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Categoría: reflexión

Un experimento como ningún otro

Los científicos muchas veces quieren probar teorías que requieren experimentos de escalas muy grandes o que no son viables financieramente para poderse probar.

Hay experimentos que son tan osados que ni siquiera se le ocurrirían a los científicos más desquiciados. Hay ciertos elementos del mundo en que vivimos que simplemente no queremos cuestionar y jamás quisiéramos correr un experimento para encontrar otras maneras de operar.

¿Qué pasaría si nos diéramos permiso para hacer un experimento tan atrevido que seguramente fuera ilegal? 1) Probablemente nos arrestarían y 2) Obtendríamos resultados tan maravillosos que cambiarían nuestras vidas para siempre.

Y justamente es acá donde estamos hoy. Tenemos ese permiso. ¿Cuándo imaginaste qué tendrías permiso de trabajar desde tu casa durante 3 meses seguidos? ¿Algún día imaginaste que sabrías lo que es pasar tanto tiempo seguido comiendo saludable en casa? ¿Permiso para bajar el ritmo? Concedido. ¿Permiso para participar activamente en la educación de tus hijos todos los días? Hecho. Y así otro millón de cambios que tan solo unos meses atrás era inconcebible poder considerar.

Definitivamente que lo que estamos haciendo es viviendo un experimento como ningún otro en la historia. Aprovechemos.

La naturaleza de los eventos

La naturaleza no es justa ni injusta. Simplemente es. Los eventos tan solo suceden y la historia del mundo sigue su curso. Al mundo no le importan las intenciones de las personas o sus destinos. Entender esto es de vital importancia para poder tener una buena vida.

Hace unos días estaba observando el comportamiento de Fluffy, uno de los gatos que vive acá en mi casa. La verdad que no pude notar cambio alguno en su estado de ánimo o comportamiento. Sin embargo todos nosotros, los humanos de la casa, estábamos muy tristes por qué el hermano de Fluffy, había muerto.

¿Fue la muerte de Coco algo bueno o malo? ¿Algo trágico o maravilloso? Pues eso va a depender de la interpretación que cada quién —que tenga la capacidad de interpretar— le dé.

Obviamente Fluffy no está alterado por el suceso. El no está ni enterado de lo que sucedió —Coco vivía en la casa de mis suegros. Algo me dice que si de alguna manera pudiera percibir lo que sucedió, tampoco tendría mayor reacción.

Pero para todos nosotros ha sido duro despedir a Coco. Existe una sensación de pérdida e incluso de haber sido privados de algo. Se siente “injusto” que haya dejado este mundo terrenal.

Ahora, regresando a ver el comportamiento de Fluffy, queda muy claro que las emociones que estamos experimentando los “seres racionales” tienen que ver más con el significado personal que cada uno de nosotros le está dando a la partida de Coco que con el suceso en sí. Al final, los seres humanos eso es lo que hacemos: constantemente interpretar, en base a nuestras experiencias pasadas, todo lo que ocurre a nuestro alrededor y etiquetarlo como bueno o malo.

Todo lo que sucede en este mundo es impersonal y no ocurre a favor o en contra de nosotros. Comprender esto trae consigo una gran liberación emocional. Darnos cuenta que el mundo no está en nuestra contra es reconfortante —no existe un enemigo contra quién luchar. Reconocer que el mundo tampoco está a nuestro favor da una sensación de mayor autoestima cuando logramos algo —fue NUESTRO logro .

Los eventos son. No son ni buenos y malos. Esto de que sean buenos o malos lo determinamos los humanos y, más especifico aun, lo determinamos cada uno de nosotros.

¿Como vas a escoger interpretar lo que ocurre a tu alrededor el día de hoy?

Yo hoy escojo no experimentar resentimiento alguno y recordar con todo el cariño que tengo dentro de mi a Coco-R.

La lucha por tu vida

A menudo se piensa que “la vida” es algún tipo de plan que se debe desarrollar a muy largo plazo. Algo que tardará décadas para llegar o, peor aún, algo que ocurrió décadas atrás. Es de está confusión que nacen expresiones como “¿Qué voy a hacer con el resto de mi vida?” y “No estoy muy contento con la dirección que está tomando mi vida”.

Pero la vida no es más que la suma de las experiencias que se viven minuto a minuto. La vida es hoy, no es mañana ni tampoco fue ayer. Está justo frente a ti todo el tiempo. El problema es que la mayoría del tiempo estás demasiado distraído como para darte cuenta de todo lo que estás dejando ir en este preciso momento.

Esta distracción no tiene nada que ver con no tener tiempo externo. Si, yo sé, tengo que entregar este proyecto en el trabajo, tengo que cuidar a los niños y mi jefe me pidió que cubra a un compañero de trabajo. Una vez más, este no es el problema. El problema es la falta de tiempo interno. De la cantidad de tiempo que tiene tu mente libre para fijar su atención en como se está deslvonviaendo tu vida en cada instante.

Es posible estar muy ocupado y tener un millón de cosas que hacer y aún así estar presente en lo que se está viviendo. Al estar presente estás viviendo tu vida. Para estar presente debes liberar a tu mente para que se pueda enfocar en el ahora. De lo contrario, sólo estás pasando de paseo por este mundo.

La lucha por tu vida empieza por recuperar la maravilla de este momento. No tiene nada que ver con hacer grandes planes y querer que las cosas sean diametralmente opuestas a cómo son ahora en unos cuentos años.

La lucha por tu vida es aprender a callar tu mente para poder escuchar el momento. Es dejar de estar perdido en pensamientos —que usualmente son remordimientos acerca del pasado o ansiedades acerca del futuro— para poder vivir en calma hoy.

La lucha por tu vida es recobrar el control de como quieres experimentar todo lo que el mundo te quiere regalar. Es empezar a juzgar un poco menos y empezar a agradecer un poco más. Es estar en contacto contigo mismo. Es estar presente en este momento en lugar de estar perdido entre millones de deseos de que las cosas fueran diferentes a como son.

La lucha por tu vida es aprender a cerrar los ojos y dejar ir todos los apegos que tu mismo has construido y que no te dejan ser feliz. La lucha por tu vida empieza ahora…

Pensar

El mundo en el que vivimos es complejo, muy complejo. Incluso, nuestros sentidos no pueden capturar la inmensidad de cosas que están ocurriendo a nuestro alrededor. Por ejemplo, no podemos ver la luz infrarroja o escuchar las frecuencias de los silbatos para perros. Pareciera ser que estamos en desventaja pero no es así. Podemos pensar.

Pensar es una de las actividades más desgastantes que un ser humano puede hacer. Es realmente difícil y gasta mucha energía. Tanto así, que la evitamos lo más que podemos. Son muy pocos los momentos en que realmente enfocamos toda nuestra mente a pensar en algo que queremos entender.

Es tan difícil que hay industrias de millones de dólares que se han construido alrededor de ayudar a las personas a no pensar. “No leas el libro, acá está el resumen.” “No te preocupes por el plan de negocios de la empresa, esta herramienta lo genera en base a un modelo probado.” “Inscribete a este curso y soluciona tu vida personal en 2 semanas.” “Hazte millonario en un año con este revolucionario programa.”

Lo siento mucho pero las cosas no funcionan así. Agarremos el ejemplo de todos los cursos, talleres y libros que prometen ayudar a las personas a hacer mucho, mucho dinero. ¿Realmente creen que si las personas tuvieran los secretos que prometen de cómo hacer tanto dinero estarían usando su tiempo en venderles los cursos? Yo tampoco creo. Creo que si tuvieran las respuestas, las estarían aplicando y haciendo todo ese dinero ellos mismos.

No hay substituto para pensar. El éxito requiere determinación, inteligencia, trabajo duro y mucho pensamiento. Si queremos un mejor mundo es importante que aprendamos a pensar. Y una vez que aprendamos a pensar qué le enseñemos a otros a hacerlo también.

La mente es el regalo más grande que cada uno de nosotros tiene simplemente por el hecho de que es el órgano que nos permite pensar.

¿Qué tan poderoso es el pensamiento? Tan solo piensa con todas tus fuerzas en la comida favorita que comías en las casa de tus papás cuando eras pequeño. Acabas de viajar en el tiempo modificado tu realidad.

Ver a alguien hacia abajo

“Una persona solo debe vera a otra hacia abajo para ayudarle a levantarse.” Esta es una de las frases más célebres que nos regaló Gabriel García Márquez. Aunque no sé exactamente en donde la escribió, acabo de revisar en Internet y todo parece indicar que si es el quien la escribió. En caso que no haya sido él, me disculpo con al autor original.

En este punto le quiero pedir a cada uno de ustedes que se detenga y vuelva a leer detenidamente la frase. “Una persona solo debe vera a otra hacia abajo para ayudarle a levantarse.” Ahora les quiero pedir por lo menos 30 segundos de reflexión y que mediten sobre lo que significa esta frase para cada uno de ustedes.

Ahora que ya lo evaluaron un poco, les comparto que es lo que yo he estado reflexionando. Primero que nada me di cuenta que una de mis estrategias favoritas para sentirme valioso es comparándome con los demás y que muchas veces veo a alguien para abajo con él solo fin de sentirme superior.

Otras veces veo alguien para abajo —corrigiendo sus acciones o criticando sus resultados— para tratar de obtener algún beneficio para mi. Si you pude corregir su error, obtendré alguna recompensa o reconocimiento.

En muchas otras ocasiones —y realmente espero que sean la mayoría— genuinamente veo las caídas de los demás como una ocasión para ayudarles a volverse a levantar.

Haber leído hoy esa frase mas ver todo el atropello sin sentido que hay en redes sociales realmente me puso a pensar, ¿Cómo sería el mundo en que vivimos si todos usáramos esos señalamientos que hacemos a las faltas de los demás para poder ayudarles a mejorar?

Antes de querer emitir cualquier juicio pasé el día de hoy pensando primero en mi forma de ser. Me di cuenta que tengo mucho trabajo por hacer. Que frecuentemente utilizó las fallas y errores de los demás para sentirme superior u obtener un beneficio personal. No quiero seguir siendo ese tipo de persona y no me gusta hacer eso. Estoy dispuesto a cambiar.

Como bien lo dice Márquez, estaré dispuesto a criticar las fallas o errores de alguien más si, y sólo sí, estoy dispuesto a ayudar.

Espero que haber decidido publicar esto hoy lleve a más de alguien a ayudar y no solo emitir crítica tras crítica. Sé que el mundo lo necesita hoy más que nunca.

No hay nadie más

Hay una tarea de la que ninguno en el mundo puede escapar. Esa tarea es la de vivir nuestras propias vidas. Es una tarea que no se puede delegar y, por lo menos en vida, no se puede evadir.

Por momentos la tarea se puede poner extremadamente difícil y pueden dar ganas de renunciar. Vivir no es nada fácil pero siempre podemos encontrar consuelo en el hecho de que es de las pocas cosas que a todos nos toca hacer.

Sin embargo, todo este peso es en sí la recompensa más grande que hay. Vivir nuestras propias vidas nos permite encontrar quienes somos. Nos invita a profundizar y así poder encontrar nuestro camino. Vivir nuestras vidas nos diferencia de todos los demás, nos hace únicos. Cada uno de nosotros vive una vida particular.

Cada uno de nosotros es el héroe de su propia vida. Somos lo actores principales en la obra que escribimos todos los días. No hay nadie más que nos pueda sustituir, nadie más puede jugar nuestro papel.

En realidad es algo muy especial: ha todos se nos ha confiado algo que es imposible para alguien más poder hacer. Para bien o para mal, con respecto a vivir nuestras vidas, no hay nadie más.

No querer perder

No querer perder es muy diferente a querer ganar. El primero se alimenta con miedo, el segundo se fortalece con la motivación. No querer perder es buscar evitar el fracaso. Querer ganar es luchar por alcanzar el éxito.

Es cierto, la cultura en la que crecemos y muchas de las enseñanzas que recibimos desde pequeños nos condicionan actuar por miedo —si no sacas buenas notas estás castigado— y pronto olvidamos lo que se siente motivarnos con grandes retos y buscar nuestro propio éxito. Nos acostumbramos a no querer perder.

Pero no querer perder nos vende cortos. Aunque actuar por miedo es efectivo también desgasta, frustra y de cierta manera busca tan solo hacer el mínimo esfuerzo para “sentirnos seguros”. Esta no es forma de vivir.

Y es por eso que hoy escribo esto. Guatemala necesita que dejemos de jugar a la defensiva. Necesita que nos dejemos de limitar a tan solo no querer perder. Guatemala necesita que empecemos a querer ganar. Ganar con nuestras familias y ganar con nuestras empresas. Qué busquemos el éxito y un mejor país. Que no pongamos nuestras miras en simplemente llevar las cosas a cómo eran antes sino que trabajemos de manera creativa e incansable para construir un futuro 10 veces mejor que lo que cualquier de nosotros pudiera imaginar.

Al ataque!!!!

Tentación

Tanto en los negocios como en la vida, la tentación está siempre presente. Algunas veces más a plena vista y otras veces un poco más escondida. Cuando la tentación es obvia es más fácil de evadir. El verdadero peligro de caer se da cuando la tentación es escondida.

Los caminos fáciles son los escondites preferidos de la tentación. Piénsenlo, no hay nada más tentador que poder tomar un atajo. Esa solución fácil a un problema complejo. Aquellas estrategias que parecieran no requerir de mayor esfuerzo y que se pueden ejecutar en corto tiempo sin correr riesgo alguno. Debemos estar siempre alertas. Especialmente en tiempos difíciles como los que estamos viviendo hoy.

La mente es muy hábil y traicionera a la vez. En los momentos más importantes de la vida —aquellos en los cuales se deben tomar las decisiones más difíciles— la tentación de tomar el camino fácil estará siempre presente. Y no solo estará presente, realmente parecerá el mejor camino a seguir. Cuidado con las historias que te contarás para racionalizar tomar el camino fácil. ¿Cómo puedes estar seguro de que estás decidiendo lo que es mejor y no lo que resulta más cómodo?

La tentación siempre nos estará poniendo a prueba. Podrá a prueba nuestros instintos, nuestras emociones y nuestros pensamientos. La única manera de poder vencerla es conocernos muy a fondo y poder reconocer —con mucha honestidad interior— por qué vamos hacer lo que estamos a punto de hacer.

No seas burro, hay tiempo

Y cuenta una antigua fábula la historia de un burro que pasa varios días perdido. Muy asustado finalmente llega muriendo de hambre y sed a una granja ubicada en en una preciosa pradera, al lado de una colina.

Por alguna extraña razón o, una gran casualidad del universo, no había nadie en la granja. Estaba atardeciendo y probablemente la familia que vivía en la granja aún estaba terminando de trabajar el campo. Había un profundo silencio y una tranquilidad que calmo a nuestro amigo el burro. Justo al lado del granero, gracias a los últimos rayos del sol, el burro logró ver una montaña de heno justo al lado de una pileta de agua. “No moriré”, se dijo el burro lleno de felicidad. “Hay agua y comida para poderme reponer”.

Con mucha cautela, el burro camino por toda la orilla del granero hasta llegar a donde estaba la comida y la bebida. Se posicionó justo en medio del heno y de la pileta de agua fresca. Su emoción era incontenible. Había ansiedad en cada parte de su cuerpo y no podía dejar de temblar. Miraba el heno a su izquierda y el agua a su derecha. “No los puedo alcanzar, están muy lejos”, se decía el burro repetidamente mientras su mirada no podía dejar de brincar entre el heno y el agua.

El sol terminó de caer y el burro seguía sin poder alcanzar ni el agua ni la comida. Su cabeza seguía girando de un lado al otro. Pasó así toda la noche y justo antes de amanecer, después de varios días de estar perdido y una larga noche de indecisión, el burro murió entre el heno y la pileta de agua.

Si nuestro amigo el burro hubiera entendido que tenía tiempo hubiera podido comer primero y tomar agua después.

Profundo versus amplio

En los últimos meses he leído bastante más de lo normal. He subido mi promedio de un libro al mes a cuatro. Un nuevo hábito muy poderoso ha nacido. Ahora, ¿qué hacer con él?

Cada 7 u 8 días me estoy encontrando con la decisión de “¿que leer ahora?”. ¿Busco un autor nuevo? ¿Leo algo nuevo de un autor que ya conozco? ¿Exploro un tema totalmente nuevo? ¿Vuelvo a leer un libro que ya leí anteriormente? Debo confesar, siento algo de ansiedad ante este proceso.

Creo que la especialización y el dominio profundo de un tema son muy valiosos. Entender algo a fondo abre un sin fin de posibilidades. También reconozco que la diversidad de conocimiento y la aplicación de múltiples disciplinas a un problema dan muy buenos resultados y son una de las puertas más directas a la innovación.

Por el otro lado, consistentemente ver el mundo a través de el mismo lente y desde el mismo punto de vista puede resultar muy limitante. Crea sesgos cognitivos muy fuertes y fortalece las creencias limitantes sobre los paradigmas que se tienen arraigados.

También, estar disperso tiene sus propias desventajas. No permite conocer los conceptos de raíz y poder entender cuál es la mejor manera de aplicarlos en una situación determinada. Como se hace evidente, nada en este mundo es perfecto. ¿Qué hacer?

No creo que haya una respuesta directa. Tampoco quiero caer en la tradicional respuesta ambigua de “depende”. Lo que si sé es que lo mejor que se puede hacer es escuchar. ¿A quién? A nosotros mismos.

Este dilema de profundo versus amplio no solo existe cuando se quiere adquirir nuevo conocimiento o seleccionar el siguiente libro que se quiere leer. Realmente está presente en todos los aspectos de la vida humana. No lo podemos escapar. Está en nuestras relaciones (paso todo el tiempo con un solo amigo versus tengo miles de amigos que apenas conozco), en el trabajo (paso 100% de mi tiempo haciendo una sola cosa o ando brincando de oportunidad en oportunidad), en la familia (un caso muy similar al de los amigos), hobbies (descuido áreas importantes de mi vida por estar solo enfocado en mi hobby o no le dedico nada de tiempo a ninguna actividad que me permita crecer), etc.

La vida constantemente nos presenta dificultades y oportunidades. Decisiones a tomar. La decisión de profundizar o ampliar siempre es muy importante. Hay que tenerla siempre presente.

Para actuar bien, antes hay que saber escuchar. Para saber si profundizar o ampliar no hay más formula que entender cada situación y estar presente con lo que está ocurriendo y hacia dónde se quiere ir. No se puede evitar esta decisión. Acéptala y escoge sabiamente, cada vez.