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Etiqueta: motivación

El momento es ahora

No el año que viene. Tampoco mañana. Mucho menos “algún día”. Ahora.

Es en este preciso momento que tienes el poder de decidir, el poder del compromiso. Tal vez no vas a lograr lo que quieres ahora pero si puedes cambiar la dirección de tu vida en este instante. Todo lo que tienes que hacer es decidir, comprometerte.

¿Decidir qué? Cómo quieres que sean las cosas. Si quieres cambiar, primero tienes que definir hacia dónde quieres marchar. Si no tienes esto claro, no hay camino en esta tierra que te pueda llevar hacia allá. Ya sabes en dónde estás hoy (a menos que no tengas la honestidad interior de reconocerlo) pero aún no tienes claro a dónde quieres ir. Y esa es parte del problema. La parte del problema que puedes resolver ya.

Tómate un tiempo ahora para hacer un compromiso contigo mismo. Un compromiso de cambiar. Un compromiso inquebrantable. Toma la decisión de no tolerar mas las cosas como son. Decide nunca más volverte a dar por vencido ante el miedo que por siempre te ha logrado paralizar.

Siéntate a pensar en que tipo de futuro quieres para tu vida. Visualiza, de la manera más clara que puedas, como quieres que sea todo a tu alrededor. Cuando tengas una visión clara, que te mueva desde lo más profundo de tu ser, ha llegado el momento de hacer tu plan y construir. Pero por ahora, en este preciso momento, todo lo que tienes que hacer es decidir y comprometerte a cambiar. Nada más.

La satisfacción de perder bien

Cuando se participa en un juego finito, un juego en donde al final alguien gana y alguien pierde, obviamente se corre el riesgo de perder. Pero no todas las derrotas son creadas igual y hay algunas que son mejores que otras.

Hay veces que se pierde porque uno se da por vencido antes de que el juego termine. Hay otras veces que se pierde por que simplemente no se jugó con corazón y se dejó ir la oportunidad. También se puede perder por descuido o cometer errores no forzados. Nada de eso pasó hoy. Hoy perdimos porque el otro equipo ejecutó mejor que nosotros en un momento crucial. Y eso está bien.

Enfrentarse a una rival que en papel es más fuerte que uno es motivante. Si uno tiene la actitud correcta este tipo de enfrentamientos sacan lo mejor que uno tiene para dar. Al final del día, independientemente del resultado, uno crece, mejora e identifica los limites de su habilidad.

Hoy aprendimos mucho y podemos estar muy satisfechos con lo que hicimos. Sí, el resultado final que buscamos no se dio pero peleamos y dimos todo lo que teníamos hasta el final. Aunque la pizarra al final mostraba 1–0 en nuestra contra podemos estar satisfechos de cómo fue que perdimos hoy.

Motivación y aprendizaje

Van de la mano. Aprendizaje es lo que sucede cuando la persona tratando de adquirir nuevos conocimientos logra comprender. Para que una persona logré aprender debe estar motivada. El aprendizaje es un proceso interno que no se puede lograr por medio de la obligación. El aprendiz debe querer aprender.

Aprender no es lo mismo que tener éxito dentro del sistema educativo. Aprender va más allá de simplemente recitar, sin un entendimiento claro, el contenido de un libro, video o lección. Lograr cumplir con un estándar de acreditación (ganar un examen u obtener un título) se puede lograr sin aprender. Para lograr esto no se necesita motivación.

Esto no es cierto para el verdadero aprendizaje. El verdadero aprendizaje requiere de pasión y curiosidad. Necesita que haya motivación y un fuerte deseo de comprender lo que se está estudiando. El aprendizaje es incómodo y exige cambiar la forma en que se piensa y en que se ve el mundo. Esto es muy difícil y si la motivación no compensa la dificultad, el aprendizaje no será muy efectivo.

Esto no quiere decir que aprender no sea divertido. De hecho, al hacerse de la manera correcta, aprender es una de las actividades que más disfrutan los seres humanos. Ojo, que algo pueda ser divertido y que se pueda disfrutar no quiere decir que por momentos no sea difícil y frustrante. Al contrario, es justamente la dificultad y la frustración lo que lo hace divertido. Y donde hay dificultad y frustración se requiere de un poco de motivación para perseverar.

Aprender no puede ser impuesto. Deba nacer desde adentro y todo lo que nace desde adentro necesita motivación para crecer. La motivación y el aprendizaje van de la mano.

La chispa en los ojos

Hay ciertos momentos en la vida de cada persona cuando sus ojos brillan un poco más brillante de lo normal. Estos momentos son diferentes para cada quién y están vinculados a la pasión que se encuentra dentro de cada uno.

Hay algunas personas que dicen que es posible experimentar este tipo de conexión universal (esos momentos cuando los ojos brillan un poco más fuerte) en cualquier momento rutinario de la vida. No soy nadie para decir que eso no sea cierto pero sí sé que hay ciertas cosas que despiertan el corazón de cada quien en una manera muy especial.

Y es a hacer este tipo de cosas a lo que se debe dedicar la vida. Es ahí en donde se debe invertir el tiempo y la energía de una persona que quiere vivir apasionadamente su propósito de existir. Lo irónico de la situación es que aunque vivir así es tan especial es muy raro encontrar a una persona que encuentra y sigue su pasión.

Algunas personas nunca encuentran su pasión por seguir el camino de la comodidad y ni siquiera empezar a buscar. Otras, luego de encontrarla no la siguen por miedo a perder la vida que ya tenían antes de encontrar su verdadera pasión. Sea cual sea el caso, el resultado siempre es igual: una vida vacía que resulta difícil diferenciar de una vida que ya se extinguió.

No desperdicies la vida. Encuentra y atrapa la chispa en tus ojos. Deja que tus ojos brillen un poco más fuerte y que tu corazón palpite un poco más rápido. Tu alma te lo agradecerá.

El sueño que no te deja dormir

Muy de vez en cuando, una vez cada nunca, te topas con un sueño. Un sueño que no te deja dormir.

Después de años de aparente inactividad, tu corazón despierta. Y la piedra se convierte en tizón.

Un fuego despierta en lo más profundo de tu ser, y el gris cambia por el color. Ya no tienes ganas de dormir.

No importa a donde voltees a ver, ahí estará, persiguiéndote sin piedad. No tiene sentido tratar de uir.

Sin haberte dado cuenta te has convertido en la presa, la presa de un sueño que no te deja dormir.

Deja ya de resistirte, es imposible escapar. No hay marcha hacia atrás. No volverás a dormir hasta que tu sueño sea realidad.

Puede ser que todo esto suene cansado y que no te quieras entregar. Pero este es un momento como pocos otros que podrás vivir. No es el momento de poner resistencia.

Si tu sueño no te deja dormir, es importante para ti. Si tu sueño no te deja dormir, no lo dejes escapar.

Si tu sueño no te deja dormir, entrégate, y hazlo de rodillas. Si tu sueño no te deja dormir, quiere decir que has encontrado algo especial.

Si quieres que tu vida sea algo fenomenal, no dejes escapar ese sueño que no te deja dormir.

Inventario de experiencias

Al final de nuestras vidas, en ese momento en donde no hay marcha atrás, lo único que nos podrá reconfortar será la calidad de vida que hayamos tenido. No haya nada más.

Hay algo que yo le llamo inventario de experiencias. Es el conjunto de memorias y recuerdos que voy recopilando a lo largo de mi vida. ¿Qué determina la calidad de mi inventario? Pues las acciones que tomo en cada momento, claro.

Para mí es importante frecuentemente recordar que algún día voy a morir. Realmente espero que no vaya a ser pronto pero eso no significa que no lo tenga presente. ¿Por qué? Porque recordar esto y saber que cuando ese momento llegue lo único que tendré será mi inventario de experiencias me hace una mejor persona hoy.

Sé que de alguna manera la experiencia que tenga en esa despedida, ese momento final, será importante. No sé que pase después —y tampoco me importa mucho— pero poder experimentar ese momento sin remordimiento alguno es vital para mi.

“El verdadero infierno”, me dijo una vez un buen amigo, “es cuando el yo que pude haber sido se encuentra al yo que soy en el lecho de muerte”. La verdad que esa idea del infierno no me llama mucho la atención. Prefiero seguir trabajando en un buen inventario de experiencias.

La fortaleza está en las relaciones

Conozco personas fenomenalmente capaces, seres humanos realmente excepcionales. Todos han logrado grandes cosas en sus vidas. Ninguno lo ha hecho sólo.

De todas las cualidades que se podrían listar como elementales para poder alcanzar el éxito, la capacidad de identificar, desarrollar y mantener relaciones debiera ser siempre la número 1. Es la interacción entre las personas lo que logra hacer la mayor diferencia.

Creo que todas las personas buscamos pertenecer a algo más grande que nosotros mismos. Y este es el motor que nos lleva a buscar a otros con sueños y anhelos similares a los nuestros. Tener la oportunidad de trabajar con personas que comparten nuestra visión es de lo más gratificante que podemos tener y al mismo tiempo crea ambientes de alta productividad y energía que son tierra fértil para grandes resultados.

La fortaleza de una persona inevitablemente viene de las relaciones que cultiva. Ninguno de nosotros puede hacerlo todo solo. Siempre habrán momentos en los que necesitaremos de alguien más. Siempre habrá alguna habilidad que no se nos dé. Siempre habrá alguien que nos complemente a la perfección. Siempre habrá alguien que nos dé ánimo cuando no podamos más. La fortaleza está en las relaciones.

Apreciamos lo que cuesta

Ayer Checo Pérez ganó, después de 10 años de estar corriendo, su primer carrera en la F1. Puede ser que sea por qué hace tan solo una semana, después de hacer una gran carrera, el motor le estalló y perdió un podio. O puede ser por qué muchos lo hemos visto luchar, durante ya más de 10 años, por lograr el sueño de ganar su primer carrera. No importa cuál sea la razón pero la victoria de ayer fue especial, incluso para los fans de otros equipos y corredores.

Como seres humanos nos gusta apoyar al que viene de atrás. Hay algo especial en ver a alguien poder dar más de lo que creemos posible. Cuando una persona logra lo imposible nos inspira, nos lo hace posible a todos los demás. Humaniza la excelencia. Nos eleva a todos.

Apreciamos lo que cuesta y es por eso que a todos nos gusta tener héroes de “vida real”. Ellos nos enseñan que aquello que queremos lograr no es imposible. En ellos vemos que el esfuerzo y la lucha realmente valen la pena. De alguna manera nos vemos reflejados en sus acciones y por momentos creemos. Si tan solo siguiéramos sus pasos todos el tiempo, nosotros también pudiéramos ser héroes algún día.

Actuar sin ansiedad

Por mucho, la ansiedad es el motivador principal que la mayoría de personas utilizan para llevarse a actuar. Si voy a estudiar para el examen lo voy a hacer para evitar la ansiedad que genero al pensar que voy a perder la clase y no por la ilusión que siento por aprender algo nuevo. Ya saben cómo es.

El precio que se paga por actuar con ansiedad en los momentos más importantes de la vida es demasiado caro. El desgaste psicológico y emocional es desproporcionado a lo que se gana. Aparte de esto, tampoco es sostenible. Cualquier persona que esté operando en base a miedo y ansiedad está sujeta a colapsar tarde o temprano.

Utilizar la ansiedad como motivador principal es algo que se aprende desde pequeños y todo lo que se aprende se puede desaprender. La ansiedad se puede sustituir, con mucho trabajo y reflexión, por visión y entusiasmo. Es posible, al enfrentar cualquier situación, visualizar un resultado alineado a los valores más profundos que tenemos y motivarnos por sostenerlos en lugar de generar ansiedad y miedo por tratar de evitar un desenlace que no queremos. Es posible actuar sin ansiedad.

Cuando no necesitas del premio

Cuando verdaderamente amas lo que haces no necesitas del premio. Cuando lo que te importa es sentarte a trabajar sin pensar en que dirán los demás, entonces no necesitas del premio. Cuando lo que quieres es saciar tu propia curiosidad de saber hasta dónde puedes llegar, entonces no necesitas del premio.

Dejar ir el premio es muy difícil por qué desde que tenemos uso de razón nos enseñan a que hacer algo “bien” amerita un premio. Ya sea que lo que obtengamos venga en la forma de un gesto amoroso de nuestros padres, el reconocimiento de un profesor o la aprobación de nuestro hermano mayor, el premio siempre está esperando cautivar nuestro corazón.

Y es precisamente este tipo de premio que prende nuestras más profundas emociones el que es más difícil de soltar. Es tan poderoso que nos vuelve adictos y nos lleva a confundir la majestuosidad de lo que hacemos con la vacía aprobación del mundo exterior.

Cuando no necesitas del premio eres feliz. Cuando ya no necesitas del premio has encontrado verdaderamente quién eres y de que estás hecho. Cuando no necesitas del premio empiezas a vivir para ti y esto te permite poder vivir para los demás. Hasta que dejas de necesitar el premio, empiezas a despertar.