Menú Cerrar

Categoría: salud

Correr como entrenamiento para la voluntad

Aunque en ningún momento me detuve por completo, desde que empezó la pandemia he reducido considerablemente la cantidad de kilómetros que corro a la semana. Y con esa reducción de kilómetros mi resistencia y fuerza también se han visto deteriorados.

Por ejemplo, hoy salí a correr 4 kilómetros. Hace año y medio esta distancia era solo un calentamiento. Hoy fue una lucha constante poder completar esa corta distancia. Y así es, lo que no se usa se pierde. Al mismo tiempo, construir resistencia física requiere de mucha constancia y voluntad. ¿Qué les puedo decir? La resistencia física se pierde en un abrir y cerrar de ojos.

Y así es como hoy llego a hechar de menos algo que ya daba por sentado, una excelente condición física. No me mal entiendan. Para nada estoy mal. Si tuviera que correr 10 ó 15 kilómetros creo que lo podría hacer. Lo único que estoy diciendo es que el precio que mi cuerpo está pagando por cada kilómetro que corre hoy está bastante caro.

Esto no está del todo mal. Creo que es una buena oportunidad para volver de nuevo al principio y no solo ejercitar mi cuerpo sino que también ejercitar mi voluntad. De volver a luchar contra esos pequeños dolores musculares e incomodidades que el cuerpo presenta cuando se le exige un poco más de lo normal. De sentir cómo a veces el aire hace falta y las piernas y la espalda por momentos se niegan a colaborar.

Sí, en estas siguientes semanas correr no sólo será un entrenamiento físico, será un entrenamiento de voluntad. Cuando logramos vencer al cuerpo, también podemos vencer cualquier otro obstáculo que se presente en nuestro camino.

Es momento de volver a trabajar la mente, el espíritu y el cuerpo como uno.

El silencio que habla

Todo el tiempo hay ruido adentro de nuestras cabezas. No importa qué tan recio sea, si no ponemos atención nunca nos daremos cuenta de que está ahí.

Es este ruido el que muchas veces no nos deja pensar con claridad. Es este ruido el que nos confunde y nos genera ansiedad. Es este ruido el que nos habla mañana tarde y noche acerca de todo lo que está mal. Es este ruido el que después de cada fracaso nos grita que no servimos para nada.

Pero hay un silencio muy especial que yace más allá de todo este ruido. Es un silencio maravilloso, tan silencioso que en él siempre se pueden escuchar murmuraos de palabras de sabiduría. Es un silencios que trae consigo paz y tranquilidad, que nos arrulla en sus brazos y nos recuerda que somos algo muy especial.

Hay un silencio que habla, que tiene todas las respuestas y siempre sabe qué decir. No es un silencio vacío, al contrario, es un silencio que está lleno con todo lo que existe en el universo. Es un silencio que si, estamos dispuestos a escuchar que dice, siempre nos servirá de guía en nuestras vidas.

Shhh, calla el ruido. Cierra los ojos. Busca dentro de ti y escucha el silencio que te quiere hablar.

Dolor y meditación

La semana pasada viajé a Birmingham, Alabama para conocer la universidad en donde está estudiando neurociencia mi sobrino (University of Alabama at Birmigham). Después de haber conocido el campus tuvimos una muy interesante conversación en la cual me estuvo contando acerca de un proyecto de investigación en el que está trabajando.

El proyecto consiste en evaluar si la práctica de meditación puede ayudar a personas mayores que tienen artritis a experimentar menos dolor. Los detalles técnicos del experimento no los conozco pero creo haber entendido las generalidades.

Según entiendo, el experimento inicia con una prueba de FMRI (Imagen por resonancia magnética funcional) que se le realiza a todos los participantes. Durante este proceso se puede identificar el grado de dolor siendo experimentado por sus cerebros. Luego de registrar estos datos unos especialistas ayudan a los participantes a desarrollar una práctica de meditación conocida como “mindfullness” y se le pide a cada uno de ellos que practique durante un tiempo determinado.

Al completar su entrenamiento y el período determinado de práctica se le pide a las personas que regresen y vuelvan a hacer otro FMRI para ver si ha habido una variación en su experiencia de dolor. Finalmente se comparan los datos y se busca una correlación entre la práctica de meditación y el dolor siendo experimentado.

Según me cuentan, parece ser que existe una fuerte correlación entre la cantidad de tiempo meditado y la disminución del dolor siendo experimentado. Creo que esto no es una sorpresa para nadie que esté familiarizado con la meditación. Lo que me pareció muy interesante es que ya se esté fusionando la medicina, la ciencia y la tecnología con una práctica milenaria tradicionalmente espiritual como lo es la meditación.

Estoy muy entusiasmado por saber los hallazgos formales del experimento cuando lo terminen. Soy un constante practicante de la meditación y es algo que siempre le recomiendo a las personas que me importan. Creo que les puede cambiar la vida.

Si se llega a determinar científicamente que la meditación puede disminuir el dolor físico que experimentamos, creo que la adopción de la práctica crecerá bastante y muchas personas más podrán experimentar más paz en su interior.

Escuchar con todo el cuerpo

Hoy por la mañana sonó mi despertador a la hora que siempre lo hace. Simplemente no me pude levantar. Me desperté una hora y media después y no salí a correr como lo había planeado hacer. Está de más decir que pasé toda la mañana con remordimiento y cargo de conciencia. “Yo tengo que hacer más y no puedo fallar”, estuvo dando vueltas en mi cabeza sin parar.

Después de almuerzo me seguí sintiendo muy, muy cansado. Hice mi meditación diaria y al terminar, ya en un estado más consciente, pude notar un cansancio muy profundo en todo mi ser. Esta ves ya no pelee en contra de lo que estaba sintiendo y me acosté a descansar. Desperté un poco más de 4 horas después.

Todavía no tengo claro qué es lo que está causando tanto cansancio. Pueden ser varias cosas pero lo que sí sé es que si estoy cansado, debo descansar. No puedo ignorar las señales que mi cuerpo me está enviando. No tiene sentido alguno negar algo que claramente es real y me está afectando.

Durante muchos años, tal vez por qué en ese momento creía era necesario probarme ante todos, ignoré a mi cuerpo, mente y alma. Ya no es algo que voy a seguir haciendo. Hoy entiendo que mi mejor desempeño se da cuando estoy al 100%. Claro, siempre estoy dispuesto a empujar los limites y dar todo lo que tengo pero no cuando estoy consciente de que hacerlo va en contra de mi bienestar.

Cada situación es única y generalizar demasiado nunca es bueno. Tener claro que está sucediendo con mi cuerpo, mente y alma en todo momento es el primer paso para decidir bien. Después, como escribí ayer, si todo está ok ya puedo proceder a actuar. De lo contrario, lo correcto a hacer es descansar y recuperarme para poder dar lo mejor cuando ya esté bien.

La diferencia entre nadar y ahogarse

Los movimientos que hace la persona que se está ahogando son muy similares a los que hace la que está nadando. Ambas tratan de “jalar” el agua con sus extremidades. Las diferencias son imperceptibles.

A simple vista es muy difícil determinar por qué los movimientos que hace la persona que se está ahogando no funcionan. Frenéticamente trata de desplazar el agua para mantenerse a flote y aún así, después de unos minutos, el esfuerzo habrá sido en vano y se ahogará.

Por el otro lado, la persona que nada, realizando movimientos que son muy similares, fluidamente se desplaza por el agua. El esfuerzo es mínimo, la ansiedad prácticamente no existe y el resultado es la vida.

Esta es una analogía perfecta para lo que la meditación puede hacer en la vida de una persona. Las actividades diarias y las presiones siguen siendo las mismas. Los “movimientos” que se hacen día a día no cambian en nada. Es muy difícil distinguir las acciones de una persona que medita de aquellas de alguien que no.

Pero su experiencia interna es radicalmente diferente. Tan diferente como la diferencia entre la persona que nada y la que se ahoga.

Lucidez mental

La mente es el filtro principal por el cual percibimos la realidad. La lucidez de nuestra mente en cualquier momento dado determina nuestra capacidad de interpretación de la realidad. Esto determina la calidad de nuestras vidas. Al final del día, lo único que podemos experimentar son nuestros pensamientos acerca de la realidad.

Todos hemos estado ahí. Después de una larga noche de estudio o de fiesta todo parece moverse a un ritmo diferente. Nos es difícil asimilar todo lo que ocurre a nuestro alrededor y nuestros pensamientos se mueven en cámara lenta. Incluso, nuestros reflejos y reacciones corporales se ven seriamente afectados. Nos encontramos en un pantano mental.

Algunos de los factores que afectan la lucidez mental son la falta de sueño, mala hidratación, carencia de alimentos, falta de ejercicio y altos niveles de estrés.

Si deseamos operar a altos niveles de desempeño es importante monitorear estos factores constantemente y hacer los cambios necesarios para mantener nuestra mente clara, enfocada y lúcida.

El médico antes que el mecánico

Hace unos días escribí sobre cómo cambiar el colchón de mi cama me está ayudando a descansar mejor y cómo el cambio redujo considerablemente el fuerte dolor en mi espalda.

Hoy continue prestándole atención a mi cuerpo y fui a mi primer sesión con un fisioterapeuta. Al igual que el colchón, esta sesión está teniendo un efecto muy positivo e inmediato en mi cuerpo y salud. Parece ser que mi espalda estaba peor de lo que creía.

Y bueno, en el camino de regreso del fisioterapeuta empecé a pensar en cuanto tiempo estuve ignorando las señales (dolor) que mi cuerpo me estaba enviando. Obviamente algo estaba mal y yo persistí, durante más de 6 meses, en ignorar el problema. Luego, por alguna razón, mis pensamientos se fueron a la inmediatez con que reacciono cuando mi carro hace algún ruido o detecto cualquier anomalía. No pasa más de un día antes de que el carro esté en el taller con el mecánico.

Y así cayó la realización y el horror sobre mí. Este montón de metal y plástico, sin vida y reemplazable, recibe mucha mejor atención que mi propio cuerpo. Si el carro necesita algo es imperativo atenderlo. Si mi cuerpo o salud están comprometidos, esto se puede ignorar. En mi mente los objetos materiales le ganaban a la salud.

Definitivamente que esta realización cambiará mi comportamiento de hoy en adelante. Hoy tuve un fuerte cambio de paradigma. Quiero que mi salud sea lo más importante para mí y aunque considero que en general me cuido bastante bien, durante los momentos de lesión o enfermedad tendré mas consciencia priorizar mi salud.

De ahora en adelante iré antes al médico que al mecánico.

Bien de noche, bien de día

Conozco poco los detalles científicos pero por pura experiencia puedo asegurarles que si uno duerme bien, el día siguiente será mejor que si uno duerme mal.

¿A qué me refiero con dormir bien? Quiero empezar por decir que por dormir bien no me refiero a dormir mucho tiempo. Creo que uno puede pasar “durmiendo” mucho tiempo y aún así amanecer cansado. En este departamento la calidad es más importante que la cantidad.

En mi experiencia dormir bien empieza por no despertarme a media noche y poder dormir de corrido hasta el amanecer. Me cuesta mucho quedarme dormido y si me llego a despertar me tardo más de una hora volverme a dormir. También, sé que duermo mejor si la temperatura está fresca, entre unos 14 y 16 grados C. El silencio y la obscuridad son otros dos factores que considero importantes. Si el lugar en donde estoy durmiendo está iluminado, aunque sea un poco, o hay ruidos aunque sean bajos, tampoco descanso bien.

Ahora, para el gran final. Durante los últimos meses he estado despertándome durante la noche con fuertes dolores de espalda. La semana pasada cambié el colchón viejo de mi cama (ya tenía 18 años) por un Simmons BackCare nuevo. ¡Qué diferencia!

Obviamente si estaba durmiendo en un colchón que tenia 18 años no consideraba que esto fuera un factor importante en la calidad del sueño. Qué equivocado estaba. Qué diferencia hace un buen colchón en buen estado. El dolor en mi espalda está disminuyendo dramáticamente pero lo mejor de todo es que no me estoy despertando durante la noche y estoy descansando mucho mejor.

La meditación es el ayuno intermitente para la mente

Es fácil visualizar que cuando comemos demasiado, especialmente si comemos azucares, el cuerpo se siente y pone muy pesado. Cuando espaciamos las comidas, no comemos más de lo necesario y eliminamos comidas “pesadas” nos sentimos mucho mejor.

El ayuno intermitente le da al cuerpo un respiro, un descanso. Le permite desintoxicarse y deshacerse de todo el exceso de químicos que tiene acumulados. El cuerpo se empieza a reponer. Al practicar este tipo de dieta nos sentimos más livianos, más saludables. La salud en general del cuerpo empieza a mejorar. Algo muy similar ocurre con nuestros pensamientos. Ahora comparemos el mundo físico con el mental.

La meditación es el ayuno intermitente de la mente. Cuando estamos pensando todo el tiempo, especialmente cuando tenemos pensamientos negativos, también nos sentimos «pesados». En el momento que el incesante torrente de pensamiento en nuestra mente se detiene, nos sentimos más livianos, más saludables.

Tomar 20 minutos cada día para detener el incansable diálogo interno de nuestra mente nos ayuda de una manera muy similar a la que nos ayuda espaciar el consumo de los alimentos. Nos ayuda a sentirnos más livianos, más saludables. La salud en general de la mente empieza a mejorar.

Hay más enfermedades

Este último año ha sido dominado por la narrativa del COVID. La cobertura mediática, las restricciones de movilidad y la muerte de tantas personas ha hecho que este virus sea el líder de “top of mind” de las enfermedades.

No importa que anomalía pueda uno experimentar en el cuerpo, el primer pensamiento que salta casi que de reflejo es “tengo COVID”. Por ahí escuché a un amigo decir “ya todos tuvimos COVID, al menos en la mente”. Es muy cierto.

Pero hay otras enfermedades que el cuerpo y nuestros sistemas inmunes deben combatir. La comida nos cae mal y nos podemos intoxicar, nos puede dar una gripe común o podemos experimentar un dolor de cabeza. Estadísticamente no se cual sea la probabilidad de que la siguiente enfermedad que una persona contraiga sea COVID pero me imagino que es relativamente baja.

No quiero decir con esto que las medidas de precaución y el nivel de alerta con que nos debemos comportar deben disminuir. Para nada. El COVID es real y nos tenemos que cuidar. Lo único que estoy diciendo es que hay otras enfermedades y eso que estás sintiendo en tu cuerpo puede ser algo que no sea COVID. Hay más enfermedades.