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Categoría: reflexión

Frio afuera, frío adentro

La temperatura afuera baja. Empiezo a sentir frío. El viento sopla y todo está obscuro. El aire gélido hace contacto con mi piel. La noche se abre paso y con cada minuto que pasa la baja temperatura me recuerda lo helado que puede ser el corazón.

Miro a mi alrededor y veo acciones que me cuestan tanto comprender. Hay mucho odio que nace sin razón de ser. Hay miles de oportunidades para ayudar a alguien más, y todas mueren antes de nacer. Hay niños que están creciendo sin amor en su corazón. Hay viejos que están muriendo sin nadie a su alrededor. Cuantas cosas que no están bien.

Realmente no solo hay frío allá afuera, también hay frío en el interior.

Entender el problema (el examen en el que todos sacamos cero)

Cuando la situación apremia, resolver se convierte en un imperativo. Esto es usualmente cierto, aún cuando aún no se sabe cómo resolver la situación. En estos momentos, encontrar una solución se vuelve más importante que entender el problema.

Lo paradójico es que para poder encontrar una solución primero se debe entender cuál es el problema que se quiere resolver. La única manera de poder resolver un problema que no se entiende a fondo es contar con una cantidad desmesurada de suerte. En eso no se puede depender.

Todo esto me lleva a recordar un examen que hice en el colegio. Recuerdo que prácticamente todos sacamos una nota de cero. El examen era largo, muy largo. Nadie lo pudo terminar. Ya ni recuerdo de qué materia era. Lo que sí recuerdo fue la explicación que nos dio el profesor de por qué todos sacamos cero.

Empezó por preguntarnos si alguien había leído las instrucciones al inicio del examen. Toda la “manada” de mentirosos respondimos que sí. Y en esa mentira estaba el gran cero que todos nos merecidamente nos ganamos.

Después de hacernos la pregunta leyó en voz alta las instrucciones que nadie había leído. Las instrucciones claramente decían que no se respondiera ninguna pregunta exceptuando la última (la cual nadie llegó a responder).

El examen era ridículamente largo precisamente para que nadie llegara a esa ultima pregunta. Resulta ser que todas las demás preguntas solo eran señuelos, distracciones. Ninguna de ellas era el problema que realmente había que resolver. ¡Cuánto esfuerzo desperdiciado tratando de resolver el problema equivocado!

Para rematar, la última pregunta era tan fácil de responder. Si tan solo hubiéramos entendido cuál era el problema que teníamos que resolver. Pero no, todos empezamos a buscar una solución sin antes entender cuál era el problema que realmente había que resolver.

Recapacitando, nos ganamos ese gran cero que nos pusieron pero que gran lección la que recibimos.

No siempre se puede ganar

Mientras más intensa es la competencia, más hay en juego. Conforme se va jugando contra oponentes de mayor nivel, más importante se vuelve jugar un juego perfecto. Cuando el tiempo que se ha dedicado a entrenar se deja de medir en días, y se empieza a medir en años, quedarse corto puede ser devastador. En el momento que se juega al más alto nivel, el más mínimo error puede ser mortal.

Hay atletas que realmente son los mejores del mundo en lo que hacen. Hay entrenadores que obtienen lo mejor que estos atletas “elite” tienen que dar. Hay cientos de millones de dólares respaldando sus refuerzos. Y aún así estos equipos pierden.

El margen de error es tan pequeño cuando se compite contra los mejores del mundo. Un pequeño desliz y estás fuera. En este mundo no existen las segundas oportunidades. De verdad les digo, ver a estos atletas competir sentados en nuestras salas no le hace justicia a el nivel de batallas que libran.

Sí, se puede ser el mejor del mundo. Sí, se puede tener al mejor entrenador del mundo. Sí, se pueden tener todos los recursos que se necesitan. Sí, se puede tener al público de tu lado. Pero no, no siempre se puede ganar. Lo único que podemos hacer es siempre jugar con el corazón.

Ánimo Chris.

Soy el campeón del mundo…

… para ser como era ayer. Aunque no nos demos cuenta, aunque creamos lo contrario, somos los campeones del mundo en hoy ser iguales a como éramos ayer. ¿Por qué? Porque la gran mayoría del tiempo reaccionamos emocionalmente a los eventos que suceden en nuestras vidas sin siquiera saber qué es lo que está pasando.

Cada vez que experimentamos una emoción estamos reaccionando a algo que pasó “allá afuera”. Estas reacciones normalmente ocurren de una manera espontánea y totalmente automatizada. Se pinchó la llanta de mi carro, entonces me enojo. Me despidieron, entonces siento miedo. Me gritaron, entonces me siento indignado. Siempre que esto pasa, reaccionamos de la misma manera. Somos iguales que ayer.

Estas emociones no son más que respuestas predeterminadas construidas en base a una programación invisible. Cada uno de nosotros tiene su propia programación que es a su vez la que determina nuestras respuestas ante las situaciones que enfrentamos.

Estimulo, respuesta. Estimulo, respuesta. Soy el campeón del mundo para ser como era ayer. Estimulo respuesta. Hasta que no cambie la programación seguiré siendo el mismo que era ayer.

La grata sorpresa de probar algo nuevo

Este fin de semana probé hacer algo nuevo, algo que nunca antes había hecho. Ahora que llevo dos días haciéndolo me he llevado una grata sorpresa. Aunque nunca antes había considerado hacerlo, lo estoy disfrutando bastante.

El viernes por la mañana terminé de leer “Think Again” de Adam Grant, un fenomenal libro acerca de cómo podemos cambiar nuestra forma de pensar. Al día siguiente, temprano por la mañana, estaba sentado pensando en qué empezar a leer en ese momento. Posiblemente influenciado por Grant decidí leer un libro sobre un tema que nunca antes había leído. Algo que para ser honesto, creí que no me interesaba.

En ese momento decidí tomar el riesgo, leería un libro que alguien me había recomendado pero que para nada me había llamado la atención. Así fue como busqué el libro “The Wizard and the Prophet” de Charles C. Mann y con algo de incertidumbre presioné el botón “Buy Now”. Unos segundos después el libro estaba en mi Kindle, listo para ser leído. Aunque el precio a pagar por el posible error es relativamente bajo ($9.99) la ansiedad era muy grande.

Pero como suele suceder cuando se toman riesgos calculados, las cosas encuentran una manera de salir bien. Quince minutos después estaba cautivado por una novela muy bien escrita sobre el futuro de nuestra especie y la importancia de las decisiones que todo tenemos que tomar sobre cómo queremos que evolucione nuestro planeta.

El conflicto central del libro se da entre los “Wizards” quienes creen que la mejor manera de tener un mundo futuro sostenible es el avance tecnológico y los “Prophets” quienes creen que la única manera de movernos hacia adelante sin perecer es reducir la velocidad de nuestro crecimiento y consumo de recursos.

Aún es muy temprano para decir cómo va a terminar este experimento pero por el momento estoy gratamente sorprendido.

¿Tienes enfrente algo nuevo que quisieras probar? Puede ser que tengas una grata sorpresa esperándote más cerca de lo que crees.

¿De qué somos responsables y de qué no?

El concepto de responsabilidad es fascinante: es el factor determinante en la calidad de vida que una persona llevará. Todo lo demás cae en un distante y lejano segundo lugar. Aún así, la responsabilidad es un concepto que es constantemente malinterpretado. Veamos por qué.

La primer confusión que se da alrededor del concepto de responsabilidad es la creencia de que una persona puede ser responsable por la decisiones y acciones de alguien más. Por ejemplo, muchos padres de familia creen que las decisiones que ellos toman cuando crían a sus hijos determinan la calidad de vida de sus hijos. Aunque es imposible negar que lo que los padres de alguien hagan o no por él o ella influenciará su vida, nadie más que uno mismo puede determinar la dirección de su propia vida.

En otras palabras, la calidad de vida que cada uno de nosotros llegue a tener tan solo dependerá de lo que nosotros decidamos hacer, no de lo que nuestros padres decidieron hacer por nosotros. Es decir, ninguno de nosotros puede ser responsable por las acciones de alguien más.

Otra confusión común es la falsa creencia de que la responsabilidad está de alguna manera vinculada a las circunstancias. ¿A qué me refiero con esto? A que hay ciertas decisiones que no tomamos bajo un set de circunstancias, pero que sí tomamos bajo otras. Por ejemplo, me rehuso a mentir hasta que mi trabajo está en juego. Es casi como que si la responsabilidad de decir la verdad cambiara de alguna manera solo porque el precio de ser honesto ha cambiado; sin embargo, se mantiene intacta independientemente de las circunstancias.

Hay cientos de miles de páginas que se pueden escribir acerca de la responsabilidad. Hoy no hay tiempo para eso porque también quiero atender la responsabilidad de compartir con las personas que están por acá. Decido dejar eso para otro día.

Y tú, ¿de qué vas a responsabilizarte hoy?

Las expectativas pasan de moda

Cada generación crece con la tecnología y expectativas que se respiran a su alrededor. El mundo evoluciona y rápidamente deja atrás generación tras generación. El paso de la tecnología marcha hacia adelante y al cabo de unos años una generación ya no entiende a las que vienen atrás.

La tecnología que tenemos disponible a nuestro alrededor determina en gran parte las expectativas que tenemos de cómo “debieran” ser las cosas a nuestro alrededor. Por ejemplo, para mi es obvio que yo debiera poder ir al otro lado de mi país en mi propio carro en cuestión de unas cuantas horas. Esta es una expectativa que ni siquiera se le hubiera ocurrido a una persona de hace unas cuantas generaciones.

Lo mismo ocurre con las nuevas generaciones. Hay veces que simplemente no entendemos sus expectativas. El hecho de que ellos hayan crecido con otras tecnologías y por ende, otras expectativas, a veces los hace parecer Aliens de otro planeta. Simplemente no los podemos entender.

Para la nueva generación el e-mail es demasiado lento y ya no lo usan. Un párrafo es demasiado texto y 5 minutos es demasiado tiempo para un video. Estas son las expectativas de la nueva generación y si no las entendemos nunca nos podremos comunicar con ellos.

Las brechas entre generaciones existen por la diferencia en expectativas que hay entre una generación y la otra. Para poder trabajar juntos de mejor manera es importante sentarnos a evaluar dónde nuestras propias expectativas pudieran estar “fuera de moda”.

Un mensaje claro es mejor

Par mi escribir es un hobby. Es un ejercicio diario que hago para aprender a comunicarme mejor. Escribir me ayuda a clarificar mis pensamientos, me ayuda a ordenar mis ideas y simplificar lo que quiero decir. ¿Qué obtengo de regreso por escribir todos los días? Pues aún no cobro por lo que escribo pero sí estoy empezando a construir mensajes más claros y concisos.

No importa si estamos teniendo una conversación personal, redactando un copy de marketing, preparando un pitch de ventas o pidiendo ayuda a un compañero, un mensaje claro siempre es mejor. Los beneficios de clarificar nuestros pensamientos son infinitos.

Es importante recordar que la única razón por la que un ser humano se comunica con otro es para tratar de poner una idea que tiene adentro de su cabeza adentro de la cabeza de la otra persona. He aquí la importancia de una comunicación clara y concisa. Es lo que nos permite que las otras personas puedan ver el mundo de una manera similar a la nuestra.

Para que otra persona pueda ver algo que está adentro de nuestra cabeza con unos lentes parecidos a los nuestros, lo primero que tiene que suceder es que nosotros debemos tener claros nuestros propios pensamientos. Si nosotros mismos no podemos clarificar nuestros propios pensamientos estamos perdidos. Luego nosotros debemos articular esos pensamientos de la manera más clara y concisa que nos sea posible. Solo al llegar acá estaremos en un punto en el cual tendremos la oportunidad de que la otra persona reciba nuestro mensaje y lo pueda reconstruir de una manera similar a lo que queríamos decir. De lo contrario, la comunicación fracasará.

Definitivamente que un mensaje claro es mejor.

Todo va a pasar

A veces es dolor y sufrimiento. Otras veces es placer y felicidad. No importa. Todo va a pasar. Nada es para siempre. El tiempo fluye y no se puede detener. No tiene sentido aferrarnos a que las cosas sigan siendo como son. Tampoco tiene sentido ahogarnos en ansiedad deseando que las cosas cambien antes de que llegue su hora de cambiar.

Todo va a pasar. Mañana nada será igual. El universo está en constante cambio y, nos guste o no, esta es una ley universal que ninguno de nosotros puede cambiar. Lo que sí podemos cambiar es nuestro entendimiento de la impermanencia de las cosas. Tenemos que tener muy claro que si estamos a gusto en este momento, esa grata sensación pasará. También tenemos que tener claro que si estamos experimentando dolor, eso también pasará.

Cuando lo tenemos presente, esto es lo más obvio del mundo. Pero la gran parte del tiempo lo olvidamos y creemos que el sufrimiento que hoy no nos deja dormir estará ahí para siempre. También creemos que la felicidad que ahora alegra nuestra corazón nunca se extinguirá. Ambas son falsas expectativas que nacen en nuestro ser por la falta de conciencia con que vivimos.

Todo va a pasar y eso es algo bueno. El universo está en constante expansión. Nuestro planeta gira y se mueve por el espacio. La sangre en nuestros cuerpos fluye. La vida es movimiento, es cambio. Y si la vida es movimiento y cambio, entonces estar vivos significa que todo esto, bueno y malo, eventualmente pasará.

Participar no es fácil pero es necesario

El dialogo que se da en redes sociales es interminable. La cantidad de temas que se tratan es infinito. El perfil de las personas que argumentan para un lado o para el otro es tan diverso como los anuncios con que nos bombardean la mismas redes. Hay mucho ruido y poca señal.

Participar en este mar de confusión y ataques personales no es fácil. Aunque la cantidad de contenido que se genera es enorme, debemos reconocer que solo la minoría de personas deciden participar en el dialogo que se da en línea. Recordemos, es este dialogo el que le está dando forma a nuestra cultura y sociedad. Este silencio priva al mundo de tantos puntos de vista que urgentemente necesitamos escuchar. Los mensajes y posturas que dominan las redes son las de los mismos actores de siempre. Urgentemente necesitamos de algo nuevo, algo fresco.

Participar no es fácil pero es necesario. Sé de tantas personas que tienen pensamientos muy valiosos pero deciden callar. Sé de tantas personas que piensan diferente pero deciden no compartir lo que piensan. Sé de tantas personas que saben debatir con integridad y sin atacar a nadie, personas cuyo objetivo es buscar la verdad. Ellas tambien, en muchos de los casos, deciden ver desde fuera sin hacer el esfuerzo de guiar a los demás. Y también sé que yo muchas veces callo cosas que sé que se debieran decir. Participar no es fácil pero es necesario.