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Etiqueta: cambio

Aceptación no es indiferencia

El mundo siempre seguirá su camino y los eventos seguirán ocurriendo. La historia se desenvolverá sin tomar en cuenta los intereses personales de nadie. Entonces, ¿Por qué insistimos en poner resistencia?

Resistirnos a que las cosas sean como son nos genera ansiedad y muchas veces enojo. Esta sensación de que el mundo está mal y nosotros estamos bien es muy desgastante. Hay una manera mucho más efectiva de lidiar con aquello que no está alineado con lo que queremos —aceptarlo.

Aceptar las cosas como son es tan difícil porque estamos programados para creer que aceptar algo es lo mismo que ser indiferentes ante ello y que por ende no haremos nada para cambiarlo. Esto no es cierto.

Aceptar las cosas como son es reconocer que algo está pasando y que es independiente de nuestros intereses o expectativas. El evento que ocurre es siempre ajeno a nosotros y a lo que queremos que ocurra. Esta es la naturaleza del mundo en que vivimos.

Si lo que está ocurriendo no nos agrada siempre podemos decidir querer cambiarlo. Y para cambiarlo no tenemos que resistirlo ni luchar en contra de ello. Lo debemos aceptar tal y como es, entenderlo y estudiarlo. Verlo como algo perfecto que simplemente no encaja con lo que queremos. Solo entonces podremos encontrar como participamos en la situación que queremos cambiar y trabajar para dirigirla un poco más cerca hacia donde queremos que vaya.

El proceso es gradual

Esta es una de las cosas que más me cuesta manejar en mi vida —aceptar que el proceso de mejora es gradual. Me cuesta mucho sentirme cómodo cuando yo o alguien más hace algo por primera vez y el resultado no es “el mejor”.

Por alguna razón que aun no he logrado comprender siento una necesidad muy intensa de que las cosas tengan un alto grado de perfección desde su concepción. Quiero todo de una vez. Me cuesta encontrar comodidad en aceptar que el proceso de mejora es gradual.

Nada en este mundo va de 0 a 100 en un instante. Todo necesita de aceleración y tiempo para llegar a su máxima expresión —especialmente el aprendizaje y la evolución. Tengo que dejar de pretender que yo soy el catalizador que puede romper con esta ley natural.

Sé que esto no quiere decir tolerar un paso de tortuga y el constante tropiezo contra la misma piedra una y otra vez. También sé que llevar un ritmo constante es mucho mejor que hacer un sprint corto e inmediatamente después querer abandonar la carrera. Sé que el proceso es gradual para todo, incluso para poder cambiar mi limitación de querer que todo sea perfecto desde la primer vez.

Lo difícil es bueno

La verdad es que si fuera fácil cualquiera lo podría hacer. ¿Con cuánta gente tendrías que competir si todos pudieran hacer eso que estás soñando construir? Cuando algo es difícil se vuelve escaso y por ende valioso. Que eso que quieres sea difícil es bueno.

Es bueno por qué solo las personas tan dedicadas como tú pueden aspirar a lograrlo. Son muy pocos los que lo pueden lograr. Es bueno por qué usualmente cuando algo es difícil es por qué el resultado vale la pena. La recompensa al final de un camino difícil no solo puede cambiar el mundo, también te puede cambiar a ti para siempre.

Que algo sea difícil es una buena noticia. Quiere decir que estás trabajando en algo te te está poniendo a prueba. Que vas a crecer durante el proceso independientemente del resultado que llegues a tener. Quiere decir que no estás haciendo algo a medias y que estás buscando hacerlo con excelencia. También quiere decir que lo que has decidido hacer es algo importante. Y trabajar en algo importante es lo que le da significado a tu vida. Trabajar en algo difícil te da propósito a ti y a los que trabajan contigo.

El mundo necesita, hoy más que nunca, que haya personas trabajando en los problemas más difíciles que tenemos que resolver. ¿Quién va a coordinar a los vecinos del condominio para que se pueda construir el parque en donde los niños pueden jugar afuera? ¿Quién va a fundar esa empresa que le va a dar empleo a 6 personas muy capaces que hoy están buscando ingresos? ¿Quién va a abrir ese restaurante que incentiva a sus visitantes a comer saludable? ¿Quién va a encontrar la cura definitiva al cáncer? ¿Quién va a componer esa canción que motivará a toda una generación a cambiar el curso de la historia?

Hay muchas cosas difíciles por hacer y por definición hay pocas personas para hacerlas. Mi intención hoy es hacer la difícil tarea de lograr que alguien que lea esto empiece a ver las dificultades que tiene enfrente como buenas noticias y resuelva un problema para que el mundo sea un poco mejor.

Una nueva etapa

Una nueva etapa, ya sea en el mundo profesional o personal, es usualmente detonada por un cambio en la manera de pensar. Algo hace “click” y no hay marcha atrás. Las excusas se desvanecen y con una convicción inquebrantable nos lanzamos hacia el gran vacío de lo desconocido.

La siguiente etapa de tu vida te está esperando. Bueno, está más bien esperando que cambies tu manera de pensar. Mientras sigas viendo el mundo con los mismo ojos, seguirás defendiendo que las cosas sigan como están. No podrás hacer los cambios fundamentales que son necesarios para arrancar la nueva etapa de tu vida.

En términos prácticos, arrancar una nueva etapa tan solo requiere de una decisión. La decisión tan solo se puede tomar después de haber cambiado tu manera de pensar. Muchas veces basta con decir “suficiente” o “ya no más”. Otras veces se necesita un “quiero más de mi vida” o “sé que hay algo más para mi”. Sea la situación que sea, la nueva etapa que te está esperando está justo al otro lado de ese miedo que no te está dejando cambiar.

Es fácil perderse

Lo único que hace falta es tomar una una mala decisión y todo puede acabar. Nuestras vidas, tanto literales como metafóricas, son extremadamente frágiles. He visto una y otra vez como personas, tras una “mala racha” de decisiones, se colocan en posiciones muy difíciles. Es tan fácil perderse…

Cada uno de los caminos que decidimos seguir tiene destinos totalmente distintos. Puede ser que no lo veamos en el momento pero cada decisión que tomamos, sin importar lo insignificante que parezca en el momento, está determinando de alguna manera el resto de nuestras vidas. Debemos ser cautelosos, muy cautelosos.

Darnos cuenta y aceptar que existe un “efecto mariposa” en cada decisión que tomamos nos ayuda a construir una mejor vida. Primero, a travez de un beneficio interno. Internalizar esta fragilidad nos ayuda a reflexionar un poco más sobre las decisiones y acciones que tomamos en nuestras vidas. Empezaremos a buscar y luchar por seguir caminos que llevan a mejores lugares.

Segundo, por medio de un beneficio externo. Entender lo fácil que es perderse y reconocer que nosotros mismos podemos caer en cualquier momento nos regala una mayor empatía para con los demás. La compasión que podemos experimentar por una persona que ha cometido errores se multiplica. En general, nuestras relaciones con otras personas mejoran. Un mundo de ayuda y unidad se abre ante nosotros. Es algo verdaderamente maravilloso.

La fragilidad y poder que cada decisión que tomamos tiene pudiera parecer algo peligroso que debiéramos querer evitar. Y sí, como ya lo mencionamos, debemos ser cautelosos. Pero todas las monedas tienen dos lados. Al igual que cada decisión puede acabar con todo, una buena decisión también puede dar a luz a una nueva vida en cualquier momento. Una vida mejor que cualquier otra vida que nos pudiéramos haber imaginado. La decisión correcta le puede dar vuelta a la vida más complicada en un instante. Usualmente esta decisión es comprometerse a cambiar.

Si, es fácil perderse, pero es igual de fácil encontrar la luz. Solo debemos saber escoger.

¿Qué hace falta?

Veo tantas personas luchar con comportamientos que no necesariamente les son beneficiosos. ¿Podrá ser que estos comportamientos se originen por qué algo más les esté haciendo falta? Yo pienso que sí.

Imaginemos un niño que pasa una cantidad de tiempo desproporcionada jugando videojuegos. Lo mas probable es que algo le haga falta y lo esté compensando con el videojuego. Por ejemplo, puede ser que el niño esté extrañando jugar con sus amigos en el colegio o que le haga falta una rutina familiar que perdió por qué alguien se mudó lejos de su casa. Al momento de restablecer cualquiera de estas rutinas, el problema del videojuego desaparecerá inmediatamente.

Lo mismo ocurre con los adultos. He tenido mucha experiencia, tanto personal como a través de otras personas, con la bebida. Creanme, tomar demasiado siempre es un efecto de una carencia interna. Una vez la carencia interna es resuelta, el problema de la bebida desaparece. Lo mismo ocurre con el cigarro, las drogas y otros comportamientos nocivos. Siempre hay algo más que hace falta.

¿Y que son estas cosas que hacen falta? Usualmente son cosas como amor propio, autoestima, motivación, paz, reconocimiento, plenitud, felicidad, etc. Me resulta muy difícil visualizar a una persona que se tenga mucho amor propio auto-destruirse con drogas. No creo que una persona con profunda paz interior recurra a los cigarros para sentirse tranquila. No creo que alguien con un alto grado de motivación tenga problema para hacer ejercicio.

Por ejemplo, puede ser que una persona con sobrepeso y que no puede empezar una rutina de ejercicio esté buscando sentirse parte de un grupo de personas que buscan llevar vidas saludables. A lo mejor es posible que lo que le haga falta es un sentido de pertenencia a aquello que anhela alcanzar.

Esta manera de pensar nos ayuda de tres maneras. Primero, nos ayuda a no juzgar a las personas que tienen problemas cambiando comportamientos destructivos. Segundo, nos da una base sobre la cual empezar a ayudar a alguien que quiere cambiar algún aspecto de su vida. Y tercero, si hay algo que queremos cambiar en nuestra propia vida, nos invita a preguntarnos, ¿Qué es aquello que nos está haciendo falta?

Sé más fuerte que el acero

El acero es capaz de resistir ante grandes fuerzas. Permanece intacto en condiciones extremas. Muchas personas viven así sus vidas. Son inflexibles e incapaces de adaptarse a lo que sucede a su alrededor. No importa cuánta fuerza les aplique su entorno, no se moverán. Les resulta imposible cambiar su forma de pensar. Les cuesta aprender.

Este comportamiento genera mucho dolor y ansiedad en momentos de cambio o transición. Ellos siguen ahí, sin cambiar, hasta que un día se dan cuenta que quienes siguen siendo se ha vuelto irrelevante para el mundo donde les toca vivir.

Lo que nos trajo hasta acá no nos llevará hacia allá. Lo que funcionó en el pasado puede no funcionar en el futuro. Resistirse ante las fuerzas del cambio puede dar una falsa sensación de seguridad, pero seguir siendo el mismo en un entorno totalmente diferente es un riesgo que no se recomienda correr.

Muchas veces la fuerza es debilidad. La verdadera fuerza está en la vulnerabilidad de poder ver hacia adentro y tener la humildad de querer cambiar. La fuerza viene de ver los miedos más profundos que un ser humano puede sentir y caminar hacia ellos con los ojos cerrados confiando en que todo va a salir bien.

El mundo en que vivimos es cambiante por naturaleza. La evolución es real y el que mejor se adapta sobrevive. No tiene mucho sentido vivir rígidos como un pedazo de acero cuando nacimos para ser maleables como el agua.

Por qué cuesta cambiar la situación actual

Cuando una empresa quiere cambiar, lo primero que necesita hacer es un análisis profundo y muy real de su situación actual. Esta tarea no debe ser tomada a la ligera ya que mientras más real sea el análisis, mejor será el punto de partida desde donde se iniciará el proceso de mejora.

No tener clara la situación actual genera falsos supuestos sobre qué necesita cambiar. Si la empresa arranca un proceso de cambio sobre supuestos falsos acerca de su situación actual, estará trabajando en cambios que no darán los resultados deseados.

Es como querer manejar de una ciudad a otra y trazar la ruta asumiendo que se está saliendo de una ciudad que no es en la que realmente se está. Cuando no se sabe de dónde se está partiendo, es imposible llegar a donde se pretende arribar.

Todo cambio empieza con aceptar la situación actual. Y no uso la palabra aceptar por casualidad. La parte más difícil de entender una situación es aceptarla. Cuando el análisis de una empresa no es realista, rara vez se debe a una falta de habilidad o falla en el proceso. Típicamente el análisis no es realista simplemente por qué a el equipo ejecutivo le duele ver la realidad tal y como es.

Nuevos horizontes

Hoy, desde donde estoy parado, puedo ver nuevos horizontes. Nuevas maneras de hacer las cosas y cientos de posibilidades que nunca antes había contemplado. Estoy empezando a entender algunos de los cambios que se han dado en el ambiente.

Conforme empiezo a levantar la cabeza para planear mis siguientes pasos veo un mundo totalmente cambiado. Cambiado por el miedo, cambiado por la pobreza. Es doloroso ver el impacto que estos últimos meses han tenido a mi alrededor.

Pero con todo cambio nacen oportunidades. Y los que estamos aún de pie tenemos las responsabilidad de aprovecharlas para construir un mundo mejor. Un mundo nuevo donde la tecnología nos lleve a todos más lejos de lo que jamas creímos posible.

Nos es momento de olvidar a nadie. Todos estamos juntos en el mismo barco. Quien no lo vea así, está negando la realidad. Es momento de construir y cuestionar. Ha llegado la hora de encaminarnos hacia los nuevos horizontes.

Y en este nuevo camino debemos tener mucho cuidado de aprender de los errores que hemos cometido en el pasado y no volver a caer en las mismas trampas otra vez. Solo debemos llevar con nosotros aquello que nos sea de utilidad en el futuro que queremos construir. Todo aquello a lo que estamos apegados pero ya no sea relevante en el mundo que tenemos que construir, lo tenemos que descartar sin piedad.

Los nuevos horizontes se pueden empezar a ver. Llegar a ellos parece ser un reto sin igual. Sin duda alguna, nos espera mundo fenomenal. ¿Quién quiere ir para allá conmigo?

Como nos veíamos unos meses atrás

Tan solo hace unos cuantos meses atrás todo era diferente. Yo era diferente. Tú eras diferente. El mundo ha cambiado tanto que cuesta reconocerlo; a estas alturas probablemente nosotros también ya somos irreconocibles.

El ser humano tiene una capacidad casi infinita de adaptarse a su entorno. Los seres humanos se han adaptado a vivir en todo tipo de ambientes como: cárceles, desiertos sin agua, planchas de hielo con solo 6 meses de sol al año, lujosos apartamentos, trincheras en la guerra, junglas en el amazonas y zonas rojas que no debieran existir.

Por supuesto que no debe ser una sorpresa que después de 2 a 4 meses de cuarentena ya estamos adaptados a las nuevas condiciones de vida que el Covid–19 vino a imponer.

Estoy convencido que estás nuevas condiciones de vida en pandemia traen los regalos de grandes lecciones y aprendizajes escondidos en su interior. Recordemos que:

  • Hace unos meses atrás nos poníamos histéricos por qué un paquete de Amazon estaba 1 día atrasado. Hoy nos damos cuenta que aparte de estar un poco incómodos, podemos ir al supermercado en un horario restringido.
  • ¿Recuerdan lo enojados que podíamos ponernos con el retraso de 30 minutos de un vuelo internacional? Hoy podemos aceptar pasar meses sin ver a algunos de nuestros seres más queridos.
  • A principios del 2020 podíamos escupir bilis por que nuestro equipo favorito había perdido y no iba a jugar en la final. Hoy nos damos cuenta que podemos pasar más tiempo conversando con la familia en el fin de semana y que la cancelación de los eventos deportivos no fue el fin del mundo.

En fin, no quiero menospreciar todas las cosas importantes que cada uno de nosotros aprecia y que ha perdido. Pero tampoco puedo ignorar lo “mal acostumbrados” que estábamos a que todo estuviera a nuestra disposición en todo momento.

Estoy aprendiendo que puedo vivir muy bien y muy feliz con mucho menos. Especialmente cuando me detengo a pensar en todos aquellos mucho menos afortunados que yo.

No puedo hablar por los demás, pero si yo me veo como estaba unos meses atrás, debo confesar que me veía como un niño “berrinchudo”.

¿Me quisieran dejar un comentario con cómo se veían ustedes unos meses atrás?