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Categoría: reflexión

Nada mas que recuerdos

La única manera que tiene una persona de poder evaluar la calidad de su vida es través de los recuerdos que tiene almacenados en su memoria. La memoria no es perfecta y los recuerdos que se almacenan son tan solo versiones distorsionadas de los eventos que realmente ocurrieron.

Esto quiere decir que la evaluación que una persona hace constantemente respecto a la vida que ha llevado está fuertemente influenciada por sus recuerdos y la forma en que recuerda su pasado.

Los seres humanos experimentan su vida en base a los pensamientos y recuerdos en los que se están enfocando en el momento. La experiencia que se está teniendo en cualquier momento está determinada por los pensamientos que están presentes. No hay nada más en nuestro mundo que aquello en lo que estamos pensando en ese momento.

Una manera muy fácil de probarlo es simplemente responder las siguientes preguntas en orden:

¿Que tanto te gusta tu carro?

¿Que tanto te gusta tu carro cuando no estás pensando en él?

Lo más probable es que tu respuesta a la primer pregunta fue algo como mucho, un poco, me gustaba más antes o algo similar. La segunda pregunta fue un poco más difícil de responder y te detuvo a pensar. La mayoría de personas, después de un tiempo de pensamiento, llegan a la conclusión de que su carro simplemente no les puede gustar o no gustar cuando no están pensando en él.

Exactamente lo mismo ocurre cuando se evalúa ¿Qué tanto me gusta mi trabajo? ¿Qué tanto me gusta mi familia? ¿Qué tanto disfruto de mi vida? Etc.

Lo único que se tiene disponible para evaluar qué tanto nos gusta algo son los recuerdos que tenemos de lo que estamos evaluando.

Toda nuestra vida no es nada más que la suma de los recuerdos que tenemos presentes en un preciso momento.

En medio de todo

El soplar de los vientos ha cambiado y la dirección del mundo ahora va en otra dirección. Arriba ahora es abajo y toda esa luz que antes iluminaba el camino ha sido absorbida por obscuridad.

Y en medio de todo esto ahí estás. Sigues siendo el personaje principal. Con tus fortalezas y debilidades deberás seguir escribiendo la historia de tu vida. Nadie jamás podrá tomar tu lugar.

No tiene sentido tratar de escapar. A donde quiera que vayas siempre estarás ahí, en medio de todo. Estás peleando una lucha sin sentido. No es lo que te rodea el problema. Es tu manera de ver las cosas lo que te tiene así.

El universo completo se pudiera empezar a derrumbar y puede ser que nada más vuelva a ser igual. Y ahí estarás, en medio de todo. Observando con serenidad y compasión. Viéndolo todo ocurrir desde lo más profundo de tu ser. Y así es la única manera en que podrás estar bien. Cuando finalmente entiendas que lo único que puedes controlar es a aquel que está luchando por ser feliz —en medio de todo.

El peso de la libertad

No se puede hablar de libertad sin hablar de responsabilidad. Mientras mayor sea la libertad, más son las opciones disponibles que se pueden seleccionar. Escoger entre estas opciones implica responsabilidad y esto muchas veces no nos gusta —¿A dónde vamos a comer? a donde ustedes quieran suele ser la respuesta más común.

Escoger qué hacer o que no hacer siempre conlleva un riesgo, una responsabilidad. Es inevitable. Por esto es que tantas veces la comodidad de que alguien más decida por nosotros resulta ser tan atractiva. Si no somos nosotros los que estamos decidiendo, sentimos que no hay nada que podamos hacer y por ende que no somos los responsables.

Esto crea una paradoja muy interesante. Queremos ser libres de decidir pero al mismo tiempo no queremos ser responsables de los efectos de nuestras decisiones. No queremos que alguien más dirija la dirección de nuestras vidas pero a la vez nosotros mismos no queremos la responsabilidad de dirigirlas.

Otra disyuntiva que veo con frecuencia es que las personas queremos libertad pero no queremos que “los demás” la tengan también. De alguna manera se nos olvida que “los otros” también tienen libre albedrío. Si yo tengo la libertad de pedir vainilla, otros también tienen la libertad de pedir chocolate. El precio de mi libertad siempre es la libertad de los demás.

Finalmente, tener la libertad de hacer algo es muy diferente a estar obligado a hacerlo. No es la misma cosa. Solo por qué pueda hacer algo no significa que lo tenga que hacer. Lo que sí es cierto es que tener la opción de poder hacer algo pone toda la responsabilidad de hacerlo o no sobre mi. Esto a veces no se siente tan bien.

La aceleración del tiempo

Tengo 44 años. Parece ser que con cada minuto que pasa el tiempo se escapa de mis manos con mayor velocidad. Aún puedo recordar las vacaciones del colegio cuando era un pequeño niño haciendo travesuras en la casa de mis papás. Eran eternas.

Al recordar otras etapas de mi vida como la adolescencia, mis 20s y mis 30s no me queda duda alguna de que cada una parece haber pasado más rápido que la anterior. La universidad pasó más rápido que secundaria que a su vez se fue más rápido que la primaria. Parece haber un patrón. Mientras la vida inevitablemente avanza, más rápido experimentamos el paso del tiempo.

Después de un poco de investigación no solo descubrí que mi percepción es correcta, también aprendí que este fenómeno no se detendrá y que cada minuto que pase, más rápido se irá. Como muchas otras cosas en la naturaleza, el fenómeno se puede explicar con un poco de matemática muy básica.

Conforme la vida de una persona avanza, las experiencias vividas se van acumulando como memorias y recuerdos en el cerebro. Mientras más tiempo está viva la persona, mayor es el contenido acumulado de recuerdos que tiene almacenados.

Imaginemos a un niño de 10 años de edad que experimenta 1 año de colegio (los 365 días completos). En ese momento, ese año representa un 10% ((1/10)100) de todo el tiempo que ha vivido. Ese año se experimenta como un tiempo muy largo. Es un 10% de la vida del niño.100) de mi vida. Con razón lo sentí tan rápido. Cuando cumpla 50 años, si sigo con vida, ese año representará solo 2% ((1/50)*100) del tiempo que llevaré vivo. Lo experimentaré aún más rápido que la experiencia que tuve hoy y que me invitó a escribir este post.

El tiempo no se detendrá y cada vez lo experimentaremos como más corto. Esto no quiere decidir que no nos podamos detener a estar más presentes con todo lo que pasa a nuestro alrededor. Esto no quiere decir que no podamos apreciar con toda la intensidad de nuestro ser cada segundo que nos queda por vivir.

Un experimento como ningún otro

Los científicos muchas veces quieren probar teorías que requieren experimentos de escalas muy grandes o que no son viables financieramente para poderse probar.

Hay experimentos que son tan osados que ni siquiera se le ocurrirían a los científicos más desquiciados. Hay ciertos elementos del mundo en que vivimos que simplemente no queremos cuestionar y jamás quisiéramos correr un experimento para encontrar otras maneras de operar.

¿Qué pasaría si nos diéramos permiso para hacer un experimento tan atrevido que seguramente fuera ilegal? 1) Probablemente nos arrestarían y 2) Obtendríamos resultados tan maravillosos que cambiarían nuestras vidas para siempre.

Y justamente es acá donde estamos hoy. Tenemos ese permiso. ¿Cuándo imaginaste qué tendrías permiso de trabajar desde tu casa durante 3 meses seguidos? ¿Algún día imaginaste que sabrías lo que es pasar tanto tiempo seguido comiendo saludable en casa? ¿Permiso para bajar el ritmo? Concedido. ¿Permiso para participar activamente en la educación de tus hijos todos los días? Hecho. Y así otro millón de cambios que tan solo unos meses atrás era inconcebible poder considerar.

Definitivamente que lo que estamos haciendo es viviendo un experimento como ningún otro en la historia. Aprovechemos.

La naturaleza de los eventos

La naturaleza no es justa ni injusta. Simplemente es. Los eventos tan solo suceden y la historia del mundo sigue su curso. Al mundo no le importan las intenciones de las personas o sus destinos. Entender esto es de vital importancia para poder tener una buena vida.

Hace unos días estaba observando el comportamiento de Fluffy, uno de los gatos que vive acá en mi casa. La verdad que no pude notar cambio alguno en su estado de ánimo o comportamiento. Sin embargo todos nosotros, los humanos de la casa, estábamos muy tristes por qué el hermano de Fluffy, había muerto.

¿Fue la muerte de Coco algo bueno o malo? ¿Algo trágico o maravilloso? Pues eso va a depender de la interpretación que cada quién —que tenga la capacidad de interpretar— le dé.

Obviamente Fluffy no está alterado por el suceso. El no está ni enterado de lo que sucedió —Coco vivía en la casa de mis suegros. Algo me dice que si de alguna manera pudiera percibir lo que sucedió, tampoco tendría mayor reacción.

Pero para todos nosotros ha sido duro despedir a Coco. Existe una sensación de pérdida e incluso de haber sido privados de algo. Se siente “injusto” que haya dejado este mundo terrenal.

Ahora, regresando a ver el comportamiento de Fluffy, queda muy claro que las emociones que estamos experimentando los “seres racionales” tienen que ver más con el significado personal que cada uno de nosotros le está dando a la partida de Coco que con el suceso en sí. Al final, los seres humanos eso es lo que hacemos: constantemente interpretar, en base a nuestras experiencias pasadas, todo lo que ocurre a nuestro alrededor y etiquetarlo como bueno o malo.

Todo lo que sucede en este mundo es impersonal y no ocurre a favor o en contra de nosotros. Comprender esto trae consigo una gran liberación emocional. Darnos cuenta que el mundo no está en nuestra contra es reconfortante —no existe un enemigo contra quién luchar. Reconocer que el mundo tampoco está a nuestro favor da una sensación de mayor autoestima cuando logramos algo —fue NUESTRO logro .

Los eventos son. No son ni buenos y malos. Esto de que sean buenos o malos lo determinamos los humanos y, más especifico aun, lo determinamos cada uno de nosotros.

¿Como vas a escoger interpretar lo que ocurre a tu alrededor el día de hoy?

Yo hoy escojo no experimentar resentimiento alguno y recordar con todo el cariño que tengo dentro de mi a Coco-R.

La lucha por tu vida

A menudo se piensa que “la vida” es algún tipo de plan que se debe desarrollar a muy largo plazo. Algo que tardará décadas para llegar o, peor aún, algo que ocurrió décadas atrás. Es de está confusión que nacen expresiones como “¿Qué voy a hacer con el resto de mi vida?” y “No estoy muy contento con la dirección que está tomando mi vida”.

Pero la vida no es más que la suma de las experiencias que se viven minuto a minuto. La vida es hoy, no es mañana ni tampoco fue ayer. Está justo frente a ti todo el tiempo. El problema es que la mayoría del tiempo estás demasiado distraído como para darte cuenta de todo lo que estás dejando ir en este preciso momento.

Esta distracción no tiene nada que ver con no tener tiempo externo. Si, yo sé, tengo que entregar este proyecto en el trabajo, tengo que cuidar a los niños y mi jefe me pidió que cubra a un compañero de trabajo. Una vez más, este no es el problema. El problema es la falta de tiempo interno. De la cantidad de tiempo que tiene tu mente libre para fijar su atención en como se está deslvonviaendo tu vida en cada instante.

Es posible estar muy ocupado y tener un millón de cosas que hacer y aún así estar presente en lo que se está viviendo. Al estar presente estás viviendo tu vida. Para estar presente debes liberar a tu mente para que se pueda enfocar en el ahora. De lo contrario, sólo estás pasando de paseo por este mundo.

La lucha por tu vida empieza por recuperar la maravilla de este momento. No tiene nada que ver con hacer grandes planes y querer que las cosas sean diametralmente opuestas a cómo son ahora en unos cuentos años.

La lucha por tu vida es aprender a callar tu mente para poder escuchar el momento. Es dejar de estar perdido en pensamientos —que usualmente son remordimientos acerca del pasado o ansiedades acerca del futuro— para poder vivir en calma hoy.

La lucha por tu vida es recobrar el control de como quieres experimentar todo lo que el mundo te quiere regalar. Es empezar a juzgar un poco menos y empezar a agradecer un poco más. Es estar en contacto contigo mismo. Es estar presente en este momento en lugar de estar perdido entre millones de deseos de que las cosas fueran diferentes a como son.

La lucha por tu vida es aprender a cerrar los ojos y dejar ir todos los apegos que tu mismo has construido y que no te dejan ser feliz. La lucha por tu vida empieza ahora…

Pensar

El mundo en el que vivimos es complejo, muy complejo. Incluso, nuestros sentidos no pueden capturar la inmensidad de cosas que están ocurriendo a nuestro alrededor. Por ejemplo, no podemos ver la luz infrarroja o escuchar las frecuencias de los silbatos para perros. Pareciera ser que estamos en desventaja pero no es así. Podemos pensar.

Pensar es una de las actividades más desgastantes que un ser humano puede hacer. Es realmente difícil y gasta mucha energía. Tanto así, que la evitamos lo más que podemos. Son muy pocos los momentos en que realmente enfocamos toda nuestra mente a pensar en algo que queremos entender.

Es tan difícil que hay industrias de millones de dólares que se han construido alrededor de ayudar a las personas a no pensar. “No leas el libro, acá está el resumen.” “No te preocupes por el plan de negocios de la empresa, esta herramienta lo genera en base a un modelo probado.” “Inscribete a este curso y soluciona tu vida personal en 2 semanas.” “Hazte millonario en un año con este revolucionario programa.”

Lo siento mucho pero las cosas no funcionan así. Agarremos el ejemplo de todos los cursos, talleres y libros que prometen ayudar a las personas a hacer mucho, mucho dinero. ¿Realmente creen que si las personas tuvieran los secretos que prometen de cómo hacer tanto dinero estarían usando su tiempo en venderles los cursos? Yo tampoco creo. Creo que si tuvieran las respuestas, las estarían aplicando y haciendo todo ese dinero ellos mismos.

No hay substituto para pensar. El éxito requiere determinación, inteligencia, trabajo duro y mucho pensamiento. Si queremos un mejor mundo es importante que aprendamos a pensar. Y una vez que aprendamos a pensar qué le enseñemos a otros a hacerlo también.

La mente es el regalo más grande que cada uno de nosotros tiene simplemente por el hecho de que es el órgano que nos permite pensar.

¿Qué tan poderoso es el pensamiento? Tan solo piensa con todas tus fuerzas en la comida favorita que comías en las casa de tus papás cuando eras pequeño. Acabas de viajar en el tiempo modificado tu realidad.

Ver a alguien hacia abajo

“Una persona solo debe vera a otra hacia abajo para ayudarle a levantarse.” Esta es una de las frases más célebres que nos regaló Gabriel García Márquez. Aunque no sé exactamente en donde la escribió, acabo de revisar en Internet y todo parece indicar que si es el quien la escribió. En caso que no haya sido él, me disculpo con al autor original.

En este punto le quiero pedir a cada uno de ustedes que se detenga y vuelva a leer detenidamente la frase. “Una persona solo debe vera a otra hacia abajo para ayudarle a levantarse.” Ahora les quiero pedir por lo menos 30 segundos de reflexión y que mediten sobre lo que significa esta frase para cada uno de ustedes.

Ahora que ya lo evaluaron un poco, les comparto que es lo que yo he estado reflexionando. Primero que nada me di cuenta que una de mis estrategias favoritas para sentirme valioso es comparándome con los demás y que muchas veces veo a alguien para abajo con él solo fin de sentirme superior.

Otras veces veo alguien para abajo —corrigiendo sus acciones o criticando sus resultados— para tratar de obtener algún beneficio para mi. Si you pude corregir su error, obtendré alguna recompensa o reconocimiento.

En muchas otras ocasiones —y realmente espero que sean la mayoría— genuinamente veo las caídas de los demás como una ocasión para ayudarles a volverse a levantar.

Haber leído hoy esa frase mas ver todo el atropello sin sentido que hay en redes sociales realmente me puso a pensar, ¿Cómo sería el mundo en que vivimos si todos usáramos esos señalamientos que hacemos a las faltas de los demás para poder ayudarles a mejorar?

Antes de querer emitir cualquier juicio pasé el día de hoy pensando primero en mi forma de ser. Me di cuenta que tengo mucho trabajo por hacer. Que frecuentemente utilizó las fallas y errores de los demás para sentirme superior u obtener un beneficio personal. No quiero seguir siendo ese tipo de persona y no me gusta hacer eso. Estoy dispuesto a cambiar.

Como bien lo dice Márquez, estaré dispuesto a criticar las fallas o errores de alguien más si, y sólo sí, estoy dispuesto a ayudar.

Espero que haber decidido publicar esto hoy lleve a más de alguien a ayudar y no solo emitir crítica tras crítica. Sé que el mundo lo necesita hoy más que nunca.

No hay nadie más

Hay una tarea de la que ninguno en el mundo puede escapar. Esa tarea es la de vivir nuestras propias vidas. Es una tarea que no se puede delegar y, por lo menos en vida, no se puede evadir.

Por momentos la tarea se puede poner extremadamente difícil y pueden dar ganas de renunciar. Vivir no es nada fácil pero siempre podemos encontrar consuelo en el hecho de que es de las pocas cosas que a todos nos toca hacer.

Sin embargo, todo este peso es en sí la recompensa más grande que hay. Vivir nuestras propias vidas nos permite encontrar quienes somos. Nos invita a profundizar y así poder encontrar nuestro camino. Vivir nuestras vidas nos diferencia de todos los demás, nos hace únicos. Cada uno de nosotros vive una vida particular.

Cada uno de nosotros es el héroe de su propia vida. Somos lo actores principales en la obra que escribimos todos los días. No hay nadie más que nos pueda sustituir, nadie más puede jugar nuestro papel.

En realidad es algo muy especial: ha todos se nos ha confiado algo que es imposible para alguien más poder hacer. Para bien o para mal, con respecto a vivir nuestras vidas, no hay nadie más.