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Etiqueta: creencias

Pensar afuera de la caja

Esta expresión de pensar fuera de la caja está bastante trillada. Se utiliza para casi cualquier situación que requiere algún cambio. En la mayoría de casos se refiere a encontrar una manera diferente, poco intuitiva de hacer las cosas. Siempre se usa en referencia a tratar de resolver un problema externo. La expresión utilizada de manera tradicional asume que la caja está “allá afuera”.

Pero la caja más grande de todas está adentro de nuestras cabezas. El pensar afuera de esta caja interna es donde están las más grandes oportunidades. Pensar afuera de la caja de nuestra propia programación implica:

  • Cuestionar nuestras creencias más personales que consideramos intocables. Aquellas que cuando alguien cuestiona perdemos el control.
  • Imaginar cómo serían nuestras vidas si aceptáramos que el mundo funciona de una manera distinta a la que nosotros consideramos verdadera. No siempre tenemos la razón.
  • Escuchar a los demás abiertamente para construir una autoimagen más real de nosotros mismos. No somos lo que creemos que somos.
  • Llegar más allá de nuestros miedos más grandes para ver las cosas como son y no verlas de una manera que nos hace sentir seguros. El mundo no es tan amenazador como creemos.
  • Reconocer que la mayoría de nuestras acciones son producto de una programación instalada por nuestras familias y sociedad desde antes de que tuviéramos completo uso de razón. Actuamos de maneras mucho más reactivas de lo que creemos. Nuestra “libertad” de acción es más limitada de lo que creemos.

La caja está adentro de nosotros, no afuera. Si logramos pensar más allá de nuestra propia programación, la cual es invisible, entonces estaremos realmente pensando afuera de la caja.

Amor propio, dolor y un Hot-Dog

Acabo de leer una historia que por alguna razón conmovió hasta lo más profundo de mi ser:

Una familia sale a cenar. Cuando llega la mesera cada uno de los papás pidió su orden. Un segundo después su pequeña hija de 5 años con mucha ilusión también hizo su pedido: “¡Yo quiero un hot-dog, papás fritas y una Coca-Cola por favor!” “Claro que no,” interrumpió inmediatamente su papá y volteando a ver a la mesera agregó, “Ella comerá un pastel de carne, puré de papás y leche”. Volteando a ver a la niña con una sonrisa la mesera le dijo, “Cariño, ¿Que quieres que le agregue a tu hot-dog?” Después de que la mesera se retiró, la familia permaneció sentada en silencio y en shock. Unos minutos después la niña con brillo en sus ojos dijo, “Ella piensa que yo soy real.”

— Jack Kornfield y Christina Feldman

¿Qué es lo que exactamente me pegó de la historia? Todavía no lo he logrado terminar de comprender pero de alguna manera me sentí muy relacionado con la niña y esa sensación de ser “invisible”, de no pertenecer.

Creo que todos hemos tenido una serie de experiencias que han contribuido a formar una narrativa dentro de cada uno de nosotros que nos dice algo parecido a, “No soy suficiente, algo me hace falta para poder pertenecer, para ser tomado en cuenta.” Al menos así es como pienso muchas veces yo. No es divertido.

Puede ser difícil de aceptar pero creo que después de muchos años de estar reforzando este tipo de narrativas adentro de nuestras cabezas podemos llegar a desarrollar un rechazo interno hacia nosotros mismos.

Esta es una de las más grandes tragedias que podemos experimentar como seres humanos, no querernos tal y como somos. Creer que estamos fundamentalmente incompletos y que no merecemos amor es una fuente de sufrimiento inmensa que se puede llegar a erradicar.

Después de todo, esas creencias se aprenden a través de vivir historias como la de la niña y su hot-dog. Cuando algo se aprende, también se puede desaprender.

Cuando finalmente se ve lo que no se puede ver

Todos hemos estado ahí. Alguien nos ayuda a ver algo que era invisible para nosotros y una vez que lo logramos ver no lo podemos dejar de ver jamás. Nuestras vidas no volverán a ser las mismas. Este es el poder de los cambios de paradigma.

Todos tenemos un set de creencias fundamentales de cómo consideramos que funciona el mundo. Todo lo que creemos verdadero y posible en el mundo lo construimos sobre estas hipótesis que creemos que son verdades. No podemos ver nada que esté más allá de estos paradigmas y todas nuestras acciones reflejan la congruencia de estas creencias. Es decir, no nos podemos comportar de una manera que no esté alineada con nuestras creencias fundamentales —si creo que soy malo para matemáticas no podré resolver problemas matemáticos.

Un ejemplo nunca está de más. Si yo tengo la creencia de que solo las personas extrovertidas son buenas para vender y resulta de que yo soy una persona introvertida, sin duda alguna tendré problemas para vender cualquier cosa. Es más, ni siquiera intentaré aprender a vender. Pero, ¿Qué pasa si en realidad vender tiene que ver más con la cantidad de tiempo, esfuerzo y estudio que alguien le dedica a ser un buen vendedor que con el tipo de personalidad que tiene? Entonces me habré perdido de poder llegar a ser un gran vendedor simplemente por que no podía ver que con tiempo y esfuerzo lo podía lograr. Para mí ser un gran vendedor simplemente no era posible por qué creía que mi personalidad no era la adecuada.

Y así una y otra vez estaremos chocando contra las paredes invisibles de como creemos que funciona la realidad hasta que una experiencia o una buena conversación con alguien nos ayuda a ver un poco más de cerca lo que es real y nos hace un poco más visible aquello que no se puede ver.

Rendirse no es una opción

Es el medio tiempo del Super Bowl LV y todo parece apuntar a que Tampa Bay va a ganar el juego. Kansas City se ve vulnerable por las lesiones en su línea ofensiva y su estado anímico está mal. Han cometido muchos errores mentales que han terminando en penalidades que han beneficiado a Tampa Bay.

Mientras escribo esto los Chiefs tienen 15 minutos para reagruparse y recordar que rendirse no es una opción. Si aún quieren ganar no se pueden sabotear, a nivel subconsciente, a ellos mismos. No pueden creer en la narrativa que dice que no pueden ganar sin sus jugadores lesionados. No pueden dejar que su frustración los siga llevando a tomar decisiones que perjudican a su equipo. No pueden creer que no le pueden ganar a un equipo con la leyenda de Tom Brady al frente.

Si logran hacer esto aún existe una pequeña posibilidad de que puedan ganar. Lo que no pueden hacer es rendirse porque si deciden hacer eso este juego ya se acabó.

A veces gana y a veces se pierde pero cuando se pierde siempre se puede perder con dignidad y esto significa no tomar el camino más fácil. Para siempre tener la cabeza en alto, independientemente del resultado final, hay que decidir que rendirse no es una opción.

Las promesas que más debes de sostener

Las promesas que más debes de sostener…

…son aquellas pequeñas promesas que haces contigo mismo. Cosas como “mañana me despertaré temprano a hacer ejercicio”, “ya no voy a comer tanta azúcar”, o “ahora sí haré el reporte que debo entregar”, etc.

Estas pequeñas promesas que nos hacemos todos los días, y que muchos rompemos a diario, son la razón por la que muchos de nosotros dejamos de creer en nosotros mismos. ¿Qué tipo de confianza puedo tener en mí cuando sé, por experiencia de primera mano, que rara vez cumplo lo que digo?

Para desarrollar confianza interior en nosotros mismos es necesario reconstruir nuestra palabra interna. Empezar a reprogramar nuestro cerebro y mostrarnos que cuando decimos que vamos a hacer algo, esto sucederá.

El camino para lograr recuperar esa confianza en nosotros no es complicada pero tampoco es fácil. Requiere de constancia, perseverancia y de mucha disciplina. Es un proceso de condicionamiento que es bastante simple pero, una vez más reitero, no es fácil.

Todo lo que hay que hacer es escoger una actividad que podamos hacer todos los días. Debemos tener todos los recursos necesarios para completarla a diario y no puede depender de otras personas. Debe ser algo simple de hacer. Luego debemos hacer una promesa con nosotros mismos de que pase lo que pase, haremos esa actividad todos los días —sin excepción alguna. Luego simplemente debemos cumplir nuestra palabra y hacerla todos los días. Eso es todo.

Después de un tiempo empezamos a internalizar que esta promesa particular que nos hicimos se cumple día tras día. Y con el paso del tiempo empezamos a creer cada vez más en nosotros mismos. Después de un tiempo de no fallar cambiamos por dentro y empezamos a creer en que lo que decimos que haremos sucederá porqué sabemos que somos personas que sostienen su palabra.

Como referencia les comparto que yo estoy escribiendo y publicando un post al día (288 días sin fallar), meditando por lo menos 20 minutos cada día (322 días sin fallar) y leyendo por lo menos 10 minutos cada día (364 días sin fallar).

Aprender a vender

La gran mayoría de personas, si le preguntamos si son buenos vendedores, nos repondrían que no. Una cantidad aún mayor de personas nos dirían que no les gusta vender. Estas son dos de las creencias que más limitan lo que una persona logra hacer con su vida.

¿Te puedes imaginar como sería tu vida si pudieras vender lo que quisieras? Imagina vender tus ideas y tus proyectos para enrolar a otras personas a que colaboren con lo que es importante para ti. Imagina poder vender un producto que te cambió lavada y ayudar a otros a tener el mismo cambio que tu tuviste. Imagina venderle a tu familia ese cambio de país que sabes que cambiaría su vida para siempre. Imagina ser el vendedor estrella de tu compañía y poder ganar más dinero del que jamas imaginaste con tus comisiones.

La realidad es que lo sepas o no, todo el tiempo estás vendiendo. Siempre estás buscando convencer, persuadir o enrolar a los demás en lo que quieres. Vender no es solo el acto de intercambiar un producto o servicio por dinero. Vender es contar una historia que resuena con otra persona y que la lleva a ver el mundo de una manera muy similar a la nuestra. Nos alinea.

Vender es un arte y abre un mundo de posibilidades. Saber vender no es una lotería que que alguno han ganado al momento de nacer. Saber vender es algo que se aprende, es algo que todos podemos hacer. Saber vender es una decisión.

El primer paso es reconocer que ya sabes vender. Lo haces todos los días. El segundo paso es olvidarte de la falsa creencia de qué vender es algo que se trae y que no se puede aprender. El tercer paso es perder el miedo al rechazo y a que te digan que no —esto no solo es útil en las ventas. El cuarto paso es practicar y practicar. El quinto paso es disfrutar de tu nueva vida.

Hijo, entiendo por qué te es imposible creer en algo que no has visto

Hoy empieza la NLDS (Playoff divisional de la Liga Nacional de Baseball). Los Chicago Cubs son mi equipo favorito. Ganaron el campeonato mundial el año pasado. En el 2,015 llegaron a la segunda ronda de Playoffs.

Mi hijo Christian está por cumplir 8 años la semana que viene. También le gusta mucho el Base Ball y los Chicago Cubs. En el 2,015 tenía 5 años. Desde que tiene uso de razón los Cubs han estado llegando a los Playoffs. Es natural que me haya hecho el comentario que me hizo hace un par de días: «Papi, que bueno que le vamos a un equipo taaaaan bueno que siempre llega a Playoffs!».

Para aquellos de ustedes que no sepan, el año pasado los Cubs tenían 108 años de no ganar una Serie Mundial. Yo, a mis 41 años, estaba empezando a creer en que era posible que yo NUNCA los viera ganar. 108 años! Saben cuanta gente SI murió sin verlos ganar. Y tampoco es que en esos 108 años estuvieran cerca muy seguido. Ni de chiste. Fue un tiempo muy, muy duro. Ahora, ¿como le transmito todas mis experiencias a mi hijo para que el pudiese entender de la misma manera que yo lo especial que estos últimos 3 años han sido para mi, para el equipo y para todos sus seguidores? Imposible!

En el momento que mi hijo me dijo «siempre llegan a Playoffs!» mi primer reacción fue enojarme. Por dentro yo pensaba ¿que te pasa? ¿no sabes lo que ha costado llegar acá? Las cosas no siempre han sido así! Esto es especial! No siempre ha sido así!!!

Y realmente pasé varios días examinando por qué pensé de esa manera. Esto es lo que encontré:

  1. Al igual que yo, el estaba usando la palabra «siempre» en términos de su limitada experiencia en este mundo.Todos tenemos experiencias limitadas en el mundo. No podemos vivirlo todo. Esto nos hace únicos. Y ojo, por limitada no solo me refiero al tiempo de vida sino también a lo que una persona ha sido expuesta. Por ejemplo, pudiera haber una persona de 70 años que empezará a ver Base Ball hace tres años y probablemente hubiera pensado igual que el: «Este equipo siempre ha sido bueno.» Solo podemos ver el mundo en base a lo que hemos vivido.
  2. Nos es muy difícil, de hecho casi que imposible, ponernos en los zapatos de otra persona. Más aún si nunca hemos vivido una experiencia similar a la que la otra persona está experimentando. Por eso creo que es tan importante tratar de vivir cuantas experiencias distintas nos sea posible. También es muy importante reconocer que NINGUNA otra persona puede ver el mundo igual que nosotros. Lo bailada nadie te lo puede quitar.
  3. Creo que es naturaleza humana ir construyendo conocimiento en base a lo que vemos y vivimos en carne propia. El conocimiento teórico nos puede dar una vaga idea de algo pero la integración profunda de lo que algo realmente es tan solo puede venir del contacto directo con ese algo. El laboratorio es mil veces mas efectivo que la biblioteca.
  4. Realmente la escasez es lo que hace las cosas valiosas. No quiero decir que mi hijo no esté disfrutando el éxito del equipo. Lo que si estoy diciendo es que la anticipación, desilusiones y por qué no decirlo, el dolor de todos esos años que yo viví, le dan un sabor distinto a la cosa! Apreciamos mas las cosas que cuestan que las que nos vienen fácil.
  5. Es importante que practiquemos la apreciación para poder disfrutar lo que tenemos. Creo que esta simple práctica nos hace mucho más felices y al menos yo, la práctico muy poco. De esta manera podremos apreciar lo que tenemos sin importar que siempre lo hayamos tenido. Lo que tenemos lo valoramos directamente proporcional a cuanto lo apreciemos. Siempre podemos decidir cuanto apreciamos cualquier cosa.

Hijo, ahora entiendo por qué te es imposible creer que lo que estamos viviendo por tercer año consecutivo es algo especial.

Go Cubies!