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Categoría: reflexión

Ninguna tendencia es para siempre

Cuando las cosas van bien creemos que seguirán estando bien para siempre. Cuando las cosas van mal nos resulta imposible creer que en algún momento darán la vuelta. Por alguna razón creemos que las tendencias continuan su trayectoria hasta el final de los tiempos.

Esta manera de pensar, aunque sea subconsciente, afecta de manera dramática la manera en que tomamos decisiones. Y no solo afecta nuestras decisiones, también impacta fuertemente nuestros estados emocionales. Cuando todo está ok nos sentimos invencibles y cuando el mundo se está desmoronando sentimos que nos queremos morir.

La realidad es que las tendencias cambian. Nada en este mundo es permanente. Para que exista una montaña debe haber un valle a su alrededor. No hay luz sin obscuridad. Hay momentos difíciles y momentos maravillosos. Si de algo podemos estar seguros es que lo que estamos viviendo ahora en algún momento cambiará.

Ninguna tenencia es para siempre. Especialmente si ejercemos nuestra fuerza de voluntad y trabajamos duro para cambiarla. Al mismo tiempo, no hay fuerza en este mundo que mantenga las cosas viajando en la misma dirección permanentemente. El cambio es la única constante.

Todo cambia. El mal eventualmente cede sus tinieblas a la luz del bien. El bien tampoco es infinito. Se cansa y sucumbe ante las obscuridad del mal.

Ninguna tendencia es para siempre.

Intereses comunes, 5 pasos para crear comunidad

Nunca dudes que un pequeño grupo de personas comprometidas puede cambiar el mundo. De hecho, es lo único que lo ha logrado.

Margaret Mead.

El deseo de pertenecer es muy fuerte en el ser humano. Las ganas de formar parte de algo que sea más grande que nosotros mismos son muy intensas. Encontrar un grupo de personas que comparten nuestros mismos intereses es lo que se podría llamar una “bendición”. Sin duda alguna, compartir un set de intereses comunes con un grupo de pares es algo muy especial.

Aunque pareciera ser que con cada segundo que pasa vivimos en un mundo más dividido que nunca, creo que el deseo de pertenecer sigue latiendo fuerte en el corazón de las mujeres, hombres y niños.

Ayer lo pude experimentar de manera muy directa. Cuando hay un interés en común todo lo que hace falta es una pequeña chispa para reunir a un grupo, en este caso de niños, alrededor de algo que les es importante a todos. No se necesita de mucho y el vínculo que se forja es más fuerte que el metal más duro de este planeta.

La alegría, entusiasmo e ilusión de participar con otras personas que comparten nuestra pasión en algo que nos interesa puede cambiar el mundo —aunque sea por unas cuantas horas. Realmente, es una experiencia maravillosa de la cual hay mucho que aprender.

Entender esta primitiva necesidad humana puede mejorar la manera en que funcionan los colegios, las empresas y las comunidades. No debemos olvidar que en ellos se encuentra el motor de nuestra civilización.

A mi manera de verlo, la receta no es muy complicada:

  1. Una persona identifica algo que realmente le apasiona, lo quiere compartir con otros.
  2. Esta persona encuentra, a través de todas las maravillosas tecnologías que tenemos disponibles, una comunidad de personas que comparten su interés.
  3. Si no encuentra la comunidad, la crea utilizando las mismas herramientas tecnológicas.
  4. La comunidad crece, al igual que el interés por lo que sea que se esté haciendo.
  5. La comunidad atrae más miembros interesados creando así, un circulo virtuoso.

pd. Qué alegre estuvo el Fantasy draft anoche.

Cuando me cuesta escribir, días aburridos

Desde ya hace casi dos años he estado escribiendo todos los días. Hay unos días en que las ideas vienen fácil, en otros, no tanto. A estas alturas ya empecé a distinguir un patrón. Que me cueste escribir quiere decir algo acerca de la calidad de día que tuve.

Ya que no tengo una agenda editorial ni estoy predispuesto a escribir sobre algo en particular, decido sobre qué voy a escribir hasta que me siento enfrente de la computadora. Mi proceso es muy orgánico.

Lo que este proceso me ha ayudado a notar es qué en los días que aprendo algo interesante, hago algo de consecuencia o experimento un evento que me impresiona, las ideas vienen fácilmente. Cuando el día es interesante o productivo, escribir es fácil. En los días “aburridos”, escribir es un parto.

Por esto es que he empezado a evaluar mis últimas 24 horas en aquellos días en los que paso 25 minutos y no encuentro sobre qué escribir. Es cierto, algunas veces esto me ocurre por puro cansancio pero la gran mayoría de veces es porque pasé el día en blanco. O no estuve presente o no hubo mayor actividad relevante en mi día.

Creo que todos debiéramos tener una buena historia que contar al final de cada día. Sino, probablemente el día no fue todo lo que pudo ser. Nos quedamos cortos. O tuvimos un día de impacto y simplemente no estuvimos atentos a lo que pasó a nuestro alrededor o, decidimos no hacer nada grandioso con el tiempo que se nos ha regalado. Cualquiera de estos dos escenarios no es para nada bueno.

Sí, cuando me cuesta escribir, más de algo le hizo falta a mi día. No quiero seguir teniendo muchos días así.

Sin darse cuenta, hay mi espalda

¿En cuántos problemas nos metemos y ni siquiera sabemos por qué? ¿Cuántas veces caemos una y otra vez sin tener la presencia para ver lo hoyos en que estamos cayendo? Justo esto me estuvo pasando durante los últimos meses. Y fue mi espalda la que pagó un precio infinito por ello. A ver les cuento.

Desde ya hace un buen tiempo vengo experimentando fuertes dolores de espalda baja. En algún momento escribí acerca del cambio de colchón que hice tratando de resolver. En fin, los dolores me han seguido molestando y hasta hace unas horas seguía sin saber por qué.

Durante las últimas semanas los dolores estaban siendo tan intensos que empecé a pensar en comprar una silla nueva. De hecho, los dolores eran tan fuertes que en algún momento de desesperación consideré una silla Herman Miller que vi en línea.

Bueno, pues ayer ya no aguanté. El dolor era tan fuerte que empecé a ver qué podía hacer para aliviarlo en lo que podía ir a comprar una silla nueva. En mi desesperación fui por una toalla para ponerla sobre el respaldo lumbar de la silla. Regresé con la toalla y en ese momento fue que pude ver el hoyo en el que he venido cayendo una y otra vez por meses. Nunca antes lo había podido ver.

Al momento de poner la toalla me di cuenta que el “mesh” completo del respaldo de la silla estaba totalmente desprendido del marco de la silla. ¡Sí! Tenía meses de pasar mi día completo trabajando en una silla prácticamente sin respaldo. Mi espalda baja estaba haciendo contacto directo con el marco de plástico del soporte lumbar. Eso es todo lo que tenía de apoyo. ¿Será que de ahí venían las molestias?

En mi defensa, al menos ya me había dado cuenta que el soporte lumbar era lo que me estaba causando tanto dolor. Sin siquiera haberme tomado la molestia de revisar la silla, llevaba semanas ajustando la altura del soporte para tratar de sentirme mejor. En algún momento decidí, incorrectamente, que la altura del soporte era el problema y en ningún momento pude ver más allá.

Pues en lugar de poner la toalla sobre el soporte lumbar todo lo que hice fue colocar el “mesh” de regreso en su lugar. La silla es buenísima, cómoda y hoy he pasado un muy buen día. Ese era todo el problema. Aún tengo dolor pero es residuo de las horas que pasé sentado contra un marco de plástico.

¿Cómo pude pasar tanto tiempo con tanto dolor y no darme cuenta que la silla estaba desarmada? No lo sé. Falta de presencia supongo. Al menos cada vez que me vuelva a doler la espalda podré recordar esta gran lección:

Para poder resolver un problema crónico, el primer paso es darse cuenta de que se tiene un problema que hay que resolver.

La responsabilidad de crear

En este nuevo mundo interconectado en donde cada idea puede ser amplificada al infinito, el proceso de creación ha sido democratizado. Prácticamente cualquier persona con un teléfono / computadora y una conexión a Internet puede crear algo que cambie la dirección en que va el mundo.

Sé que esto puede sonar exagerado pero no lo es. Tan solo se siente así porque la gran mayoría de cosas que se están creando con la maravillosa tecnología que tentemos disponible son inconsecuentes. Muchos están creando, pocos están impactando. Compartir que es lo que almorcé hoy difícilmente va a cambiar el mundo.

No estoy diciendo que el uso casual de redes sociales y plataformas online esté mal. Tan solo creo que el poder que está a nuestra disposición es enorme y lo estamos subutilizando.

Todas las personas tienen algo importante que decir, algo único que compartir. No se necesita ser un genio, “influencer”, político o famoso para compartir algo que le pudiera cambiar la vida a alguien. Creanme, esto es algo que está al alcance de todos. Tan solo hay que tomar el riesgo de publicar contenido relacionado a las cosas importantes en que creemos.

Una canción, un post, una pintura. Tu manera de ver un tema en particular. Una idea de negocio o una reseña de de tu comercio favorito. Un podcast entrevistando a un amigo que sabe mucho sobre un tema en particular. No importa que sea. Ve, créalo y luego compártelo.

Todos tenemos la responsabilidad de crear material de calidad. El mundo nos necesita.

El miedo de no cumplir

A veces, el último recurso es lo único que nos puede salvar. Estamos a punto de caer. El borde del precipicio está justo abajo de nuestros pies. Todo lo que se necesita es tomar un paso más y puff, todo se acaba. Y luego, repentinamente despertamos, recordamos ese miedo de no cumplir, de fracasar. Y así nos levantamos a trabajar una vez más. El miedo de no cumplir gana una vez más.

La motivación es una fuente de energía muy grande. El miedo de no cumplir también. La primera es la más honorable de las dos pero en su ausencia la segunda también puede funcionar. El miedo de no cumplir no es la mejor opción pero a veces necesitamos tener una pistola contra la cabeza para reaccionar.

Puede ser que hoy no haya sido bonito. Puede ser que hoy no haya sido lo mejor. Pero al final del día se cumplió. Se puede seguir adelante porque no todo terminó. El miedo de no cumplir nos ha comprado seguir vivos un día más.

El ciclo de la escasez y la abundancia

La sensación de escasez no se siente bien. Sentir que algo nos hace falta o que “no habrá” suficiente es incómodo. A nadie le gusta sentirse así. Al mismo tiempo, es esta sensación la que en gran parte determina la percepción de valor que se tiene de las cosas. La escasez crea valor. La sensación de escasez de cierto modo, nos motiva.

Al contrario, la abundancia invita a la complacencia y puede reducir cuanto se aprecian las cosas. En ciertas condiciones las llega a devaluar. Cuando se cree que se tiene todo lo que se desea es muy fácil que la energía y la motivación se desvanezcan. El cariño para aquello que se cree que no se puede perder desaparece. “No sabes lo que tienes hasta que lo pierdes”, les gusta decir por ahí.

Cuando se experimenta abundancia se tiende a creer que se seguirá teniendo abundancia en el futuro. En cambio, cuando se experimenta escasez el espíritu humano despierta y se trabaja duro para cambiar la situación. A nadie le gusta permanecer sin aquello que quiere por mucho tiempo.

Esta relación entre la abundancia y la escasez crea un ciclo que es difícil de romper:

Experimento escasez -> Trabajo duro para obtener lo que quiero -> Obtengo lo que quiero -> Experimento abundancia -> Descuido lo que tengo -> Vuelvo a experimentar escasez y todo se repite de nuevo.

Pero no podemos olvidar el agradecimiento, esa sensación que nos ayuda a apreciar lo que tenemos y recordar en cada momento lo mucho que nos costó obtenerlo. Una persona que es agradecida podrá sostener la abundancia que crea durante períodos de tiempo más prolongados. No la descuidará tan fácilmente.

Al fin y al cabo, que se tenga abundancia no quiere decir que no se pueda apreciar lo que se tiene. Gracias por todo.

Distintos puntos de vista

Cada uno de nosotros ve el mundo a través de un lente personal e irrepetible. La única manera que tenemos para evaluar lo que sucede a nuestro alrededor es viéndolo con nuestros propios ojos. Por eso es que nos cuesta tanto ver las cosas desde el punto de vista de alguien más. Nos es natural hacerlo.

Nuestras preferencias, valores y miedos determinan si consideramos que algo es bueno o malo. Si yo prefiero al Real sobre el PSG, hoy fue un buen día. Si prefiero al PSG, hoy fue un día malo. Mismo evento, distintos puntos de vista. Nadie tiene la razón objetivamente.

Lo mismo ocurre con las negociaciones. Cada uno de los lados tiene intereses distintos. Estos intereses jamas serán iguales. De lo contrario no tendría que haber una negociación. Por definición, en una negociación hay dos o más puntos de vista distintos. La única manera de llegar a un acuerdo es reconocer que se debe ceder un poco de cada lado. Se debe poner lo correcto por encima de “querer tener la razón”.

Finalmente, no podemos olvidar que para las demás personas la validez de sus puntos de vista es tan fuerte como para nosotros nuestro punto de vista es la última Coca-Cola del desierto.

Afortunadamente no todos pensamos igual y valoramos distintas cosas. Si esto no fuera así todavía todos estaríamos pegándonos unos a otros en las cavernas. Es importante no perder esto de vista y aprender a valorar (qué no es lo mismo que estar de acuerdo) los puntos de vista de los demás.

Esto nos hace más fuertes a todos.

Recorrer viejos caminos

El inexorable paso del tiempo no se puede detener. Los años no pasan en vano. Cuando unas cuantas vueltas al sol han quedado atrás, algunos viejos caminos se dejan de recorrer.

Ah, pero aunque un camino quede atrás, si sus senderos son dulces, la memoria nunca lo olvidará. Puede ser que los cambios en circunstancias de vida y nuevas prioridades creen un desvío temporal pero el anhelo de regresar siempre arde en el corazón.

Recorrer de nuevo un viejo camino es volver a nacer. Una vez que se da ese primer paso que nos transporta a otros tiempos, a otros lugares, el deseo de vivir regresa en fracciones de segundo. Las sensaciones de estar de nuevo en un lugar tan familiar son a veces más intensas que las que se sintieron la primera vez que en ese camino se empezó a caminar.

Largos años pueden pasar entre recorridos pero no hay suficiente tiempo que haga que un camino tan especial se pueda olvidar. Tarde o temprano, lo que es vuelve y los sentidos vuelven a despertar. La emoción se vuelve a apoderar del ser y el propósito se hace presente.

Recorrer viejos caminos sin duda alguna, es algo muy especial.

De una manera u otra, todos estamos relacionados

Hay eventos que ocurren en la distancia. La distancia puede ser geográfica o temporal. Es decir, estos eventos ocurren ya sea fisicamente lejos de donde estamos o en tiempos lejanos al que ahora estamos viviendo.

Es tan, pero tan difícil relacionarse con todos estos eventos que ocurren lejos. La experiencia de ver que están asaltando a alguien a nuestro lado es muy distinta a la que tenemos cuando vemos la historia de un robo en otro país en algún noticiero internacional.

Esa diferencia en cómo nos relacionamos con los eventos “distantes” nos lleva a caer en una horrible trampa. Porque la afectación emocional que tenemos ante ellos es menor, por alguna razón creemos que estos eventos no nos afectan. Que no tenemos nada que ver con ellos. Que no nos debemos involucrar. Nada está más lejos de la verdad.

De una manera u otra todo lo que pasa en el mundo nos afecta. Y al menos por esto nos debiera importar. Ninguno de nosotros es un ser independiente. Todos estamos conectados.

Conozco a muy pocas personas que hoy se despertaron y desayunaron comida que ellos mismos produjeron. No conozco a nadie que haya hecho su propio carro o computadora. Necesitamos a los demás.

Creo que si la tragedia que nos tocó vivir en estos dos últimos años no nos enseño esta lección de interdependencia nada nos la podrá enseñar.

De una manera u otra, todos estamos relacionados. Comportemonos como tal.