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Categoría: reflexión

No querer perder

No querer perder es muy diferente a querer ganar. El primero se alimenta con miedo, el segundo se fortalece con la motivación. No querer perder es buscar evitar el fracaso. Querer ganar es luchar por alcanzar el éxito.

Es cierto, la cultura en la que crecemos y muchas de las enseñanzas que recibimos desde pequeños nos condicionan actuar por miedo —si no sacas buenas notas estás castigado— y pronto olvidamos lo que se siente motivarnos con grandes retos y buscar nuestro propio éxito. Nos acostumbramos a no querer perder.

Pero no querer perder nos vende cortos. Aunque actuar por miedo es efectivo también desgasta, frustra y de cierta manera busca tan solo hacer el mínimo esfuerzo para “sentirnos seguros”. Esta no es forma de vivir.

Y es por eso que hoy escribo esto. Guatemala necesita que dejemos de jugar a la defensiva. Necesita que nos dejemos de limitar a tan solo no querer perder. Guatemala necesita que empecemos a querer ganar. Ganar con nuestras familias y ganar con nuestras empresas. Qué busquemos el éxito y un mejor país. Que no pongamos nuestras miras en simplemente llevar las cosas a cómo eran antes sino que trabajemos de manera creativa e incansable para construir un futuro 10 veces mejor que lo que cualquier de nosotros pudiera imaginar.

Al ataque!!!!

Tentación

Tanto en los negocios como en la vida, la tentación está siempre presente. Algunas veces más a plena vista y otras veces un poco más escondida. Cuando la tentación es obvia es más fácil de evadir. El verdadero peligro de caer se da cuando la tentación es escondida.

Los caminos fáciles son los escondites preferidos de la tentación. Piénsenlo, no hay nada más tentador que poder tomar un atajo. Esa solución fácil a un problema complejo. Aquellas estrategias que parecieran no requerir de mayor esfuerzo y que se pueden ejecutar en corto tiempo sin correr riesgo alguno. Debemos estar siempre alertas. Especialmente en tiempos difíciles como los que estamos viviendo hoy.

La mente es muy hábil y traicionera a la vez. En los momentos más importantes de la vida —aquellos en los cuales se deben tomar las decisiones más difíciles— la tentación de tomar el camino fácil estará siempre presente. Y no solo estará presente, realmente parecerá el mejor camino a seguir. Cuidado con las historias que te contarás para racionalizar tomar el camino fácil. ¿Cómo puedes estar seguro de que estás decidiendo lo que es mejor y no lo que resulta más cómodo?

La tentación siempre nos estará poniendo a prueba. Podrá a prueba nuestros instintos, nuestras emociones y nuestros pensamientos. La única manera de poder vencerla es conocernos muy a fondo y poder reconocer —con mucha honestidad interior— por qué vamos hacer lo que estamos a punto de hacer.

No seas burro, hay tiempo

Y cuenta una antigua fábula la historia de un burro que pasa varios días perdido. Muy asustado finalmente llega muriendo de hambre y sed a una granja ubicada en en una preciosa pradera, al lado de una colina.

Por alguna extraña razón o, una gran casualidad del universo, no había nadie en la granja. Estaba atardeciendo y probablemente la familia que vivía en la granja aún estaba terminando de trabajar el campo. Había un profundo silencio y una tranquilidad que calmo a nuestro amigo el burro. Justo al lado del granero, gracias a los últimos rayos del sol, el burro logró ver una montaña de heno justo al lado de una pileta de agua. “No moriré”, se dijo el burro lleno de felicidad. “Hay agua y comida para poderme reponer”.

Con mucha cautela, el burro camino por toda la orilla del granero hasta llegar a donde estaba la comida y la bebida. Se posicionó justo en medio del heno y de la pileta de agua fresca. Su emoción era incontenible. Había ansiedad en cada parte de su cuerpo y no podía dejar de temblar. Miraba el heno a su izquierda y el agua a su derecha. “No los puedo alcanzar, están muy lejos”, se decía el burro repetidamente mientras su mirada no podía dejar de brincar entre el heno y el agua.

El sol terminó de caer y el burro seguía sin poder alcanzar ni el agua ni la comida. Su cabeza seguía girando de un lado al otro. Pasó así toda la noche y justo antes de amanecer, después de varios días de estar perdido y una larga noche de indecisión, el burro murió entre el heno y la pileta de agua.

Si nuestro amigo el burro hubiera entendido que tenía tiempo hubiera podido comer primero y tomar agua después.

Profundo versus amplio

En los últimos meses he leído bastante más de lo normal. He subido mi promedio de un libro al mes a cuatro. Un nuevo hábito muy poderoso ha nacido. Ahora, ¿qué hacer con él?

Cada 7 u 8 días me estoy encontrando con la decisión de “¿que leer ahora?”. ¿Busco un autor nuevo? ¿Leo algo nuevo de un autor que ya conozco? ¿Exploro un tema totalmente nuevo? ¿Vuelvo a leer un libro que ya leí anteriormente? Debo confesar, siento algo de ansiedad ante este proceso.

Creo que la especialización y el dominio profundo de un tema son muy valiosos. Entender algo a fondo abre un sin fin de posibilidades. También reconozco que la diversidad de conocimiento y la aplicación de múltiples disciplinas a un problema dan muy buenos resultados y son una de las puertas más directas a la innovación.

Por el otro lado, consistentemente ver el mundo a través de el mismo lente y desde el mismo punto de vista puede resultar muy limitante. Crea sesgos cognitivos muy fuertes y fortalece las creencias limitantes sobre los paradigmas que se tienen arraigados.

También, estar disperso tiene sus propias desventajas. No permite conocer los conceptos de raíz y poder entender cuál es la mejor manera de aplicarlos en una situación determinada. Como se hace evidente, nada en este mundo es perfecto. ¿Qué hacer?

No creo que haya una respuesta directa. Tampoco quiero caer en la tradicional respuesta ambigua de “depende”. Lo que si sé es que lo mejor que se puede hacer es escuchar. ¿A quién? A nosotros mismos.

Este dilema de profundo versus amplio no solo existe cuando se quiere adquirir nuevo conocimiento o seleccionar el siguiente libro que se quiere leer. Realmente está presente en todos los aspectos de la vida humana. No lo podemos escapar. Está en nuestras relaciones (paso todo el tiempo con un solo amigo versus tengo miles de amigos que apenas conozco), en el trabajo (paso 100% de mi tiempo haciendo una sola cosa o ando brincando de oportunidad en oportunidad), en la familia (un caso muy similar al de los amigos), hobbies (descuido áreas importantes de mi vida por estar solo enfocado en mi hobby o no le dedico nada de tiempo a ninguna actividad que me permita crecer), etc.

La vida constantemente nos presenta dificultades y oportunidades. Decisiones a tomar. La decisión de profundizar o ampliar siempre es muy importante. Hay que tenerla siempre presente.

Para actuar bien, antes hay que saber escuchar. Para saber si profundizar o ampliar no hay más formula que entender cada situación y estar presente con lo que está ocurriendo y hacia dónde se quiere ir. No se puede evitar esta decisión. Acéptala y escoge sabiamente, cada vez.

El regalo de la vida

La vida es felicidad; también es dolor. Es amar con todo el corazón y forjar batallas donde el único desenlace es la desilusión. Es levantarse una y otra vez para tan solo volver a caer. Es experimentar todo el universo en un instante y sentir que cada segundo es una eternidad.

La vida es experimentar emociones que nunca se podrán describir con palabras y escribir palabras que despiertan emociones que jamas se pueden olvidar. Es volver a nacer en los momentos en que la muerte acecha y encontrar un poco de vida en las situaciones más adversas.

La vida es la oportunidad de conocernos cada día mejor y de descubrir la esencia sepultada muy adentro de nuestro interior. Es el privilegio de descubrir quienes somos en la adversidad y así poder encontrar nuestro camino hacia la divinidad.

Pero sobre todo, la vida es un regalo que nunca se debe despreciar. Es un espectáculo maravilloso lleno de angustias, tristezas y felicidad. No vale menos en los momentos difíciles y tampoco vale más cuando todo camina sin dificultad.

Vive el regalo de la vida sin reservas y con plenitud. Aprende a disfrutarla en invierno y en los momentos que estés lleno de gratitud.

Al final de todo, que tanto se disfruta de la vida depende más de con cuantas ganas se abre el regalo que con lo que haya adentro de la caja.

El tiempo llegará

Ahora no. Todo a su debido tiempo. Puede ser difícil de entender pero el universo es más sabio que tú y yo. ¿Crees que por qué tienes una idea de cómo debieran ser las cosas le puedes pedir al mundo que se alinee a tu voluntad?

El universo existió sin ti antes de que nacieras y va a seguir existiendo después de que mueras. Son millones de colisiones de fuerzas inexplicables las que causan cada momento de tu vida. Ya, déjalo ir. Entiende que aferrarte a que las cosas sucedan como tu quieres, cuando tú quieres, no tiene sentido alguno. Al universo no le importa. Cuando aceptes esto vivirás más feliz.

Y si, sigue aplicando tu voluntad para darle forma al mundo exterior. Tan solo te sugiero que empieces a participar más y forzar menos. Es increíble todo lo que puedes lograr cuando dejas ir tus apegos y aprendes soltar un poco. Forja tu camino siguiendo El camino.

No hacer esto es una trampa peligrosa. Mientras sigas creyendo que el mundo está para servirte y sientas el derecho de que las cosas deben ocurrir cuando quieres vivirás tratando de ganarle a aquello que nunca puede perder pues es perfecto. Experimentarás ansiedad intensa cada segundo de tu vida. ¿Realmente quieres pasar el resto de tu vida tratando de controlar lo incontrolable?

Déjalo ir, todo estará bien. Mantente atento y desarrolla cada vez más conciencia. Cultiva el silencio interior y escucha el susurro del universo que de manera perfecta te guiará de momento a momento. El tiempo llegará.

Solo porque puedes

A travez de la historia de la humanidad se han escrito miles de relatos —tanto reales como ficticios— cuyo tema principal es el poder. Uno de los ejemplos mas prevalentes es el Anillo de Giges.

Aquellos de ustedes que hayan leído La República de Platón recordarán que se menciona este anillo como un artefacto mítico que le otorga el poder de desaparecer cuando quiera a su dueño. (¿Alguien más pensando en El Señor de los Anillos?).

En el contexto de La República, el anillo se utiliza para cuestionar si una persona inteligente sería justa incluso cuando no tuviera miedo alguno a las consecuencias de desarrollar una mala reputación por cometer injusticias (ser invisible). Es decir, cuenta con poder absoluto.

Es difícil de poder relacionarse de manera directa con tener esta magnitud de poder. Pero se puede tratar. Se puede empezar preguntándose ¿Cómo me comportaría yo si mis acciones no tuvieran consecuencias? ¿Qué límites me pondría yo mismo si nadie más me pudiera limitar? Suena tentador, ¿no?

La realidad es que en nuestras vidas todos nos encontramos en situaciones que, aunque a primera vista no parecieran tener similitud, sí resultan ser muy similares. Por ejemplo, si le grito y le falto el respeto a un empleado por que soy su jefe y sé que el no va a decir nada por qué necesita el trabajo, ya estoy jugando con fuego.

A lo que quiero llegar es que debemos estar muy atentos a la dinámica de poder que se esté manejando en cualquier momento. Las dinámicas de interacción humana son muy complejas y todos estamos sujetos a sentirnos muy poderosos o indefensos en cualquier instante.

Ignorar esta realidad del poder lleva a consecuencias que, aunque muchas veces no se cree que existan, son reales y pueden ser llegar fatales —ver caso George Floyd.

En caso de cualquier duda, la mejor regla a seguir es bastante simple… Solo porque puedes hacer algo, no significa que debas hacerlo.

La maravillosa red

El internet es una maravillosa red de computadoras que prácticamente ha interconectado al mundo entero en tiempo real. Es probablemente el invento tecnológico más trascendental en la historia de la humanidad. Pero este post no es acerca del Internet, este post tratará de una red aún más poderosa.

¿Qué red podrá ser más poderosa que una red de computadoras que ha transformado todas las industrias del planeta incluyendo el entretenimiento, el comercio, la música, las noticias y cualquier otra cosa que se nos pueda ocurrir?

La única respuesta sensata que hay es la red de seres humanos que estamos vivos en este momento. No puedo imaginar el Internet siendo de mucho valor si no hay personas interactuando sobre la red. Tampoco puedo imaginar alguna tecnología que pueda reemplazar lo valioso que son las conexiones humanas.

No hay red digital que pueda, en un chasquido de dedos, recuperar todas las sutilezas de una relación que ha sido interrumpida por varias décadas y que permita retomar la conversación como que si nunca se hubiera perdido contacto.

Es esta capacidad de conexión e interacción que tenemos los seres humanos entre nosotros lo que crea red más maravillosa del mundo. Todo lo demás que hemos y vamos a construir con tecnología, tan solo sirve para amplificar las relaciones humanas que hemos sabido manejar desde hace millones de años atrás.

Prisionero de la rutina

4:45 am. Un sonido extraño suena a lo lejos. Tiene un ritmo constante que me recuerda la primer oficina en donde trabajé. No sé si aún estoy durmiendo o ya desperté. No puedo seguir ignorando que algo fuera de lo normal está pasando. Finalmente veo mi teléfono. 4:49am.

“Igual ya solo faltan 11 minutos para las 5:00”, me dije somnoliento. “Voy a ir a ver qué es ese ruido.” No tuve que ni salir de la cama para reconocer que era el ruido que me despertó; tan solo necesitaba recuperar un poco la conciencia. Pronto también supe por qué el sonido lejano me recordaba de la primer oficina en que trabajé.

Hubo un corte de electricidad y la alarma del UPS de la computadora de la casa estaba sonando. “Perfecto, son las 4:56 am y no hay electricidad”, refunfuñe en mi interior. Camine hacia el estudio en donde está la computadora, apagué el UPS, abrí el estuche donde guardo mis lentes para leer, me los puse lentamente, prendí el Kindle y me senté en el sillón en donde durante los últimos 4 meses he empezado todos mis días leyendo.

No podía dejar de pensar en aquella primer oficina en donde empecé aquella empresa hace más de 25 años. Puedo jurar que el sonido del UPS que me había despertado 15 minutos antes es idéntico al que sonaba tantas veces cuando perdíamos la electricidad en aquella pequeña habitación llena de servidores.

El delicado sonido de la lluvia, que tiene ya más de 7 días de no parar, me regresó de aquella oficina al sillón en donde estaba terminando de despertar. Enfoqué mi vista y mi concentración en el Kindle y empecé a leer.

Pasaron los minutos y me fui metiendo cada vez más en la lectura. La concentración no duró mucho. Como un relámpago en plena tempestad, una sensación de que algo hacía falta se apoderó de mi cuerpo. Era una sensación de que algo hacía falta, algo no estaba bien. Hacia falta el café.

Subconscientemente, al saber que no había electricidad, decidí no bajar a preparar café y fui directamente al estudio a apagar el UPS. Retome mi rutina de todas las mañanas al sentarme a leer pero hacía falta la primer parte, la taza de café.

A partir de este momento no pude seguir. Se me dificultó muchísimo seguir leyendo. Mi mente se debilitó y no pude dejar de pensar en cuando iba a regresar la electricidad para poder hacer el café. Caí prisionero de mi rutina.

Las rutinas tienen muchos beneficios. Nos dan familiaridad y permiten que seamos muy eficientes para hacer actividades en las que mejoramos con la práctica.

Sin embargo, como con todo en la vida, se debe tener precaución. Si no tenemos cuidado, podemos caer prisioneros de nuestras propias rutinas. Es en ese momento que la rutina ya no nos sirve a nosotros. Nosotros empezamos a servirle a la rutina.

Yo diseñé mi rutina de la mañana para tener un tiempo para mi crecimiento, aprender y poder reflexionar. Hoy caí preso de la rutina y por eso pasé más de una hora de ansiedad esperando que regresará la electricidad para poder completar la rutina.

A la larga, que importa más, ¿completar la rutina u obtener lo que queremos lograr con ella?

El paso del tiempo

Sin piedad y con la misma constancia de el agua que pacientemente se ha abierto paso desde el principio de la eternidad, el tiempo sigue su marcha sin voltear a ver atrás.

Pasan los días, los años y seguimos tan distanciados de nosotros mismos que no recordamos que el tiempo existe y está siempre presente. Pero tarde o temprano llega el momento en que algo, por sutil que sea, nos despierta y nos alerta una vez mas de su presencia. “¿De verdad eso fue hace tantos años?”, nos empezamos a preguntar.

Y es en estos momentos que recordamos la importancia de despertar. Empezamos a apreciar de nuevo todo lo que hemos podido vivir y cada experiencia que ha dejado su huella en la historia de nuestro existir. Nos conectamos y empezamos a sentir. Ponemos atención y estamos presentes con el mundo que nos rodea. Nos sentimos vivos por qué recordamos que en cualquier momento podemos morir.

Gracias al paso del tiempo es que tenemos la oportunidad de construir nuestras vidas. Somos nosotros los que muchas veces pasamos años viviendo sin realmente vivir —desconectados. El paso del tiempo no se detiene y la vida avanza, queramos o no.

El precio de dejar escapar los días que se nos regalan es alto, extremadamente alto; nunca vale la pena. Sin importar lo doloroso que sea el momento, no lo dejes ir. Vuélcate sobre el regalo más preciado que se nos ha entregado a todos: el paso del tiempo.