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Etiqueta: motivación

El tiempo se va a acabar

Algún día el tiempo se va a acabar y cuando ese día llegue vas a saber que todo “se acabó”. Estoy seguro que ni tú ni nadie quiere llegar a ese inevitable día a suplicar por tiempo prestado para poder hacer todo lo que hoy, con un poco de determinación, pudieras estar haciendo.

El tiempo es preciado y sí, el tiempo, al menos el de cada uno de nosotros, también se va a acabar. Así que hoy, acá, en este preciso instante, que vas a querer hacer, ¿Seguir ignorando que tu tiempo en algún momento se va a acabar o reconocer que tus horas están contadas y empezar a ver el infinito valor que cada hora de vida tiene?

De tu respuesta depende el tipo de vida que tendrás de hoy en adelante. Si decides ignorar el hecho de que tu tiempo en este planeta es finito, miles de oportunidades se escaparan como agua entre tus manos y la maravilla del mundo nunca se manifestará ante tus ojos. Por el otro lado, si escoges reconocer el valor que hay en cada hora de vida que está por llegar algo maravilloso sucederá. Aceptarás con un corazón abierto el hecho de que algún día tu y todos lo que te rodean algún día van a morir y con eso vendrá el regalo más maravilloso que alguien puede llegar a tener jamás: vivir cada día de su vida con la ilusión de hacer sus sueños realidad.

No todas las derrotas son iguales

Perder crea carácter, y también lo puede destruir. Perder, más que un resultado adverso, es un estado mental. Es sentirse derrotado. Es una elección.

Créanme, uno puede darlo todo y aún así no lograr el resultado esperado. Me ha pasado mil y una veces. Y esto está bien porque incluso en esos momentos, si jugamos con corazón, nos podemos sentir muy orgullosos al saber que lo dimos todo. Así me estoy sintiendo ahora después de una “dura derrota”.

Creo que las derrotas que más duelen no son aquellas en las que casi se gana, son aquellas en las que se sabe que no se entregó todo lo que uno tiene para dar. Son aquellas en las que nos rendimos antes de tiempo. Son aquellas en las que nos reusamos a pelear. Son aquellas en las que nos entregamos antes de siquiera haber empezado. Son aquellas en las que culpamos y no reconocemos nuestra propia responsabilidad.

El resultado final siempre está fuera de nuestro control pero el corazón con que decidimos jugar siempre es algo que podemos controlar. Nadie nos puede quitar la pasión con que realizamos cada lanzamiento y la alegría con que esperamos cada jugada por venir.

Tener el privilegio de competir a alto nivel es algo que se debe honrar. No se debe tomar a la ligera. Las derrotas vendrán, eso nadie lo puede evitar. Lo que sí podemos evitar es sentirnos mal cuando perdamos asegurándonos de que juguemos cada juego con todo el corazón.

No todas las derrotas son iguales. Unas son más amargas que otras e incluso hay algunas derrotas que nos pueden destruir. Por el otro lado también hay derrotas que nos enseñan y nos enseñan a crecer. La buena noticia es que antes de cada partido podemos decidir como queremos jugar y con eso estamos asegurando que si llegamos a perder nos podemos sentir bien porque jugamos con el corazón hinchado de valentía y ganas de luchar.

La fuerza que corre por nuestras venas

El poder que cada uno de nosotros tiene adentro es inmenso. Todos venimos de un linaje de luchadores incansables que hicieron lo imposible para que nosotros pudiéramos vivir. De lo contrario no estaríamos acá.

Sin importar qué tan poco sepamos de nuestra historia familiar lo más seguro es que nuestro árbol genealógico esté repleto de héroes anónimos. Y su sangre corre por nuestras venas.

Si regresamos tan solo 2 ó 3 generaciones atrás, sin duda alguna encontraremos que muchos de nuestros antepasados pelearon en guerras que hacen que la pandemia que estamos viviendo hoy parezca un juego de niños. Y sí, las futuras generaciones también admirarán los grandes esfuerzos y sacrificios que nosotros estamos haciendo en este momento. Nosotros también seremos los héroes de las generaciones que vienen.

Vivir una vida completa es una tarea heroica y si nuestros papás y abuelos no fueran héroes, nosotros no estaríamos acá. ¡Qué seguido olvidamos esto! Nos enfrentamos a un pequeño obstáculo o contratiempo y nos sentimos impotentes. Tenemos una dificultad que resolver y nos damos por vencidos antes de siquiera intentar dar el primer paso. Y no solo esto, en nuestra vida diaria también nos reusamos a vernos como potentes agentes de cambio en el mundo. Constantemente negamos nuestro linaje.

¿Qué mejor día que hoy para recordar la infinita fuerza que corre por nuestras venas y honrar lo que nuestros antepasados hicieron por nosotros al decidir ser valientes ? Es momento de seguir su ejemplo. El valor que tanto admiramos en las acciones e historias que nos contaron sobre ellos cuando éramos pequeños vive en nuestro corazón. Somos igual o más valientes y temerarios que ellos. Tenemos que serlo, sus genes están en cada fibra de nuestro cuerpo.

Nuestro nombre y apellido están tan lejos de ser lo único que nuestros padres nos han dejado. Hay tantas cosas más, siendo la más importante de ellas, la fuerza que corre por nuestras venas.

El momento perfecto no existe

La excusa más popular que usan las personas para posponer las decisiones más importantes en sus vidas es: este no es el momento correcto. Claro está que en nuestras mentes este realmente no es el momento correcto y NO lo vemos como una excusa. Una y otra vez experimentamos esta excusa como una narrativa que nos parece tan real como el latido de nuestro corazón.

Pero la realidad es otra. La realidad es que para los saltos de fe, las grandes decisiones que marcan nuestras vidas, el único momento correcto es ahora. Nunca habrá suficiente dinero, tiempo o información adicional que nos haga sentirnos listos para dar “el paso”. Lo único que se necesita es el valor de decir “este es mi momento y nada ni nadie me lo va a quitar”.

El momento perfecto no existe. Lo único que tenemos es él ahora y la confianza en que lo vamos a lograr. Esperar que las cosas cambien y que el momento perfecto llegue no son más que banderas rojas que nos están indicando que tenemos miedo. Pero debemos recordar que somos más grandes que nuestros miedos y que nunca cederemos ante ellos. Ve y toma lo que te corresponde. No escuches esas excusas falsas que dan vueltas en tu cabeza. El momento perfecto es ahora.

Como evitar volver a tener un día aburrido en tu vida

Nadie se mueve solo por qué sí. Ya sea cuando nos levantamos por una dona o cuando crecemos para obtener un mejor trabajo, siempre hay un incentivo detrás de cada cosa que decidimos hacer.

No sé por qué sea pero los incentivos muchas veces tienen una connotación negativa. Definitivamente muchas personas los ven como algo malo. Cuando el incentivo esta a plena vista la creencia popular tiende a ser algo como “Esa persona es una interesada porque solo está haciendo X para obtener Y”.

Pues la realidad es que todo lo que hacemos todo el tiempo es para obtener algo. Nadie hace nada solo por qué sí. Algunas personas trabajan para sentir seguridad económica mientras que otras lo hacen para sentirse útiles. Algunas personas comen para obtener energía porque son atletas de alto rendimiento mientras que otras comen para calmar su ansiedad. Algunas personas duermen porque están deprimidas y otras duermen para soñar con lo que van a poder hacer mañana. Algunas personas lloran para chantajear mientras que otras lloran para encontrar las fueras de seguir adelante.

No importa que sea lo que estemos haciendo o dejando de hacer, toda acción necesita de un incentivo para existir. Una de las mejores maneras de llegar a conocernos mejor es de vez en cuando preguntarnos, ¿por qué estoy haciendo esto? ¿Cuál es el incentivo que tengo detrás de esto que estoy haciendo? Las respuestas a estas preguntas usualmente revelan mucho sobre qué es lo que realmente es importante para nosotros.

Este proceso es muy poderoso porque conforme vamos descubriendo los incentivos que alimentan nuestras acciones podemos decidir seguir motivándonos con esos mismos incentivos o simplemente cambiarlos. Cambiar los incentivos que tenemos es una de las herramientas más poderosas que tenemos para encontrar motivación continua en nuestras vidas. Entiende cuales son tus incentivos y no volverás a tener un día aburrido en tu vida, jamás.

pd. Feliz día del niño Chris, que siempre sigas igual de incentivado a alcanzar tus sueños.

La inspiración no «llega», se crea

Cuando uno habla con personas “creativas” es muy frecuente escuchar que no se ha avanzando porque la inspiración aún no ha llegado. Un corolario de este tipo de comentarios es que estas personas empiezan a hacer inversiones gigantes para tratar de crear ambientes que les fomenten la creatividad —pero siempre les hace falta algo más.

Con el paso de estos 533 días seguidos en los que he logrado publicar un post diario he aprendido que la inspiración no “llega”, uno la crea. O esto es cierto o he tenido una gran suerte y la inspiración ha llegado a mí sin falta cada día durante todo este tiempo.

Es innegable que un buen café, buena música, la luz adecuada y 0 interrupciones es algo que ayuda muchísimo. Pero esto no quiere decir que estas cosa sean necesarias para poder ser creativos. Lo único que se necesita para crear es sentarse a trabajar, vencer esa sensación de inseguridad que surge cada vez que vamos a hacer algo creativo. Después de todo, siempre que hacemos algo creativo existe el riesgo de que no vaya a funcionar. Esto puede ser una experiencia bastante incómoda.

Decir que la inspiración no ha llegado no es más que una excusa. Es una manera de evitar la responsabilidad de traer algo nuevo al mundo. Es la máscara tras la que tantas veces nos escondemos para no correr el riesgo de probar algo nuevo que pudiera fracasar. Aunque sé que la presión de estar sentados frente a una página en blanco (literal o metafórica) es grande, no debemos sucumbir. El mundo necesita de nuestra creatividad y de nuestros proyectos. La única manera en que constantemente podremos cumplir es aceptando que la inspiración no “llega”, se crea.

Adelante, no es tan malo como parece

Los miedos más grandes que tenemos usualmente vienen de historias que creamos en nuestras cabezas. Rara vez las cosas son en realidad tan malas como nos las imaginamos. Esto no solo es cierto cuando pensamos en situaciones altamente riesgosas. También aplica en las más triviales actividades de nuestro día a día.

Esta semana he estado prestando especial atención a por qué hay ciertas actividades que me digo que voy a hacer y simplemente no hago. ¿El común denominador qué encontré? Cuando pienso en empezar cada una de estas actividades genero una sensación de incomodidad dentro de mí.

¿Cuál fue el aprendizaje de estar observando mi comportamiento durante la semana? Que 9 de cada 10 veces mi reacción era completamente desproporcionada a lo que en realidad había que hacer. Y esto no es todo. También encontré que mientras más tiempo paso paralizado pensando en lo “terrible” que va a ser hacer lo que sea que me he propuesto, más intensa se vuelve mi sensación de incomodidad —un verdadero círculo vicioso.

¿Qué consejo les puedo dar? Adelante, no es tan malo como parece. No hay nada peor que sentarse a fantasear sobre lo que el cliente te va a decir en esa llamada difícil que necesitas tener. Ese problema que nunca antes has resuelto no se va a resolver solo e ignorarlo hasta última hora lo único que va a hacer es restarte tiempo para poder pensar en la mejor solución. Es reporte que es difícil de cuadrar no requiere de tanto tiempo como tu cerebro, ya en estado de pánico, te está diciendo.

La acción es el mejor antídoto para la parálisis. Ahora es momento de hacer y postergar lo inevitable no ayudará en nada. Esta manera de actuar tan solo alimentará ese monstruo ficticio que está rondando en tu cabeza. Es hora de hacer. El único camino es hacia adelante. No tengas miedo, no es tan malo como parece.

Dejar que el tiempo vuele siempre es una opción

Aburrimiento. Ganas de no querer hacer nada. Sentir que cada minuto es eterno y que el fin de la eternidad nos destruye en cada segundo. Todas estas son sensaciones que experimentamos porque así lo queremos.

Emoción. Querer que este instante dure para siempre. Sentir las ganas de querer quedarse justo en donde se está hasta el fin de todos los tiempos. Todas estas son emociones que también experimentamos porque así lo queremos.

Ya que el tiempo no puede cambiar su naturaleza lo único que determina como experimentamos su paso es nuestra propia percepción. Los minutos en los que deseamos que el reloj se acelere son idénticos a aquellos en los que quisiéramos que el tiempo se detuviera. No existe diferencia alguna. Nuestra experiencia únicamente depende de como escogemos utilizar el tiempo que se nos ha regalado.

Creo que es una buena apuesta decir que la mayoría de nosotros queremos sentir que el tiempo vuela. Queremos estar sumergidos en esa sensación de querer más y no querer que el presente termine. Queremos estar enfocados, metidos completamente en lo que estamos viviendo ahora. No queremos estar aburridos o deseando estar en algún otro momento en el tiempo.

En mi experiencia hay actividades que son más conductivas a generar esa sensación de plenitud y bienestar justo en el momento presente. Se las comparto para que ustedes puedan tomarlas como base y luego puedan escribir su propio listado de actividades que hacen que su tiempo vuele:

  • Meditar
  • Hacer ejercicio cardiovascular durante tiempos prolongados de tiempo
  • Hacer alguna actividad creativa que de interés (escribir, hacer una presentación, programar, resolver algo) en la computadora mientras se escucha música que nos gusta con audífonos
  • Tener una buena plática con alguien que nos importa
  • Practicar un deporte que nos apasiona a alto nivel
  • Armar un rompecabezas
  • Leer un buen libro con una taza de café al lado
  • Escribir
  • Hacer música
  • Ver el mar

Cosas que hacer creo que no nos hacen falta. Cada quien tendrá sus favoritas. Todos tenemos a nuestra disposición una infinita gama de posibles actividades que nos dejarán sentir que el tiempo vuela. Lo que a veces no tenemos son las ganas de hacerlas. Esto es ridículo. ¿Por qué pasar el tiempo estando aburridos cuando podemos vivir cada instante llenos de emoción?

Inspirado en Time Stand Still de Rush:

El miedo de saber para a donde ir

Antes de empezar a caminar es importante saber hacia a dónde se quiere ir. Caminar sin rumbo, al igual que las hojas que el viento sopla en otoño, no es para lo que los seres humanos fueron creados.

Todos, absolutamente todos, tienen la libertad de trazar el camino que quieren seguir en sus vidas. Nadie tiene por qué enfrentar un destino predeterminado —tal cosa no existe. Nada está escrito y aunque tanta libertad puede ser aterradora es precisamente ahí, en el infinito mar de opciones, en donde la esencia de la vida se puede encontrar.

Saber para a dónde ir necesariamente implica decidir. Ante todos los posibles caminos se deberá elegir uno y todos los demás serán descartados. Sí, ahí está una vez más el miedo de tomar una mala decisión. Pero, ¿Qué es preferible? ¿Terminar en un lugar al azar o vencer el miedo de decidir hacia dónde se quiere ir?

Un inventario de proyectos en 5 simples pasos

Cuando se trata de proyectos la calidad es más importante que la cantidad. Todos tenemos un tiempo finito en esta tierra y la cantidad de proyectos en los que podremos trabajar es limitada.

Hay pocas cosas con las que recomiendo ser egoísta. El uso del tiempo es una de ellas. No tiene sentido trabajar en proyectos que realmente no nos apasionan. Tan solo le quitan el poco tiempo que tenemos a aquellos que sí realmente nos mueven.

Es por esto que propongo que toda persona que se quiera sentir realmente satisfecha haga un inventario de proyectos. Este proceso no debe ser para nada complejo. Creo que con el simple hecho de tan solo tener consciencia de cuales son todos los proyectos en que se está trabajando se puede lograr un gran avance.

Para aquellos de ustedes que quieran algo un poco más estructurado les dejo una simple lista de 5 pasos para que puedan hacer su inventario de proyectos:

  1. Hacer una lista que contenga todos los compromisos que se han adquirido.
  2. Distinguir cuales de ellos son tareas y cuales sí son proyectos.
  3. Para ls proyectos, clasificarlos en: Familia, Hobbies, Crecimiento Personal, Profesionales.
  4. Asignar un número del 1 al 10 sin utilizar el 7 a cada uno de los proyectos donde 1 es muy poco entusiasmo por el proyecto y 10 es el máximo entusiasmo que una persona puede sentir por estar trabajando en algo.
  5. Quédate con los proyectos que tengan una puntuación de 8 o más. Descarta los demás.

Es muy probable que la cantidad de proyectos resultantes al final de este proceso de inventario sea muy pequeña. Eso está bien. Recuerda, tenemos poco tiempo en este mundo y cuando hablamos de proyectos la calidad es mejor que la cantidad. Si te quedas con pocos proyectos tendrás más tiempo para trabajar en cada uno de ellos.