielo azúl, un par de nubes blancas reemplazaban ese manto gris que ya se había vuelto inquilino permanente de la vecindad. Era hora de salir!

Unos momentos antes de empezar a correr, dudé. “¿Pongo podcasts o pongo música?”, me decía por dentro. Me estaba sintiendo muy energizado y sentía que los podcasts no harían justicia al estado de ánimo en el que estaba. No estaba equivocado.

Abrí mi teléfono, e inicié la aplicación de música. Busqué el play list que me ha acompañado ya por más de que 3,000 kilómetros y que no había escuchado desde hace 3 meses atrás. La anticipación creció en mí. Me gusta correr com la música en orden aleatorio y no sabía que canción iba a empezar. Empecé a correr y la música llenó todo mi ser.

Puedo decir que para hacer ejercicio, la música definitivamente le gana a los podcasts. Por lo menos para mí.Por lo menos el día de hoy.

La música fácilmente puede pasar a un segundo plano y permite que la mente pueda enfocarse y pensar en problemas que resolver. También nos invita a soñar. Al escuchar un podcast, la mente naturalmente se centra en tratar de hacer sentido de lo que se está diciendo en el programa que se esté escuchando. Se enfoca en entender.

El nivel de energía que se puede obtener gracias a un set de canciones bien seleccionadas que sirvan como detonador emocional es muy alto. Esto definitivamente hace una gran diferencia en el rendimiento que se obtiene. La experiencia de la rutina también se verá beneficiada.

Puede ser que esto solo sea una impresión que tengo gracias a la muy buena experiencia que tuve por la mañana. Pero no lo creo. Objetivamente mis resultados de hoy fueron bastante mejores. A pesar de que tenia mas de una semana de no hacer ejercicio, mi paso promedio por kilometro fue 22 segundos más rápido de lo que había estado promediando este último mes.

Definitivamente esto es un tema subjetivo y las experiencias de cada quién van a ser diferentes. Así que lo único que puedo afirmar es que dadas las condiciones de hoy, para mí, la música le pateo el trasero a los podcasts.

Prisionero de la rutina

4:45 am. Un sonido extraño suena a lo lejos. Tiene un ritmo constante que me recuerda la primer oficina en donde trabajé. No sé si aún estoy durmiendo o ya desperté. No puedo seguir ignorando que algo fuera de lo normal está pasando. Finalmente veo mi teléfono. 4:49am.

“Igual ya solo faltan 11 minutos para las 5:00”, me dije somnoliento. “Voy a ir a ver qué es ese ruido.” No tuve que ni salir de la cama para reconocer que era el ruido que me despertó; tan solo necesitaba recuperar un poco la conciencia. Pronto también supe por qué el sonido lejano me recordaba de la primer oficina en que trabajé.

Hubo un corte de electricidad y la alarma del UPS de la computadora de la casa estaba sonando. “Perfecto, son las 4:56 am y no hay electricidad”, refunfuñe en mi interior. Camine hacia el estudio en donde está la computadora, apagué el UPS, abrí el estuche donde guardo mis lentes para leer, me los puse lentamente, prendí el Kindle y me senté en el sillón en donde durante los últimos 4 meses he empezado todos mis días leyendo.

No podía dejar de pensar en aquella primer oficina en donde empecé aquella empresa hace más de 25 años. Puedo jurar que el sonido del UPS que me había despertado 15 minutos antes es idéntico al que sonaba tantas veces cuando perdíamos la electricidad en aquella pequeña habitación llena de servidores.

El delicado sonido de la lluvia, que tiene ya más de 7 días de no parar, me regresó de aquella oficina al sillón en donde estaba terminando de despertar. Enfoqué mi vista y mi concentración en el Kindle y empecé a leer.

Pasaron los minutos y me fui metiendo cada vez más en la lectura. La concentración no duró mucho. Como un relámpago en plena tempestad, una sensación de que algo hacía falta se apoderó de mi cuerpo. Era una sensación de que algo hacía falta, algo no estaba bien. Hacia falta el café.

Subconscientemente, al saber que no había electricidad, decidí no bajar a preparar café y fui directamente al estudio a apagar el UPS. Retome mi rutina de todas las mañanas al sentarme a leer pero hacía falta la primer parte, la taza de café.

A partir de este momento no pude seguir. Se me dificultó muchísimo seguir leyendo. Mi mente se debilitó y no pude dejar de pensar en cuando iba a regresar la electricidad para poder hacer el café. Caí prisionero de mi rutina.

Las rutinas tienen muchos beneficios. Nos dan familiaridad y permiten que seamos muy eficientes para hacer actividades en las que mejoramos con la práctica.

Sin embargo, como con todo en la vida, se debe tener precaución. Si no tenemos cuidado, podemos caer prisioneros de nuestras propias rutinas. Es en ese momento que la rutina ya no nos sirve a nosotros. Nosotros empezamos a servirle a la rutina.

Yo diseñé mi rutina de la mañana para tener un tiempo para mi crecimiento, aprender y poder reflexionar. Hoy caí preso de la rutina y por eso pasé más de una hora de ansiedad esperando que regresará la electricidad para poder completar la rutina.

A la larga, que importa más, ¿completar la rutina u obtener lo que queremos lograr con ella?

El camino de regreso

Hoy es domingo 31 de mayo, 2020. Nadie sabe que disposiciones presidenciales se le van a comunicar hoy a las 8:00pm al pueblo de Guatemala. Los números reportados durante esta semana respecto a los contagios de COVID–19 parecieran ser alentadores y a lo mejor nos lleven a un relajamiento de medidas.

Realmente espero que así sea. Con esto no me refiero a olvidar el cuidado y presionar el acelerador al fondo. Pero sí espero los cambios lleven a el inicio de la reactivación del país. ¿Cómo se va a ser este camino de regreso? No tengo idea.

Lo que si sé es que el camino de regreso no va a ser hacia el lugar de donde partimos. La severidad de la situación, las medidas bajo las que se ha regido el país y los cambios de vida que todos hemos experimentado han cambiado el curso de la humanidad para siempre. Vamos a regresar a un lugar en el que nunca hemos estado.

Esto está bien. Yo no quisiera y estoy dispuesto a no regresar al lugar de dónde salimos. Hay muchas cosas que me he dado cuenta que no quiero para mi vida. También he descubierto muchas otras que son extremadamente importantes y las voy a defender conforme emprenda el camino de regreso.

Cada uno de nosotros va a tener un camino diferente. No va a ser fácil. De hecho, va a ser igual de difícil que haber embarcado el camino que nos trajo hasta dónde estamos hoy. El cambio no es fácil; incluso cuando es para regresar a lo familiar.

Hoy no podemos saber qué nos depara el futuro. Bueno, si algo nos ha enseñado la pandemia, es que NUNCA sabemos qué nos depara el futuro. Pero es momento de estar listos para regresar aunque no sepamos hacia dónde vamos y como vamos a llegar hasta allá.

Estamos hoy parados ante una gran oportunidad. De cierta manera la pandemia nos ha dado permiso —o más bien debo decir, la obligación— de construir algo mucho mejor que lo que teníamos antes de abandonar el status quo.

El camino de regreso está cerca. Es momento de prepararnos para trazar el curso que seguiremos hacia un destino mucho mejor. No nos extrañemos si experimentamos sentimientos encontrados cuando el rumbo empiece a cambiar. La resistencia al cambio es natural.

El camino no va a ser fácil. Pero si escogemos sabiamente, tenemos la oportunidad llegar al lugar de nuestros más grandes sueños.